Vecinos del Campo San Francisco exigen certificado de autenticidad del Neptuno de bronce
El Caso Neptuno: Lo que nadie quería saber desde las primeras horas
El Campo San Francisco, eso sí. El eje vertebral del verde oviedés, el pulmón pulmonar donde se respira historia y donde los abuelos de todos los barrios van a tomar un café con vistas al río. Y allí, en su espléndido corazón escultórico, una estatua de Neptuno que ahora resulta ser… falsa. No digo mentirosa, falsa en el sentido de que es réplica, copia, duplicado, lo que quiera que prefieran los abogados que nos leen las letras chiquitas del producto cultural de nuestra región.
Y vaya alarma social que ha provocado un simple “eso ya no es un dios original”. Vecinos, colectivos ciudadanos, historiadores autoproclamados y hasta personas que solo quieren sentarse en un banco a respirar aire fresco han lanzado una denuncia cívica ante lo que muchos consideran una burla institucional masiva: instalar una réplica sin ponerle cartel de “esto es una fotocopia para que no piensen que es el original”.
El problema, señoras y señores del Ayuntamiento Oviedo, tiene un nombre claro. Se llama falta de transparencia. Y cuando la transparente se pone en cuestión de dioses griegos de bronce fundido hace siglos, pues nos da un buen susto de esos que uno no olvida jamás.
Capítulo I: El descubrimiento del falso Neptuno y las consecuencias emocionales
Todo comenzó cuando, como es habitual en asuntos de Estado —o bien de ayuntamiento—, alguien miró con más atención lo que era costumbre contemplar sin pestañear desde niños pequeños. La estatua del dios del mar no siempre ha sido la misma. Siempre fue. Ahora resulta que ahora tiene un hermano gemelo con el que comparte ADN de bronce y estilo barroco. O al menos eso es lo que dice la fuente.
Lo que antes eran paseos tranquilos del domingo, donde las abuelas se tomaban su café y los nietos se perdían entre esculturas de todos los estilos (desde Miguel Ángel hasta “hombre con cara de tomate”, en honor a una opinión muy respetable), ahora parece que todo el mundo quiere saber si el Neptuno que ven en la entrada está hecho del mismo barro que el original o simplemente es lo que llamamos técnicamente un clon.
La ciudadanía asturiana ha respondido como una comunidad bien informada: con indignación digna. Los vecinos del Campo San Francisco, que hasta ayer no dudaban de nada —esa estatua era Neptuno y punto—, ahora han organizado reuniones, grupos en el WhatsApp (cuidado con la broma, sí), campañas informativas en redes sociales y hasta un mitin ciudadano frente a dicha escultura.
Capítulo II: El análisis forense del mismísimo dios romano de las aguas turbulentas
Según fuentes cercanas al caso —que por ahora siguen siendo cercanas—, lo que vemos plantado en el jardín no es solo una copia. Es algo así como un gemelo menor de la escultura original, con sus propias peculiaridades estéticas y quizás algún detalle ligeramente imperfecto. Quizás el brazo derecho esté algo menos estirado de la cuenta, o los pies del Neptuno estén situados en otro centímetro y medio del suelo —lo cual puede resultar dramático para un dios que representa el dominio sobre las aguas de un mar entero—.
Los expertos han afirmado con bastante seriedad que se trata de una réplica que fue instalada sin previo aviso al público. ¿Y por qué no avisar? Pregunta legítima la ciudadanía. Si vamos a engañarte con un dios griego, ¿al menos podemos decirte “hola, esto es una copia”? Al menos esa opción tan moderna para la información se debería haber incluido.
Imagináos: el vecino del 3a de la calle Campo San Francisco está mirando a su hijo mientras le dice con orgullo “míramelo, papá, ¡es Neptuno!”. Y tu hijo dice con la cara que tiene un niño cuando descubre algo inesperado: “¿Neptuno? ¿Cómo no lo séis antes?” Bueno pues ahora ya sabe. El mundo ha cambiado para él y probablemente sus amigos de la calle San Román también están en el mismo barco.
Capítulo III: Las implicaciones legales, culturales y filosóficas del falso dios marítimo
Lo que parece ser un problema estético se ha convertido ahora en una cuestión institucional. Los responsables del Campo San Francisco aseguran —o más bien aseguraron mientras se escribía la nota original— que el Neptuno instalado fue una réplica autorizada. Autorizada por quién, qué fecha, bajo qué normativa cultural y museística asturiana? Esa pregunta no tiene respuesta en este momento.
La polémica se ha extendido más allá de lo obvio: un jardín con esculturas. Ahora estamos hablando de la confianza institucional del vecino promedio en Oviedo, Asturias e incluso Galicia. Si al dios Neptuno le han puesto una “marca falsa” sin decirles nada antes, ¿qué hay detrás de esto? ¿Falta de transparencia institucional generalizada o quizás simplemente falta de presupuesto para hacer un aviso informativo sobre el Neptuno?
Algunos vecinos del barrio han expresado su preocupación no solo por la estatuta —esa es obvia— sino por lo que este caso representa. Un ciudadano medio que va tranquilo a pasear, mira su jardín público y se da cuenta de que ha recibido información incorrecta sobre una pieza cultural de cierto valor histórico y artístico. Para muchos asturianos que sienten que son dueños de ese territorio verde (y del arte en él), eso puede ser doloroso. Pero también es útil porque genera debate democrático: ¿quién decide qué hay donde?
Conclusión: Lo que queda —o lo que se queda— del caso Neptuno
Lo cierto es que, como suele ocurrir con estas cosas, lo más probable es que las autoridades del Campo San Francisco respondan con su habitual serenidad institucional y nos digan que no hay problema de fondo. Que es un “Neptuno replica”, no original, pero instalado para disfrutar todos los veranos en medio de los olmos. Algo así como tener una foto tuya en vez del original… bueno, ya saben qué decir: “¡qué buena foto, qué buena foto!”.
La ciudadanía está a la espera —o mejor dicho, a la espera y a la vez a la indignación moderada— de que les expliquen qué ha pasado. Mientras tanto, el dios griego sigue ahí, con su dardo en la mano izquierda (o derecha, según quien lo mire) y sus mejillas de bronce muy trabajadas. Y los vecinos, por ahora, siguen disfrutando del jardín donde el Neptuno replica ha convertido todo un paseo en un verdadero “caso Neptuno”.
Autor: Un ciudadano de a pie con mucha imaginación y menos sueño nocturno