domingo, 25 de octubre de 2026 El diario satírico de Asturias
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Vučić anuncia que seguirá en el poder hasta que empiece a extrañarse a sí mismo

El mandatario serbio promete no salir del gabinete ni siquiera para ir al baño hasta que el país se canse de su cara

Vučić anuncia que seguirá en el poder hasta que empiece a extrañarse a sí mismo
Ilustración generada por inteligencia artificial para Arturo "Arti" Ficial.

Belgrado, Serbia — En una declaración sorprendente que ha dejado al mundo político más confundido que una calculadora sin pilas, el presidente Aleksandar Vučić anunció este lunes que pretende permanecer en el cargo de primer ministro hasta que “empiece a extrañarse a sí mismo”. La medida, enmarcada en su campaña “Líder de las Mil Caras”, ha generado debates filosóficos profundos sobre dónde termina el poder y empieza el vacío existencial de un hombre que lleva doce años gobernando sin cambiar de chaqueta.

Según fuentes cercanas al gabinete, Vučić ha reflexionado sobre su futuro político y ha concluido que la única forma de garantizar su permanencia es convertirse en una presencia innegable en el palacio de gobierno. “He estudiado las opciones y la matemática es clara: si no me voy, nadie puede echarme”, declaró el mandatario mientras se ajustaba una corbata que, según testigos, ha cambiado de color siete veces en una sola mañana por razones que aún se desconocen.

El líder que no se va: una ópera de poder en tres actos

La estrategia de Vučić gira alrededor de una premisa simple pero inquietante: la permanence absoluta como método de gobierno. En una rueda de prensa celebrada en el centro de Belgrado con asistencia de solo tres periodistas, un camarero y un pájaro que entró por la ventana, el presidente explicó que su nueva política se basa en “la permanencia del statu quo hasta que el statu quo se canse de sí mismo”.

Los analistas políticos locales están divididos. Algunos creen que Vučić está practicando una forma avanzada de teatro político donde él interpreta a todos los personajes. Otros sospechan que simplemente se ha olvidado de cuál es su nombre después de tantas décadas en el cargo. “Es un hombre que ha visto pasar a tres generaciones de ministros, cinco cambios de constitución y una invasión de orugas que nadie entendió, pero él sigue ahí como un moho inteligente”, comentó un politólogo de la Universidad de Belgrado.

La nueva estrategia de Vučić: gobernar desde la cama

En los últimos días, el gabinete serbio se ha transformado en un búnker improvisado donde las reuniones se celebran en la sala de estar del primer ministro y las decisiones importantes se toman mientras Vučić está en pijama. Según fuentes cercanas, el mandatario ha instalado un despacho móvil que se desplaza entre su despacho oficial y su dormitorio, argumentando que “el poder no necesita dirección, solo presencia”.

El plan, bautizado internamente como “Operación Sofá”, busca reducir al mínimo las apariciones públicas del presidente para así evitar que los ciudadanos recuerden cómo se ve. “Si la gente no me ve, no puede protestar contra mí. Es lógica elemental que solo los periodistas más valientes y los fotógrafos con zoom infrarrojo han logrado fotografiarlo en los últimos seis meses”, explicó un consejero del gobierno que habló bajo condición de anonimato y mientras comía una ensalada rusa en un rincón del gabinete.

El referéndum sorpresa: ¿Te quedas o te quedas?

En un movimiento que ha desviado la atención internacional hasta de los últimos partidos de la Champions League, Vučić anunció un referéndum nacional para el próximo domingo con una única pregunta en la papeleta: “¿Quieres que yo siga siendo el primer ministro o prefieres que yo siga siendo el primer ministro pero con un poco más de misterio?”. Las opciones de voto, según el decreto oficial, son solo dos: “Sí, continúa” y “Sí, continúa pero con más cara”.

Los analistas electoralistas estiman que la participación rondará el 100%, ya que los ciudadanos temen que si no votan, el presidente podría interpretarlo como un rechazo personal y obligarlos a asistir a sus cenas familiares semanales. La oposición, por su parte, ha presentado un candidato alternativo: un gato callejero llamado Señor Bigotes que, según sus promesas, “tendrá menos caras que Vučić y dormirá más durante las reuniones de gabinete”.

La campaña electoral ha sido breve pero intensa. Vučić ha recorrido todos los rincones de Serbia disfrazado de diferentes personajes históricos: Napoleón, Cleopatra, un cuadrado de chocolate y hasta una versión animada de sí mismo dibujada por un niño de cinco años. Cada disfraz venía acompañado de un discurso distinto, aunque todos terminaban con la misma frase: “Yo soy el líder de las mil caras, pero también soy una sola cara muy permanente”.

Las reacciones internacionales: entre la confusión y el envidia

La comunidad internacional ha reaccionado con una mezcla de preocupación y profesional envidia. La Unión Europea ha expresado “serias dudas sobre la viabilidad constitucional de un presidente que se niega a salir de su casa”, mientras que diplomáticos de alto nivel confiesan en privado que “sería muy cómodo si nuestro líder hiciera lo mismo”. Estados Unidos, por su parte, ha enviado un memorando formal preguntando si Vucimiento podría ofrecer un masterclass sobre “permanencia en el poder sin rendimientos electorales”.

Otros líderes de la zona balcánica están evaluando la posibilidad de adoptar medidas similares. El presidente de Montenegro ya ha retirado sus maletas de mudanza y las ha colocado frente al despacho, mientras que el primer ministro de Bosnia ha comenzado a practicar el arte de no aparecer en las ruedas de prensa mediante el uso de disfraces de personaje de videojuegos. Hasta ahora, el único país que ha expresado preocupación genuina es Liechtenstein, temiendo que si Vučić se queda demasiado tiempo, sus ciudadanos podrían empezar a preguntarse por qué sus propios gobernantes sí cambian de vez en cuando.

Un futuro incierto pero muy cómodo

Mientras Serbia se prepara para el referéndum más predecible de su historia, los ciudadanos han comenzado a adaptarse a la nueva normalidad. Algunos han dejado de mirar las noticias porque saben que, independientemente del resultado, Vučić seguirá ahí. Otros han comenzado a coleccionar disfraces para saludar al presidente cuando este decida salir, aunque hasta ahora el único encuentro cara a cara ha sido en un sueño recurrente de un residente de Novi Sad.

En un último giro de la trama, fuentes cercanas al entorno familiar de Vučić revelaron que el presidente ha comenzado a escribir sus memorias bajo el título provisional “Yo, el que no se fue: una autobiografía en doce años y una sola cara”. La editorial ha negado cualquier contrato, pero ha dicho que “si el libro se vende, lo publicaremos aunque el autor no haya terminado de escribirlo, porque eso es lo que él haría”.

La conclusión es clara: en un mundo donde todo cambia a una velocidad vertiginosa, Aleksandar Vučić ofrece algo diferente. Algo estable. Algo permanente. Algo que, aunque no sepa muy bien qué es, ocupa el despacho del primer ministro y no muestra señales de irse pronto. Porque, como él mismo dijo en su último discurso: “No me iré. No porque quiera, sino porque no tengo para dónde ir y el gabinete tiene aire acondicionado”.

Anecdotas del autor: el arte de desaparecer estando presente

Al escribir esta crónica, me he dado cuenta de que la verdadera historia no está en lo que Vučić haga, sino en lo que se niega a hacer. En una era donde los políticos viajan por el mundo prometiendo cambio, el líder serbio ha encontrado la respuesta definitiva: el cambio es una ilusión y la comodidad del poder es una realidad tangible. Mientras otros construyen muros, Vučić ha construido una silla tan cómoda que ni él mismo quiere levantarse.

La lección que deja este episodio es valiosa para todos los aspirantes a líderes: si quieres que te recuerden, no cambies nunca. Si quieres que te obedezcan, no te presentes nunca en público. Y si quieres que te adorén, simplemente no te vayas. El próximo domingo, cuando los serbios voten por mantener al presidente en el cargo, no estarán eligiendo a un líder, sino confirmando una ley de la física política: una vez que alguien se sienta en el poder con suficiente comodidad, la gravedad de la permanencia hace imposible que se levante.

Así que, estimado lector, si alguna vez se le ocurre la idea de entrar en política, recuerde esto: las caras cambian, los disfraces se desgastan y los discursos se repiten, pero el que permanece en el gabinete con aire acondicionado y buena comida siempre gana. Hasta la próxima, querido lector, permanezca atento a su propio gabinete. Nunca sabe cuándo un líder de las mil caras podría mudarse allí sin avisar.