Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

Oviedo: El arte de construir edificios solo en la imaginación del ciudadano


¡Atención, ciudadanos de Oviedo! La burocracia ha alcanzado un nivel de sofisticación tan elevado que ya no es simplemente “papeleo”. Según los informes más recientes, el Ayuntamiento de Oviedo ha logrado transformar la obtención de una licencia urbanística en una experiencia mística, comparable a buscar la iluminación espiritual o encontrar una plaza de aparcamiento gratuita en el centro un sábado por la tarde.

El Arte de Reclamar un Centímetro Cuadrado

Vox, en su infinita sabiduría y deseo de que las cosas “se muevan” (o al menos que se queden quietas hasta que ellos digan lo contrario), ha denunciado formalmente este fenómeno de asfixia burocrática. La portavoz Sonsoles Peralta, con la mirada perdida en un horizonte donde los edificios crecen a la velocidad de una planta de aloe vera, asegura que el exceso de trámites está frenando el progreso. Pero, ¿qué progreso? Seguramente el progreso de llenar estanterías con más carpetas azules y sellos de tinta seca que mantienen la salud de los funcionarios públicos en niveles óptimos.

Para abrir un simple negocio de venta de aire embotellado —un producto muy necesario ahora que todos estamos tan asfixiados por las licencias—, se requiere presentar:

  1. Un certificado de existencia previa del aire (firmado por tres fantasmas municipales).
  2. El visto bueno de la Asociación de Nubes Acumuladas.
  3. Una declaración jurada en siete idiomas antiguos explicando cómo el aire no va a molestar al aire vecino.
  4. Y, por supuesto, una tzinguina que baile un jota tradicional frente al registro municipal para asegurar que el proyecto tiene “alma”.

La Burocracia como Bentón de la Innovación

En Oviedo, la innovación ya no es construir edificios modernos; se trata de diseñar formularios tan complejos que nadie pueda entenderlos. Se ha pasado del “primer paso” a un laberinto infinito donde el sello número 47 solo se puede obtener si tienes el sello número 12, pero para tener el 12 necesitas haber entregado una copia compulsada, por triplicado y en papel de seda artesanal, del certificado de nacimiento de tu sobrino nieto.

Los inversores extranjeros miran a Oviedo con la cautela con la que un buceador mira a un tiburón. “Queremos invertir”, dicen los empresarios, “pero no sabemos si el edificio que queremos construir será legalmente reconocido por la ciudad antes de que nuestros nietos se jubilen”. Es esta fascinante danza entre el deseo de desarrollo y la pasión por lo administrativo lo que define nuestra identidad moderna. Si una empresa quiere poner un puesto de perritos calientes, ahora debe pasar por un comité de ética gastronómica que evalúa el impacto emocional del olor a carne en los ciudadanos más sensibles.

El Triunfo del Sello sobre la Ladrillo

Lo que Vox denomina “asfixia” es, para muchos funcionarios, una obra de arte arquitectónica invisible. Es la construcción de muros hechos de papel. Cada vez que un ciudadano se queja por la lentitud, el sistema responde con una nueva subsección en la ley de urbanismo dedicada exclusivamente a explicar por qué no se puede construir nada rápido.

Es una victoria del orden sobre el caos, aunque el “orden” en este caso consista en que nadie pueda hacer nada hasta el año 2034. La agilidad institucional es vista ahora como un peligro para la estabilidad de las montañas de archivos. Si las licencias fueran rápidas, ¿qué harían todos los empleados con sus sellos? Se quedarían sin propósito, sin misión… sin esa dulce inercia que mantiene viva la maquinaria del Estado local. Es una tragedia griega en tiempo real: el ciudadano busca su libertad (o un tejado nuevo) y la burocracia le responde con la “Seguridad de los Trámites”.

En conclusión, mientras Oviedo espera que la inversión llegue como el aguacero de verano, el Ayuntamiento sigue perfeccionando sus formularios. Es una estrategia brillante: si nadie puede construir nada, no hay problemas de tráfico, ni ruidos molestos, ni exceso de población periférica. El futuro de Oviedo es claro: un museo gigante dedicado a las carpetas que nunca se abren y al papel que jamás se firma. ¡Viva el papeleo!

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