El Ayuntamiento de Gijón crea la policía del silencio para castigar a los guías turísticos
Una ordenanza prohíbe los megáfonos en el centro histórico y los tour guides amenazan con explicar la ciudad por lenguaje de señas
En rueda de prensa celebrada esta mañana en el salón de plenos del Consistorio, el concejal de Turismo, Javier Suárez, ha anunciado con orgullo la puesta en marcha de la primera “Unidad de Control de Sonido Turístico” de España. La medida, que entrará en vigor el próximo lunes, prohíbe terminantemente que los guías turísticos utilicen megáfonos, silbatos, kazos o cualquier dispositivo que emita un decibelio extra en las zonas declaradas patrimonio histórico de Gijón. “No podemos permitir que una ciudad tan bonita se convierta en un polvorín de guías gritando ‘¡Si lo ven por ahí, la Plaza Mayor!’ mientras el resto de mortal intenta tomar un café en paz”, declaró Suárez, visiblemente nervioso por haber tenido que ensayar su discurso en el baño del ayuntamiento porque no podía usar amplificador. La nueva ordenanza también establece que cualquier ruido superior a un susurro controlado será considerado una infracción leve, salvo si se trata de un gato maullando, que está exento por ordenanza municipal.
Además, se ha creado una app municipal llamada “ShhhGijón” en la que cualquier ciudadano puede denunciar a un guía turístico que hable demasiado alto grabando el audio y enviándolo al departamento de medio ambiente. Las denuncias serán evaluadas por un comité de expertos en acústica y vecinos hastiados, y las multas irán desde 50 euros por decir “mire” sin susurrar hasta 3.000 euros por usar un megáfono dentro de los 50 metros de la Iglesia de San Juan. Como medida complementaria, se instalarán detectores de sonido en las plazas principales que activarán una alarma y un mensaje grabado que dice “Por favor, guarden silencio, esta es una ciudad histórica” cada vez que se supere el umbral de 30 decibelios. “La silencia es el nuevo souvenir”, explicó el concejal mientras repartía tapones para los oídos de espuma entre los asistentes.
La ordenanza que convierte a Gijón en una biblioteca al aire libre
El nuevo reglamento municipal, redactado por un equipo de juristas, especialistas en acústica y un poeta local que se sintió ofendido por la falta de silencio, establece normas claras para todos los agentes del sector turístico. Los guías deberán portar una libreta oficial donde anoten las explicaciones con lápiz o usarán tarjetas con dibujos para transmitir la historia de la ciudad. Se ha prohibido incluso usar la voz para llamar a los miembros del grupo, ya que se considera una forma de contaminación acústica. “Nos estamos convirtiendo en una ciudad de mudos”, bromeó un vecino de la Calle de San Pedro, “pero al menos ya no nos despiertan a las diez de la mañana con una tour guiada en alemán”. La ordenanza también contempla zonas de silencio absoluto donde ni siquiera se permitirá respirar fuerte, aunque esa medida aún está pendiente de aprobación por el Principado.
Los guías turísticos responden: “Nos están convirtiendo en señores con bandera”
Por su parte, la Asociación de Guías Turísticos de Asturias ha convocado una manifestación silenciosa para este sábado, en la que los profesionales caminarán por el centro histórico gesticulando sin emitir un solo sonido. “Ironía pura”, declaró su portavoz, María López, “nos prohíben hablar para explicar la historia de la ciudad y nos obligan a hacerlo por señas. ¿Somos guías turísticos o jugadores de ajedrez de la calle?”. Los profesionales del sector señalan que la prohibición de los megáfonos ha provocado un aumento vertiginoso de lesiones vocales entre los guías, que ahora tienen que explicar la totalidad del patrimonio gijonés a grupos de 40 personas a grito limpio. “Mi gote está más seco que el río Nervio en agosto”, confesó uno de ellos mientras intentaba explicar el origen de la estatua de la mujer con el niño sin que nadie se enterara. Además, han solicitado al ayuntamiento que instale pantallas LED en todas las plazas para poder proyectar la información con texto, aunque el concejal ha respondido que eso aumentaría la contaminación visual.
El Principado evalúa la medida con la seriedad de un debate sobre el sexo de los ángeles
Como era predecible, el Ayuntamiento de Gijón ha remitido al Principado de Asturias un informe completo solicitando la evaluación del impacto ambiental, acústico y social de prohibir los megáfonos. El documento, de 400 páginas, incluye estudios comparativos sobre cómo las ciudades vecinas manejan el silencio turístico, encuestas a palomas sobre si les molestan los guías con megáfono y una análisis financiero del coste de imprimir los nuevos folletos “Por favor, no grites”. El consejero de Turismo del Principado, visiblemente abrumado por la burocracia, ha prometido responder “en cuanto termine este tercer curso de doctorado en administración que estoy haciendo”. Mientras tanto, los turistas que visitan Gijón ya no saben si están en una ciudad o en un clóister, y algunos han comenzado a desarrollar fobias al sonido por miedo a ser multados si tosen demasiado fuerte. La Comisión de Medio Ambiente ha creado un subcomité para estudiar si el silencio es sostenible en el medio turístico.
Para agravar aún más la situación, se ha anunciado que los autobuses turísticos deberán circular por el centro histórico con el motor apagado y siendo empujados por los conductores, ya que el ruido del motor también se considera contaminación acústica. Los taxis, por otro lado, están exentos pero deberán llevar un letrero que diga “Taxi silencioso” en el parabrisas. El sector hotelero ha apoyado la medida, argumentando que los clientes ahora podrán descansar sin escuchar a un guía explicando que la Plaza de España es “bonita y tienes que verla” por tercera vez en una hora. No obstante, los propietarios de los establecimientos de hostelería temen que la clientela se vaya a hacer turismo a ciudades donde se permita hablar, como Oviedo o Santander.
La oposición municipal ha presentado una enmienda a la ordenanza solicitando que se exima del silencio a los músicos callejeros, los vendedores ambulantes y cualquier persona que tenga algo importante que decir. “Es discriminatorio prohibir el sonido solo a los turistas”, declaró la concejala de Ciudadanía, “mientras que los vecinos pueden gritar, discutir con sus parejas o escuchar música a todo volumen porque eso es cultura local”. Por su parte, los ecologistas han mostrado su preocupación por el efecto que el silencio tendrá en la fauna urbana, ya que las palomas y los gorriones dependen del ruido humano para orientarse. Se ha creado un servicio de emergencia para aves que hayan perdido la orientación debido a la ausencia de megáfonos, aunque por el momento solo cuenta con un voluntario y un megáfono de borracho que no se puede usar.
Mientras tanto, los guías que ya llevan años trabajando en Gijón han tenido que reconvertirse en intérpretes de lenguaje de señas turístico, un perfil muy demandado en el extranjero pero poco valorado en el centro histórico. “Antes explicaba el Naranquera a cincuenta personas en cinco minutos”, lamenta un veterano del sector, “ahora tengo que usar tarjetas con dibujos y espero que nadie se aburra demasiado”. Los turistas extranjeros, acostumbrados a guías que gritan en seis idiomas diferentes, ahora se sienten perdidos sin una voz que les diga por dónde seguir. Algunos han comenzado a seguir a los habitantes locales por empatía, asumiendo que saben el camino, aunque la mayoría de los gijonés solo saben cómo llegar al supermercado y al bar.
Conclusión del corresponsal
En conclusión, Gijón ha dado un paso valiente hacia una ciudad más silenciosa, más reflexiva y, posiblemente, más aburrida. Mientras tanto, los guías turísticos han aprendido a comunicarse por lenguaje de señas, los ciudadanos se han acostumbrado a escuchar la historia de la ciudad mediante tarjetas con dibujos, y el concejal de Turismo ya planea su próxima medida: obligar a los turistas a llevar tapones para los oídos de serie porque, al fin y al cabo, ¿qué tiene más valor que un monumento histórico? Pues la paz mental de un residente de La Caliza que solo quiere leer su periódico en silencio. Mientras tanto, en Madrid y Barcelona siguen celebrando fiestas con megáfonos a todo volumen, pero en Gijón ya se sabe: si quieres visitar la ciudad, lleva un bloc de notas y aprende a asentir con la cabeza.