domingo, 25 de octubre de 2026 El diario satírico de Asturias
Gijón · Sátira

El Ayuntamiento de Gijón instaura el silencio obligatorio para vecinos ruidosos

Los gijoneses deberán usar auriculares municipales que cancelan cualquier ruido que emitan durante las horas laborales

Por GijónSatírico

En un hecho sin precedentes que ha dejado a los ciudadanos boquiabiertos y a los arquitectos de acústica llorando de alegría, el Ayuntamiento de Gijón ha aprobado esta mañana la instalación de un sistema municipal de silenciado obligatorio que afectará a todos los habitantes de la ciudad durante las horas laborales. La medida, bautizada como “Gijón en Aire Acondicionado”, pretende combatir el presunto exceso de ruido que generan los vecinos al simplemente existir.

Según el concejal de Urbanismo, Javier Suárez, “la ciudad se ha convertido en un hervidero de decibelios incontrolados. Desde el sonido de los zapatos al caminar hasta el susurro de las conversaciones en los bares de cider, todo suma un nivel acústico que pone en peligro la paz mental de los funcionarios municipales”. Por ello, se ha decidido implementar un sistema de burbujas de sonido inteligente que se activará automáticamente cuando detecte más de 30 decibelios en cualquier espacio público.

El sistema funciona mediante auriculares municipales gratuitos

Cada vecino recibirá a domicilio un par de auriculares inalámbricos financiados con el presupuesto de limpieza viaria. Estos dispositivos, desarrollados por una startup de Silicon Valley que ha tenido que mudarse a Gijón por el coste de vida bajo, detectan cualquier ruido emitido por el usuario y emiten una frecuencia de cancelación de ruido en tiempo real. “Si toses, los auriculares tosen contigo. Si hablas, hablan contigo más alto para que no se te oiga”, explicó el ingeniero a cargo del proyecto, quien pedía anónimo no ser identificado por miedo a reclamos de sus propios vecinos.

La instalación de estos auriculares será obligatoria y su uso se verificará mediante cámaras de vigilancia con inteligencia artificial que podrán detectar si un ciudadano está hablando sin su dispositivo puesto. Las multas por incumplimiento oscilan entre los 50 y los 300 euros, dependiendo de la gravedad del sonido emitido y si el infractor es alcalde o simple ciudadano.

Las iglesias y los bares de cider son las zonas más problemáticas

El nuevo reglamento establece que las zonas con mayor nivel de ruido son las iglesias durante los oficios religiosos y los bares de cider durante las horas de cierre. “El sonido de las campanas es un problema acústico grave que interfiere con la concentración de los funcionarios en el Ayuntamiento”, afirmó Suárez. Por ello, se han instalado silenciadores en todas las campanas de la ciudad que las hacen sonar como un mosquito con resfriado.

En cuanto a los bares de cider, la medida ha generado una polémica sin precedentes. Los dueños de estos establecimientos argumentan que el “escanciado” del cider es un acto cultural protegido por la constitución asturiana y que el sonido del líquido cayendo al vaso es “la verdadera música de Gijón”. Sin embargo, el Ayuntamiento ha respondido instalando insonorización en todos los vasos de cider de la ciudad, que ahora cuentan con una pequeña espuma que absorbe el sonido del escancío.

Los ciudadanos se organizan en la “Resistencia Acústica”

Ante la imposición de los auriculares obligatorios, un grupo de ciudadanos se ha organizado en lo que llaman la “Resistencia Acústica”, un movimiento que se reúne en los parques de la ciudad para emitir sonidos deliberadamente fuertes como forma de protesta. “No aceptamos que nos quieran callar. El ruido es nuestra libertad de expresión”, declaró Ana Martínez, líder del movimiento, mientras tocaba un acordeón a volumen máximo frente al Ayuntamiento.

La policía municipal ha tenido que intervenir en varias ocasiones para dispersar a los manifestantes, quienes utilizan megáfonos, cacerolas y hasta coros de niños para protestar contra la medida. En una de las protestas más recientes, un grupo de vecinos logró derribar una de las torres de los auriculares municipales lanzándoles pelotas de pádel, lo que provocó que el sistema se activara y silenciara a toda la plaza durante tres horas.

El gobierno estudia extender la medida a los animales

En una reunión del consejo de gobierno celebrada ayer, el equipo municipal estudió extender la medida de silenciado obligatorio también a las mascotas de la ciudad. “Si los humanos no pueden hacer ruido, ¿por qué los perros deberían ladrar o los gatos maullarse?”, preguntó el concejal de Medio Ambiente, Roberto López. La propuesta, que aún está en fase de estudio, supondría la instalación de bozales inalámbricos en todas las mascotas registradas en el censo municipal.

Los dueños de mascotas han reaccionado con indignación. “Mi perro ha estado ladrando durante diez años y nunca ha molestado a nadie. Si ahora le ponemos un silenciador, ya no podrá alertarnos si hay ladrones”, afirmó Pedro Gómez, dueño de un pastor alemán. Por otro lado, los veterinarios de la ciudad han asegurado que el dispositivo no representa un riesgo para la salud animal, aunque admiten que podría causar depresión en las mascotas al no poder comunicarse con sus dueños.

Las consecuencias económicas son inmediatas

La medida ha tenido un impacto inmediato en varios sectores de la economía local. Las tiendas de instrumentos musicales han reportado una caída del 80% en sus ventas, ya que “¿para qué comprar una guitarra si no se puede tocar?”, como dijo uno de los propietarios. Por otro lado, las empresas de insonorización han visto crecer sus acciones un 300% en una sola semana, y ahora compiten por conseguir los contratos municipales para insonorizar todas las calles de Gijón.

Además, el sector del turismo se ha visto afectado. Los turistas que visitan la ciudad ahora se quejan de que “no se oyen los clamores tradicionales” y que “las calles están demasiado calladas”. La oficina de turismo ha tenido que lanzar una nueva campaña promocional con el eslogan “Gijón: la ciudad donde el silencio es oro”, aunque muchos turistas han cancelado sus reservas alegando que “no soportan tanta tranquilidad”.

La oposición política exige la derogación inmediata

Los partidos de la oposición han presentado una moción de urgencia para derogar la medida, alegando que “viola el derecho fundamental al ruido” y que “el silencio es un producto de lujo que no puede ser impuesto por el estado”. El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento, Luis Fernández, ha declarado que “esta medida es claramente electoralista. El equipo de gobierno quiere que los ciudadanos se callen para que no reprochen su gestión”.

Por su parte, Vox ha acusado al gobierno local de “imponer una dictadura del silencio” y ha llamado a una manifestación nacional en defensa del derecho a gritar. Ciudadanos, el partido más pequeño en el consistorio, ha propuesto una alternativa: “en lugar de silenciarnos, deberíamos insonorizar el Ayuntamiento para que los funcionarios no nos oigan a los vecinos cuando nos quejamos”.

El futuro del silencio en Gijón

A pesar de las críticas, el Ayuntamiento ha anunciado que la medida se implementará a partir del próximo lunes y que planea extenderla a otras ciudades asturianas si el piloto en Gijón tiene éxito. “Estamos liderando una revolución acústica que cambiará la forma en que los españoles se comunican”, declaró el alcalde, quien ahora habla por mensajes de WhatsApp para no emitir sonido.

Mientras tanto, los ciudadanos se adaptan como pueden. Algunos han aprendido a comunicarse mediante lenguaje de señas exagerado, otros escriben todo en pizarras y hay quienes han recurrido al uso de morchas para amplificar sus voces a pesar de las sanciones. El futuro de Gijón es incierto, pero una cosa es segura: la ciudad nunca volverá a sonar igual.

Conclusión del redactor

En resumen, el Ayuntamiento de Gijón ha logrado lo que parecía imposible: convertir a una de las ciudades más ruidosas de Asturias en un monasterio ambulante. Aunque la medida ha generado polémica y protestas, es innegable que por primera vez en años los funcionarios municipales pueden trabajar en paz, sin el molesto ruido de los ciudadanos que simplemente van por su vida.

La pregunta que queda en el aire es: ¿cuánto tiempo pasará hasta que alguien decida romper el silencio y lanzar una protesta sonora a escala ciudadana? Mientras tanto, los gijoneses se enfrentan a una nueva realidad donde el silencio es la ley del imperio y los auriculares son el complemento de moda imprescindible. Bienvenidos a Gijón, la ciudad donde el silencio no es oro, es ley.