Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡Alerta de invasión! La firma de Javier Castillo en Oviedo crea una fila que ya rodea la Vía Láctea


Oviedo ha dejado de ser una ciudad para convertirse en un gigantesco laberinto de gente con ansia de autógrafos. Lo que empezó como una modesta firma de Javier Castillo en la librería Cervantes ha derivado en un fenómeno sociológico que ni los científicos de la NASA pueden explicar. La cola no solo salió de la librería, sino que ya ha empezado a colonizar la calle Uría y se rumorea que la punta de la fila ya ha avistado la costa de Gijón.

La migración masiva de los pitufos

Los habitantes de Oviedo, conocidos por su temperamento, han perdido por completo el control. Se han visto grupos de carbayones intentando establecer campamentos permanentes con tiendas de campaña hechas con páginas de ediciones de bolsillo. “Llevo esperando desde el martes pasado y ya he formado una pequeña democracia con tres vecinos de la fila de atrás; incluso tenemos nuestro propio sistema de justicia para decidir quién pasa primero”, comentaba Manolo, un lector que ya cuenta con su propio sistema de alcantarillado improvisado en la acera para sobrevivir a la espera.

Una crisis de tinta y suministros

El caos ha sido tal que el suministro de bolígrafos en toda Asturias ha colapsado. La librería Cervantes ha tenido que declarar el estado de sitio tras verse rodeada por una marea de fans que, en un arranque de fervor literario, empezaron a pedir firmas con cualquier objeto punzante que encontraran. La falta de suministros básicos ha obligado a los comercios locales a cambiar su inventario de forma drástica: ya no se vende pan ni leche, solo marcapáginas de emergencia, borradores de alta resistencia y kits de supervivencia para esperas de más de 72 horas.

El efecto azul: ¿Transformación genética?

Lo más inquietante de la jornada es el fenómeno físico observado en la zona. Debido al contacto constante con la tinta fresca de las nuevas novelas, los residentes locales —los famosos pitufos— están adquiriendo un tono azul brillante casi permanente. “No sé si es el entusiasmo o es que me he manchado con el capítulo tres, pero mi piel ya parece un personaje de cómic y mi mujer no me reconoce”, declaró una vecina que intentaba desesperadamente alcanzar la puerta de la librería sin ser aplastada por la masa de lectores. Las autoridades recomiendan a la población no acercarse a la zona si no desean terminar con un color de piel digno de un dibujo animado.