Gijón prohíbe megáfonos a guías turísticos: se comunican mediante notas
La nueva ordenanza obliga a los guías turísticos de Gijón a recorrer la ciudad con pizarra y notas para no molestar a los vecinos
El consistorio de Gijón ha aprobado una medida sin precedentes que promete revolucionar el turismo en la ciudad: la prohibición total de megáfonos para los guías turísticos. La nueva ordenanza, presentada esta semana ante el Principado de Asturias, argumenta que los dispositivos de amplificación “generan contaminación acústica innecesaria” y perturban la tranquilidad de los vecinos durante las visitas organizadas. Como resultado, los profesionales del turismo tendrán que comunicarse con sus grupos mediante notas escritas, lenguaje de señas o, en casos excepcionales, arrojando pequeños papeles arrugados con el mensaje del monumento.
La decisión ha tomado por sorpresa tanto a los agentes turísticos como a los visitantes, que ahora se preguntan cómo se podrá explicar la historia de la Plaza Mayor sin tener que gritar. Según fuentes municipales, la medida se enmarca en un plan más amplio de “silenciamiento urbano” que incluye también la prohibición de silbatos en los autobuses y la obligación de que los músicos callejeros toquen únicamente con los dedos.
La revolución silenciosa: los guías se reinventan
Los guías turísticos de Gijón han tenido que adaptarse a la nueva realidad con una rapidez asombrosa. María López, guía con más de veinte años de experiencia, explica que ahora lleva una pizarra gigante y un bloc de notas para cada parada. “Antes explicaba la historia de la iglesia en dos minutos con el megáfono. Ahora tengo que dibujar un templo en la pizarra mientras los turistas intentan ver qué he escrito sin que se les moleste el sol”, comenta entre risas.
Otros guías han optado por métodos más creativos. Juan Pérez, especialista en arte románico, ha empezado a interpretar cada monumento mediante danza contemporánea. “Cuando llegamos al Colegio de San Ignacio, hago una coreografía que representa la arquilla y los soportes. Los turistas lo entienden perfectamente, aunque algunos se han perdido en la interpretación”, afirma Pérez. La Association of Tour Guides ha solicitado formación urgente en mímica y comunicación no verbal para todo el colectivo.
Los turistas se quedan mudo (literalmente)
La respuesta de los visitantes no ha podido ser más diversa. Algunos turistas han tenido que recurrir a aplicaciones móviles de traducción simultánea para entender qué les decían sus guías. “Llegamos a Gijón esperando una explicación detallada de la historia de la ciudad y nos hemos encontrado con un tipo dibujando en una pizarra mientras hacía señas con las manos”, comenta un visitante alemán que no entendió ni una palabra de la visita.
Otros han aprovechado la situación para crear sus propias visitas autoguiadas. Se han formado grupos improvisados donde cada persona lee un fragmento de la guía en voz baja. La situación ha llegado al punto de que en la Plaza Mayor se pueden escuchar susurros coordinados de decenas de turistas intentando entenderse entre ellos sin usar megáfonos. Los comerciantes del área se han quejado de que el sonido de los papeles arrugados lanzados por los guías está rompiendo lostechos de sus establecimientos.
La batalla judicial contra el Principado
El Ayuntamiento de Gijón ha presentado cuatro alegaciones al proyecto de decreto del Principado, entre ellas el estudio de líneas de apoyo y plazos para adecuarse a la reducción de los grupos a un máximo de 30 turistas. Sin embargo, la verdadera batalla se libra ahora en los juzgados. La Association of Tour Guides ha interpuesto un recurso contra la ordenanza argumentando que vulnera el derecho fundamental a la “amplificación de la voz” establecido en la Constitución.
En un giro inesperado, el Principado ha respondido que la prohibición de megáfonos es temporal y que se estudiará la posibilidad de permitir “megáfonos de bolsillo de muy bajo volumen” para grupos reducidos. Los guías, sin embargo, exigen que se permitan dispositivos como el megafono tradicional pero con un silenciador incorporado. “No queremos que nos oigan en la otra punta de la ciudad, solo que nuestro grupo nos escuche”, declara un portavoz del colectivo.
El plan de silencio total de la ciudad
La medida contra los megáfonos no es un caso aislado. El concejal de Urbanismo, Pedro Suárez, ha announced un plan integral de “silenciamiento urbano” que afecta a todos los sectores de la ciudad. Los vecinos que hagan ruidos molestos después de las diez de la noche se enfrentarán a multas de hasta 300 euros. Los músicos callejeros tendrán que tocar únicamente con los dedos en instrumentos de cuerda, y los bomberos se han visto obligados a reducir el volumen de las sirenas para no asustar a las palomas del centro.
Suárez justifica la medida asegurando que “Gijón debe convertirse en una ciudad para oír, no para escuchar”. El plan incluye también la instalación de auriculares gratuitos en las paradas de autobús para que los pasajeros no tengan que hablar con el conductor, y la creación de zonas de silencio absoluto en los parques donde está prohibido incluso suspirar. Los críticos de la medida aseguran que la ciudad se ha vuelto tan silenciosa que ya se oye el tic-tac de los relojes de los vecinos.
Las consecuencias inesperadas en el sector turístico
La prohibición de megáfonos ha revolucionado la oferta turística de Gijón. Las agencias de viajes han empezado a ofrecer paquetes “silenciosos” donde los turistas reciben un libro con la historia de la ciudad para leer mientras caminan. Hoteles y restaurantes han adaptado sus servicios: los camareros ahora entregan los platos con pequeñas tarjetas que explican el menú, y los guías de las visitas gastronómicas llevan pizarras con dibujos de los platos.
Sin embargo, algunos empresarios se quejan de que la medida está afectando a la competitividad de la ciudad. “Los turistas prefieren ir a Oviedo o Santander donde pueden oír al guía sin tener que leer notas”, comenta el dueño de una agencia de viajes local. La asociación de hostelería ha solicitado al Ayuntamiento que reconsidere la medida o al menos permita el uso de megáfonos en eventos especiales como el desfile de Reyes o las fiestas de San Pedro.
Conclusión del reportero
En resumen, Gijón ha dado un paso audaz hacia un futuro más silencioso, aunque los turistas y guías aún se están adaptando a la nueva realidad. La prohibición de megáfonos ha puesto de relieve lo absurdo de nuestras ciudades modernas, donde parece que no podemos oír nada sin necesidad de amplificarlo todo. Mientras tanto, los guías siguen dibujando monumentos en pizarras, los turistas leen notas en voz baja, y la ciudad se vuelve cada vez más silenciosa.
Quizás sea este el verdadero objetivo del Ayuntamiento: crear una ciudad donde la única cosa que se oiga sea el silencio mismo. Y si algún día llegamos a ese punto, quizás entonces podamos entender realmente lo que nos rodea, aunque tendremos que hacerlo sin que nadie nos lo grite. Mientras tanto, los vecinos de Gijón pueden dormir tranquilos sabiendo que ya no les molestará el ruido de un megáfono en la Plaza Mayor, aunque tendrán que conformarse con escuchar el susurro de los papeles arrugados que vuelan por el aire.
El futuro del turismo en Gijón
A pesar de las críticas, el Ayuntamiento mantiene su postura firme. Según el comunicado oficial, “la reducción de la contaminación acústica es una prioridad para mejorar la calidad de vida de los vecinos”. Los próximos pasos incluyen la prohibición de pitidos en las fiestas populares y la obligación de que los niños jueguen en silencio en los parques públicos.
Los guías turísticos, por su parte, han formado una comunidad de soporte mutuo donde comparten trucos para comunicarse sin megáfonos. Algunos han aprendido a usar el código Morse con la mano, mientras que otros prefieren el uso de cartas preparadas con antelación. Se rumorea que en el próximo mes se inaugurará la primera “Visita en Silencio” de la ciudad, donde los turistas recibirán auriculares inalámbricos que transmitirán la explicación directamente a sus cerebros mediante tecnología de conducción ósea.
Mientras tanto, la ciudad espera ver si el Principado acepta las alegaciones o si Gijón se convertirá en la primera capital silenciosa de España. Lo que está claro es que los turistas tendrán que llevar pizarra y bloc de notas si quieren conocer la historia de Gijón sin tener que escuchar un megáfono.