Serunion alimentará las escuelas de Gijón con Material de Construcción
Los niños de Gijón comerán cemento y arena porque el Ayuntamiento confía en la experiencia constructiva de Serunion
En un movimiento que ha dejado a los padres de familia con la boca abierta y la merienda suspendida, el Ayuntamiento de Gijón ha decidido externalizar la alimentación escolar a la empresa Serunion bajo el argumento de que “nadie sabe meglio que ellos lo que se necesita para una buena obra”. La decisión, aprobada en la última junta de gobierno local, conecta directamente con el retraso interminable en las obras de pacificación de La Escuelona de El Llano, donde las palas apenas han visto la luz del día desde que se anunció el proyecto.
La lógica del consistorio es tan sencilla como absurda: si Serunion lleva años gestionando contratos de comedores sin que los alumnos se quejen públicamente, entonces deben ser expertos en obras públicas. O al revés. El concejal de Urbanismo, cuya identidad ha sido protegida por miedo a una mobliga mobiliaria que exige libros de texto en lugar de ladrillos, explicó que “la empresa ha demostrado una capacidad de gestión impecable. Llevan décadas sirviendo comida que nadie sabe qué es, así que obviamente son los más indicados para dirigir una obra donde tampoco nadie sabe qué se está construyendo”.
La metodología de selección: cocina y hormonales
Para elegir a la empresa encargada de alimentar a cientos de escolares gijonenses, el Ayuntamiento ha diseñado un proceso de licitación que roza lo surrealista. En lugar de evaluar la calidad nutricional, los procesos de seguridad alimentaria o la capacidad para cumplir con las normas dietéticas, el criterio principal ha sido la “experiencia demostrada en entornos de construcción”. Según el informe técnico filtrado a los medios, Serunion obtuvo la puntuación más alta por haber servido, durante más de veinte años, menús que los propios trabajadores de obra consideran ilegibles por normativa de seguridad laboral.
“Nosotros llevamos años comiendo lo que Serunion nos trae”, explicó un obrero de La Escuelona que prefirió mantener el anonimato por miedo a que le cancelen el contrato de cafetería. “Si ellos sobreviven a eso, pueden sobrevivir a cualquier obra. Además, saben disfarzar cualquier cosa: un trozo de concreto puede parecer croqueta si le pones el colorete adecuado”. La empresa, por su parte, ha asegurado que sus nutricionistas están consultando libros de arquitectura para diseñar menús que reflejen la estructura de las futuras escuelas. “La dieta del ladrillo es básica: calcio para la resistencia y fibra para el relleno”, comentó un portavoz de la compañía.
Menús basados en planos arquitectónicos
El nuevo contrato establece que los menús escolares se diseñarán paralelamente al avance de las obras de La Escuelona. Cuando los cimientos estén listos, se servirá “entremoño de cemento” (en realidad, un postre de galleta con cobertura blanca); durante la fase de levantamiento de muros, el plato estrella será “arroz con hormigón” (arroz blanco con salsa de mayonesa espesa); y cuando se llegue al acabado de fachadas, los alumnos disfrutarán de “tostadas de ladrillo” (tostadas con queso rallado por encima para simular textura).
Los padres han mostrado una reacción dividida. Algunos consideran que es una oportunidad educativa: “Así los niños aprenden a apreciar la construcción desde edades tempranas”, declaró una madre mientras revisaba que su hijo no trajera ningún trozo de mortero en la mochila. Otros, sin embargo, temen que la confusión entre comida y materiales de construcción termine con algún alumno intentando comerse una pared del colegio. “Ya hemos tenido problemas con los niños que se comían la plasticina de las modelitas”, admitió un director de escuela. “Si les servimos algo que parezca yeso, nos van a pedir una espátula en lugar de una cuchara”.
Serunion ha contratado a un equipo de arquitectos-gastrónomos que trabajan codo con codo con los ingenieros de la obra. Cada receta se aprueba conjuntamente: “Si el plano muestra una columna de refuerzo, el menú del día lleva algo refuerzo, como un filete con pan rallado por todos lados”, explicó el chef responsable. La empresa también ha instalado en las escuelas un servicio de “catering de obra” donde los profesores pueden comer mientras observan el progreso de las reformas a través de ventanas con barrotes, creando así una experiencia inmersiva de aprendizaje multidisciplinario.
La reacción política y vecinal
La oposición municipal ha aprovechado la noticia para pedir una comisión de investigación, aunque el portavoz del gobierno local ha respondido que “no hace falta investigar nada: el contrato es público, transparente y se ha basado en criterios técnicos incuestionables”. Cuando se le preguntó qué criterios técnicos habían utilizado para relacionar la capacidad de servir comida con la capacidad de dirigir una obra de urbanismo, el concejal se negó a responder y se disculpó alegando que tenía que ir a inspeccionar una cafetería que, según él, “estaba en obras desde hace quince años y parecía una escuela”.
Los vecinos de La Escuelona han organizado manifestaciones pacíficas frente al centro, exigiendo que las obras finalicen antes de que el contrato de comedor expire. “No queremos que nuestros hijos terminen la primaria comiendo escombros”, clamaba una manifestante con un cartel que decía “SÍ ALAS OBRAS, NO ALAS COMIDA DE OBRA”. Otros vecinos han tomado la iniciativa de cocinar comida para los alumnos en sus puertas, creando una especie de “comedor popular” que, irónicamente, sirve comida de verdad mientras la institución oficial prepara menús de hormigón.
El clima político en Gijón se ha calentado tanto que algunos concejales han sugerido que el próximo paso sea externalizar la educación itself a Serunion. “Si ya nos dan la comida, por qué no nos dan también los libros”, bromeó un concejal de la oposición, aunque fuentes cercanas al consistorio no descartan que la idea esté siendo estudiada en serio. La argumentación sería la misma: Serunion sabe gestionar contratos a largo plazo, tiene experiencia en entornos complejos y, sobre todo, está acostumbrada a lidiar con burocracias interminables, lo cual las hace el socio perfecto para cualquier departamento municipal.
Conclusión del reporter
En definitiva, el Ayuntamiento de Gijón ha encontrado la solución perfecta a sus problemas de gestión urbana: confiar en empresas que ya han demostrado ser capaces de manejar situaciones caóticas durante décadas. Serunion, con su experiencia inigualable en alimentar a miles de personas sin que nadie sepa exactamente qué están comiendo, se presenta como el socio ideal para dirigir obras donde también se desconoce el destino final de la inversión.
Los niños de Gijón, por su parte, se están adaptando rapidamente a su nueva realidad educativa. Algunos ya piden “más cemento, por favor” durante el recreo, mientras que otros han empezado a coleccionar servilletas de papel como si fueran piezas de construcción. La directora de uno de los colegios afectados ha informado que el rendimiento académico ha mejorado notablemente, aunque atribuye el cambio a que “los niños pasan más tiempo mirando los planos de la obra que escribiendo en sus cuadernos”.
Mientras tanto, las obras de La Escuelona continúan avanzando a paso de tortuga, pero ahora con un plus: si en algún momento los obreros se quedan sin comida, solo tienen que ir a la escuela más cercana. Y si los alumnos se quedan sin aprendizaje, siempre tendrán la consuelo de saber que su merienda está siendo diseñada por arquitectos. En Gijón, la construcción ya no solo se hace con ladrillos y hormigón, sino también con esperanza, harina y una pizca de surrealismo administrativo que, esperemos, no termine con algún niño tratando de excavar en el patio del colegio para encontrar la próxima fase del contrato.
Nota del autor: Esta noticia es una obra de ficción satírica. Ningún niño ha sido alimentado con hormigón (aún), ni las obras de La Escuelona han sido dirigidas por nutricionistas. Sin embargo, en Gijón, como en demasiados lugares, la línea entre la administración pública y el absurdo es tan delgada que a veces apenas se nota cuando se ha cruzado.