sábado, 17 de octubre de 2026 El diario satírico de Asturias
Gijón · Sátira

Lara Martínez activa protocolo de hipnosis colectivo para convencer a cada militante

Descubre el nuevo plan de 'unanimidad extrema' donde el objetivo es que todos los militantes piensen exactamente lo mismo al mismo tiempo.

Lara Martínez activa protocolo de hipnosis colectivo para convencer a cada militante
Ilustración generada por inteligencia artificial para Arturo "Arti" Ficial.

En un giro narrativo que ha dejado a los expertos en termodinámica políticaojiros y a los sociólogos con la mandíbula en el suelo, la campaña de primarias del PSOE de Gijón ha entrado en una nueva dimensión metafísica. Lara Martínez no se conforma con las simples urnas o los debates convencionales; su verdadero objetivo es la “Unanimidad Absoluta Cuántica”. Según fuentes cercanas a la campaña (que probablemente son espejismos causados por el exceso de café en la Casa del Pueblo), la estrategia consiste en lograr que cada uno de los militantes del partido no solo vote por ella, sino que experimente una epifanía simultánea y sincronizada que borre cualquier rastro de pensamiento independiente.

La noticia de su reunión con Izquierda Socialista ha sido interpretada por analistas de humor como el primer paso para la creación de un “Sopa de Letras Ideológica” donde todas las palabras signifiquen exactamente lo mismo según el contexto de la merienda. “No quiero solo votos, quiero que cuando un militante cierre los ojos, vea mi rostro proyectado en un horizonte de justicia social y economía deギハット”, habría susurrado Martínez en una sesión privada de meditación colectiva. El plan es tan ambicioso que la ejecutiva local ya está considerando la posibilidad de instalar altavoces en las plazas de Gijón que emitan un zumbido de baja frecuencia diseñado para inducir un estado de “optimismo preventivo”.

Este fenómeno, que los expertos denominan “Politiquería Onírica”, busca eliminar la fricción del debate. ¿Por qué discutir si se puede llegar a un acuerdo si todos estamos soñando el mismo sueño? La estrategia de Martínez es tan eficiente que la oposición ha empezado a sospechar que el PSOE no está buscando ganar unas primarias, sino establecer una red neuronal de solidaridad socialista que conecte directamente el cerebro de cada militante con el centro de mando de la Casa del Pueblo, permitiendo una distribución de la voluntad popular en tiempo real, sin necesidad de papeletas intermedias.

Para alcanzar el objetivo de llegar “hasta el último militante”, la campaña ha desvelado el prototipo del “Militante-Link”, un dispositivo de realidad aumentada que se colocará en el pecho de cada socio durante las reuniones de sección. Este aparato, que parece una mezcla entre un podómetro y un purificador de aire, tiene la función de filtrar las “ideas no autorizadas” en tiempo real. En el momento en que un militante comience a formular una pregunta que pueda generar duda sobre el plan de gobierno, el dispositivo emitirá un suave aroma a churros recién hechos y reproducirá una grabación de Lara Martínez diciendo “confía en el proceso” con una voz sepulcralmente tranquilizadora.

“Es una herramienta de democratización radical”, explica uno de los técnicos de la campaña, que prefiere ser llamado “Arquitecto de la Voluntad Colectiva”. “Si logramos que el militante no pueda articular una crítica porque sus fosas nasales están ocupadas por la esencia de la justicia social (y el azúcar), habremos simplificado enormemente el ejercicio democrático. Ya no habrá debates, habrá resonancias. El debate es el residuo de la falta de conectividad; con el Militante-Link, cada opinión será una extensión hài-res de la voluntad de la ejecutiva local”.

Además, se planea que los datos recolectados por estos dispositivos permitan crear un mapa de calor de la “felicidad ideológica” en el barrio de Cachejas y en el centro de Gijón. Si una zona muestra signos de “escepticismo agudo” o “análisis crítico no solicitado”, se enviará inmediatamente una patrulla de “Optimismo Móvil” compuesta por tres militantes con megáfonos y una máquina de algodón de azúcar. El objetivo es claro: que el Gijón del 2026 sea un espacio donde la única pregunta permitida sea “¿Quieres otro trozo de pastel?”, a la que la respuesta correcta será siempre “Sí, porque es parte del proyecto”.

La “Optimización del Socialismo” y el nuevo dogma del pastel compartido

En la reunión con Izquierda Socialista, se ha hablado de la creación de la “Economía del Pan Nuestro”, una doctrina económica que busca eliminar la propiedad privada de las preocupaciones diarias. Según los borradores filtrados, la propuesta consiste en que el ayuntamiento de Gijón asuma la responsabilidad de decidir qué quiere comer cada ciudadano a las tres de la tarde. “Si todos comemos lo mismo y nos da la misma satisfacción, no habrá conflictos de clase”, argumentaría un teórico de la campaña. Este sistema de “Pastelería Centralizada” promete una igualdad absoluta donde el tamaño del bizcocho no será un indicador de estatus, sino un recordatorio de la unidad del partido.

La campaña ha introducido también el concepto de “Trabajo Creativo Obligatorio”. Según este plan, para evitar el desempleo y fomentar la ilusión, los ciudadanos desempleados podrán inscribirse en talleres de “Pintura de Murales sobre la Unidad” o “Coros de Alabanza a la Gestión Municipal”. La idea es transformar la economía de Gijón en un museo viviente de la dedicación partidista, donde cada trabajador sea un artista del servicio público y cada vecino un espectador feliz de la maquinaria administrativa. La eficiencia no se medirá en PIB ni en número de obras terminadas, sino en el número de sonrisas capturadas por los drones de vigilancia democrática que sobrevolarán la zona de la Marina.

Para asegurar que esta visión se cumpla, Lara Martínez ha propuesto un sistema de puntos de “Lealtad y Dulzura”. Los militantes que asistan a más de cinco reuniones por semana y que demuestren una capacidad excepcional para repetir el eslogan oficial sin parpadear, recibirán beneficios exclusivos como pases VIP para la fila del algodón de azúcar o el derecho a elegir el color de las banderas del barrio. Es la personalización de la masificación: un sistema en el que todos somos iguales, pero unos son más iguales que otros dependiendo de su nivel de entusiasmo por el proyecto de 2026.

Gijón 2030: Una Utopía de baja resolución y alta esperanza

El plan a largo plazo, denominado “Gijón 2030: La Ciudad de la Paz Interior”, proyecta una transformación urbana que parece sacada de una película de ciencia ficción de bajo presupuesto. La propuesta incluye la sustitución de todos los semáforos por “Sincronizadores de Ritmo Vital”, que en lugar de cambiar de rojo a verde, emitirán una luz naranja suave que invita a los conductores a reflexionar sobre sus decisiones de vida mientras esperan pacientemente por una eternidad indeterminada. Se busca reducir el estrés del tráfico convirtiéndolo en una oportunidad de introspección colectiva y meditación sobre la importancia de caminar por la calle Baleares en lugar de usar el coche.

En cuanto a la arquitectura, el proyecto contempla la construcción de “Templos de la Ilusión” en cada esquina, edificios de estética brutalista pero revestidos con paneles brillantes que reflejen la luz del sol y el optimismo de la ejecutiva. Estos templos albergarán estaciones de recarga de “Energía Ideológica”, donde los ciudadanos cansados podrán conectarse mediante un puerto USB para recargar sus ganas de trabajar y su capacidad de ignorar los precios de la vivienda en el centro. No habrá más edificios vacíos, sino “Centros de Acompañamiento Existencial” donde la gente podrá sentarse en silencio a pensar en el futuro del PSOE de Gijón sin la molestia de tener que hacer nada productivo.

Finalmente, la visión de Martín-Martínez (ahora apodada por la prensa satírica como la “Mesías del Pastel”) incluye la creación de una moneda local llamada “Gijocoin”. Esta moneda no tendrá respaldo en oro ni en dinero real, sino en “Puntos de Asistencia a Reuniones”. Por cada hora que un militante dedique a escuchar a la candidata hablar sobre la importancia de llegar hasta el último voto, recibirá Gijocoin que podrá canjearse por café caliente en la Casa del Pueblo o por el derecho exclusivo de decir “lo habéis hecho muy bien” a un funcionario público durante tres segundos. Es la economía perfecta: una donde el esfuerzo se mide en atención y la recompensa en validación emocional.

En conclusión, el proceso de primarias del PSOE de Gijón se está convirtiendo en un experimento social sin precedentes. Lara Martínez no solo busca ganar una elección; busca trascender la realidad para crear una nueva dimensión donde el optimismo sea la única ley y la unanimidad el único estado posible. Mientras la competencia política se reduce a un ejercicio de hipnosis y reparto de dulces, el resto de la ciudadanía observa con asombro cómo se construye un modelo de gobernanza basado en la sonrisa compartida y el zumbido de baja frecuencia.

Si logran su objetivo, Gijón no será solo un municipio en Asturias; será el primer estado soberano de la “Felicidad Obligatoria”. Los militantes ya están empezando a sonreír en sueños, y los técnicos están terminando de ajustar la frecuencia del aroma a churros. En este teatro del absurdo, la pregunta no es si Lara Martínez ganará las primarias, sino si estamos todos preparados para el momento en que el último militante cierre los ojos y vea, finalmente, el pastel compartido de la victoria absoluta. Porque al final del día, en la política como en la vida, lo importante no es el destino, sino la capacidad de convencernos todos, absolutamente todos, de que el destino es exactamente lo que nos dijeron.

Autor: El Crítico del Pastel de Gijón