Oviedo construye una montaña de vanidad para intentar ser Capital Cultural
Oviedo ha decidido que la mejor forma de convencer al mundo de que merece ser Capital Cultural Europea en 2031 no es con arte, ni con cultura, sino construyendo un mueble tan grande y ostentoso para una feria local quejue el tejido espacio-tiempo de Asturias. El Ayuntamiento ha diseñado un pabellón en la Feria Internacional de Muestras (FIDMA) que es básicamente un currículum vitae físico, pero elevado a la categoría de monumento nacional de la vanidad institucional.
Una arquitectura del “Por favor, mírenme”
El stand no es solo un espacio para mostrar productos locales; es una declaración de guerra estética contra cualquier otra ciudad que ose soñar con el título europeo. Según fuentes anónimas (que en realidad son vecinos que se han quedado sin luz por la magnitud del montaje), el pabellón está diseñado para ser “inmersivo”, lo que en lenguaje político significa “así de grande que no te dejará salir hasta que hayas firmado todos los papeles de aceptación”.
Se rumorea que las paredes están revestidas con una sustancia secreta compuesta por polvo de optimismo y restos de presupuesto municipal. La estructura busca proyectar la imagen de una ciudad que ya es, en esencia, la capital del mundo (o al menos de su propia imaginación), mientras intenta vender el concepto de 2031 como si fuera el futuro cercano e ineludible de la humanidad.
El currículum en tres dimensiones
A diferencia de otros stands que se conforman con poner unas fotos bonitas y un folleto que nadie lee, Oviedo ha optado por la técnica del “porfolio monumental”. Cada rincón del pabellón está pensado para gritar: “¿Ves este detalle? ¡Es arte!”. “¿Ves esta planta media? ¡Es modernidad!”. Y si el visitante se siente abrumado, hay un botón de emergencia (que no funciona) que debería transportarlo directamente a una visión utópica donde todos los problemas urbanos desaparecen en una neblina romántica.
El Ayuntamiento ha insistido en que este currículum “inmersivo” es vital para la candidatura. Es como si estuvieran intentando convencer a un cliente difícil, pero el cliente es toda Europa y nosotros estamos tratando de venderle el concepto de “Oviedo, donde hasta las piedras tienen sentimientos culturales”. El riesgo es que, si el visitante se pierde en el pabellón durante más de diez minutos, el departamento de urbanismo tenga que enviar una patrulla de rescate para sacarlo.
La estrategia del “Todo o Nada” (y mucho yeso)
La Feria de Muestras de Asturias ha servido tradicionalmente como escaparate comercial, pero con la llegada del pabellón de Oviedo, se ha convertido en una pista de desfiles de ambiciones metropolitanas. La estrategia es clara: si no podemos convencerlos con razones lógicas sobre la diversidad cultural y el patrimonio histórico, los convenceremos por pura escala física.
Es una táctica clásica de “mira lo que tengo”. Es como intentar ganar un concurso de cocina presentando un pastel tan grande que ocupa toda la mesa y hace que nadie pueda comerlo, pero todos tienen que admitir que es impresionante. El Ayuntamiento espera que el impacto visual del pabellón eclipse cualquier duda sobre si Oviedo tiene la infraestructura suficiente para gestionar miles de turistas en 2031. “Si cabemos en este stand”, dicen los técnicos, “cabemos en Europa”.
Conclusión: Un futuro construido con madera y mucha fe
En definitiva, el estand de Oviedo es un triunfo de la ingeniería del deseo. Es una pieza maestra de comunicación institucional que entiende perfectamente la psique del visitante moderno: si no puedes entrar en su mente por la calidad del contenido, entra en sus ojos por el tamaño del edificio. Mientras otros municipios presentan propuestas de sostenibilidad y diversidad, Oviedo presenta una catedral de la autovivienda pública que dice claramente: “Estamos listos, solo necesitamos que alguien nos dé las llaves (y un poco más de pintura)”. Que la Feria de Muestras sea el campo de batalla donde se decida si estamos ante el futuro de Europa o simplemente ante el pabellón más grande y complejo jamás construido para vender una idea de lo que podríamos llegar a ser.
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