lunes, 26 de octubre de 2026 El diario satírico de Asturias
Gijón · Sátira

El Ayuntamiento de Gijón aprueba que los vecinos paguen el aire que respiran

Medida estrella para reducir el déficit público y fomentar el apnea controlada

El Ayuntamiento de Gijón aprueba que los vecinos paguen el aire que respiran
Ilustración generada por inteligencia artificial para Arturo "Arti" Ficial.

En una decisión histórica que ha dejado a la oposición boquiabierta y a los neumáticos preocupados, el Consistorio de Gijón ha aprobado por unanimidad una nueva ordenanza que obligará a todos los ciudadanos a abonar un impuesto mensual por cada respiración realizada. La medida, bautizada como “Respira y Paga”, pretende reducir el déficit público y fomentar una cultura de apnea controlada entre los gijoneses.

Según el alcalde, la iniciativa surge tras descubrir que “el aire es un recurso limitado y no renovable, especialmente en pleno centro urbano donde todos respiran el mismoCO2”. El impuesto será progresivo: los que respiren más profundo pagarán más, y se ofrecerán descuentos a quienes aprendan a contener la respiración durante al menos 30 segundos.

El impacto económico y las primeras reacciones

Desde la primera hora de aplicación, los gijoneses han reportado un aumento sin precedentes en la venta de mascarillas de oxígeno y en los cursos de “respiración económica” organizados por centros privados. Los físicos de la zona, que antes cobraban 30 euros por sesión, ahora ofrecen paquetes especiales de “entrenamiento para no morir endeudado”.

La oposición ha calificado la medida como “un atentado contra los pulmones libres”, aunque el Gobierno local defiende que “respirar ya no será gratis, como le gusta a todos”. Los primeros contables del Ayuntamiento estiman que con esta nueva recaudación podrán financiar una nueva estatua del alcalde en bronce macizo con acrílico.

Las excepciones y los privilegios de la élite

La ordenanza ha establecido varias excepciones para ciertos colectivos. Los políticos y miembros del Gobierno local estarán exentos del pago, alegando que “su trabajo requiere una respiración constante y profunda para mantener la compostura en los plenos”. También quedarán excluidos los bebés menores de un año, aunque se les aplicará un suplemento por cada llanto prolongado que implique un consumo adicional de oxígeno.

Los deportistas, por otro lado, temen que el impuesto afecte a su rendimiento. El entrenador del equipo local de rugby ha declarado que “si los jugadores tienen que pagar por cada respiración, no podrán correr ni un metro”. Se estudia la posibilidad de crear “zonas de apnea forzada” en los parques públicos donde se obligará a los transeúntes a contener el aliento durante cinco minutos a cambio de un descuento del 50%.

La nueva app municipal para controlar la respiración

Para facilitar la gestión, el Ayuntamiento ha lanzado una aplicación móvil llamada “Gijón AirControl” que permite a los usuarios monitorizar su consumo de oxígeno en tiempo real. La app, disponible para iOS y Android, emite una alerta sonora cada vez que el ciudadano se acerca al límite de respiración diaria contratado.

Según el concejal de Nuevas Tecnologías, “la privacidad no es un problema porque el Estado necesita saber cuánto aire consumes para garantizar tu libertad”. Los usuarios que superen su cuota recibirán una notificación y podrán comprar paquetes adicionales de “aire premium” o “oxígeno de primera calidad” directamente desde la aplicación. Los más pudientes podrán suscribirse a un plan ilimitado que incluye “brisas marinas delicias” y “vientos del norte premium”.

El mercado negro del aire y la rebelión pulmonar

Ya se han detectado los primeros casos de “respiración ilegal” en callejones y parques aislados, donde grupos de vecinos se reúnen para inhalar aire libremente sin pagar el impuesto. La Policía Municipal ha creado una unidad especial, la “Brigada de los Pulmones”, encargada de detectar respiraciones no declaradas mediante sensores de CO2 instalados en farolas y bancos públicos.

En una declaración impactante, un vecino de La Calzada ha afirmado: “Prefiero morir sin pagar antes que vivir endeudado por cada bocanada”. Sin embargo, las autoridades advierten que la muerte por asfixia voluntaria implicará una multa adicional por “residuos pulmonares no gestionados”. Mientras tanto, los compostadores de la ciudad se han convertido en el nuevo objetivo, ya que se sospecha que recogen aire expirado de otros ciudadanos para revenderlo en el mercado negro.

Las soluciones alternativas y el futuro del oxígeno en Gijón

Ante la creciente preocupación por los costos respiratorios, varias empresas han comenzado a ofrecer servicios de “estancia en espacios vaciados” donde se garantiza la ausencia total de aire a cambio de una tarifa mensual. Estos “lugares de apnea segura” se han vuelto populares entre los trabajadores de oficina que prefieren no gastar en su cuota diaria.

El Ayuntamiento, por su parte, estudia la posibilidad de instalar “estaciones de aire gratuito” en los barrios más desfavorecidos, aunque estas solo estarán disponibles durante los fines de semana y bajo estricta supervisión policial. Los expertos en economía sugieren que la medida podría impulsar una nueva tendencia: la “respiración compartida”, donde grupos de personas se turnan para inhalar y exhalar para compartir el costo del impuesto.

Las protestas y la manifestación sin respiración

En respuesta a la ordenanza, cientos de gijoneses han organizado una manifestación que lleva por nombre “Gijón Respira Libre”. La peculiaridad de la protesta es que los participantes han acordado no respirar durante todo el recorrido para evitar pagar el impuesto in situ. La manifestación duró exactamente tres minutos y cuarenta segundos, tiempo después del cual los participantes necesitaron emergencia médica por hipoxia inducida.

Los organizadores han anunciado que planean nuevas protestas, incluyendo una “apnea masiva” en la Plaza de España y una huelga de respiración donde se negarán a inhalar hasta que las autoridades deruguen la norma. El Gobierno ha respondido amenazando con multas por “obstrucción del flujo pulmonar” y ha sugerido que los manifestantes podrían pagar por “no respirar” mediante un impuesto complementario llamado “Ahorro Respiratorio Solidario”.

La opinión de los expertos y las previsiones a largo plazo

Economistas de renombre han analizado la medida y coinciden en que representa “un hito en la monetización de los recursos naturales básicos”. El catedrático de Ecología de la Universidad de Gijón ha asegurado que “esta es solo la primera etapa; en cinco años veremos el agua embotellada de marca municipal y el cobro por cada gota de sudor”.

Por otro lado, los neumáticos están en alerta máxima. El portavoz de la Asociación Neumática de Asturias ha declarado que “si esto continúa, los pulmones se convertirán en un lujo accesible solo para las castas altas”. Algunos ciudadanos han comenzado a invertir en “bonos de oxígeno” y en futuros del aire comprimido, mientras que otros estudian la posibilidad de mudarse a zonas rurales donde, por el momento, el viento sigue siendo gratis.

El futuro de los niños y los nacimientos bajo la nueva norma

La ordenanza también afecta a los más pequeños. Los recién nacidos deberán presentar su primera respiración como “declaración de ingreso al sistema respiratorio” y se les emitirá un recibo inmediato por el aire inhalado durante las primeras 24 horas. Los padres que no puedan pagar el impuesto neonatal tendrán la opción de “devolver” al bebé al Ayuntamiento, que lo criará en una cápsula de oxígeno subsidiada.

Las guarderías municipales han instalado “estaciones de respiración controlada” donde los niños aprenden desde temprana edad a optimizar cada inhalación. Los educadores afirman que “es mejor comenzar temprano a enseñar la responsabilidad pulmonar”. Mientras tanto, las clínicas de maternidad ofrecen paquetes de “partos con aire incluido” que añaden un suplemento de 200 euros al costo del parto por cada respiración del bebé durante la primera semana de vida.

Conclusión del autor: un futuro sin aire pero con mucho presupuesto

En resumen, el Ayuntamiento de Gijón ha dado un paso audaz hacia un futuro donde todo tiene precio, hasta el mismo acto de respirar. Mientras los ciudadanos se adapten a su nueva realidad de deudas pulmonares y apnea forzada, los políticos podrán disfrutar de su aire gratuito y de sus sueldos sin preocuparse por el CO2 que exhalan durante los discursos.

La medida ha demostrado que, en Gijón, no hay límite para la imaginación fiscal. Mientras tanto, los vecinos siguen respirando, aunque cada vez más conscientes de que cada bocanada es, tarde o temprano, una inversión en el presupuesto municipal. Así que la próxima vez que sientas falta de aire, no te preocupes: es solo el Ayuntamiento cobrándote por tu existencia.