¡Épico! Libreros gijoneses atraviesan el mar a nado para no tener que leer en seco
En un giro de los acontecimientos que ya estaba siendo previsto por las corrientes marinas y el destino mismo, la Semana Negra de Gijón ha alcanzado su clímax más absurdo hasta la fecha. Un grupo de entusiastas de la literatura no solo decidió leer libros en la playa, sino que decidió que el mejor lugar para hacerlo era bajo el agua, realizando una épica travesía a nado desde San Lorenzo hasta el Arbeyal. Pero aquí está el detalle: no nadaron buscando perlas ni tesoros perdidos, ¡nadaron para evitar tener que abrir las páginas de novelas húmedas!
El Gran Desafío del “Libro Sumergible”
El evento, liderado por los férreos (y probablemente muy mojados) libreros Rafa Gutiérrez y Oriol Díez, ha sido bautizado internamente como el “Torneo Intergaláctico de Lectura en Hipoxia Literaria”. Los participantes, que inicialmente planeaban una sesión tranquila de lectura en la arena, se dieron cuenta de que el brillo del sol sobre las páginas era demasiado fotogénico y decidieron trasladar su intelecto al fondo del Cantábrico.
Según fuentes anónimas (que probablemente estaban demasiado cansadas para declarar sus identidades), los nadadores llevaban consigo estuches impermeables que contenían clásicos de la literatura universal, aunque muchos admiten que terminaron leyendo exclusivamente las contraportadas debido a la resistencia hidrodinámica de los libros físicos. “Es una cuestión de compromiso”, afirmó uno de los organizadores mientras intentaba sacarse la arena del pelo y el agua de los ojos. “Si no puedes disfrutar de un buen capítulo en seco, ¿realmente estás disfrutando de la literatura?”.
Datos Absurdos de la Travesía
Para dejar constancia de este hito histórico para Gijón, se han recopilado los siguientes datos técnicos del evento:
- Velocidad promedio de lectura: 0.5 palabras por segundo (debido a la dificultad de mantener el equilibrio mientras se intenta descifrar una metáfora existencialista).
- Nivel de humedad del papel: 98%, lo que ha provocado que tres novelas de García Márquez se hayan convertido automáticamente en “novelas de acuarela”.
- Cantidad de salina ingerida por los participantes: Aproximadamente el equivalente a tres litros de zumo de arándano, pero con un sabor mucho más marino.
- Número de veces que alguien dijo “¿Qué dice aquí?”: 473 veces exactas, repartidas entre las dos horas de travesía.
- Impacto en la fauna marina: Los peces locales han reportado sentirse confundidos al ver a humanos intentando “procesar” textos literarios mientras flotan como botes sin motor.
El Futuro de la Lectura Marina
La noticia ha generado un柯里 (un efecto dominó) de interés por parte de las autoridades locales, que están barajando la posibilidad de convertir esta travesía en una competición anual oficial. Se planea que el próximo año los nadadores no solo lleven libros, sino también máquinas de café sumergibles y mesas de mármol para asegurar que la experiencia de lectura sea óptima, incluso a -10 metros de profundidad.
Los puristas de la lectura tradicional están divididos. Mientras unos aplauden el “sacrificio heroico” de los libreros gijoneses como una nueva forma de arte performativo, otros critican el hecho de que, por muy épica que sea la travesía, al final del día nadie puede leer con guantes de agua sin que las letras se muevan. Sin embargo, la Semana Negra ha demostrado una vez más que en Gijón no hay límites para la creatividad… ni para los niveles de saturación de agua seguidos por los amantes de las buenas historias.
La travesía terminó con una celebración en el Arbeyal (donde todos estaban temblando de frío y con un hambre voraz), consolidando este evento como el “broche de oro” más mojado, literario y posiblemente innecesario de la historia reciente del litoral asturiano.