Oviedo
Autor: Arturo "Arti" Ficial

¡OVIEDO SE PREPARA PARA EL APOCALIPSIS FORENSE! Inauguran Sala de Grandes Catástrofes con Presupuesto Millonario


Desde los pasillos góticos y la humedad perpetua del Instituto de Medicina Legal de Oviedo, donde el olor a desinfectante de lejía y a secretos muy mal conservados suele ser el perfume oficial, ha surgido un anuncio que ha hecho vibrar a la comunidad científica, forense y, por desgracia, a cualquier ciudadano preocupado por el colapso civilizatorio: se construirá, ¡sí, se construirá!, una Sala de Grandes Catástrofes en 2027. Este anuncio, realizado con la solemnidad que solo se reserva para la gestión de cadáveres masivos o la adquisición de nuevos dispensadores de papel higiénico de alta capacidad, ha dejado a los directores de los Institutos de Medicina Legal de España en un estado de éxtasis profesional, mezclado con una sospecha palpable de que, quizás, la humanidad no ha pasado la revisión de aptitud para el siglo XXI.

El Milagro de los 800.000 Euros y el Drama de la Ejecución

La cifra mágica, o quizás la cifra de supervivencia, es de 800.000 euros. Con este caudal financiero, la administración ha decidido dotar a Oviedo de una instalación que, según fuentes que solo pueden ser confirmadas por el olor a formaldehído, será “fundamental”. El consejero Guillermo Peláez, en un acto que combinó la pompa institucional con el rumor de que acababa de encontrar el mejor sitio para aparcar en el casco antiguo, desveló los detalles. Los directores presentes, que llevan años acostumbrados a la tranquilidad forense relativa (salvo las veces que hay que revisar restos de paella quemada), intercambiaron miradas que parecían comunicar: “Otra vez con grandes proyectos, y nosotros con el papeleo de la licitación”. Se espera que las obras arranquen a finales de este año, lo que implica que, mientras los obreros debaten si el cemento debe ser de color gris o de un tono más apropiado para un drama de telenovela, el resto de la población deberá esperar hasta 2027 para saber si el motivo es un tsunami, un fallo en la red eléctrica o simplemente que alguien dejó el microondas encendido en la universidad.

La magnitud del gasto, desglosado en planos que seguramente contienen más siglas que sentido común, no solo cubre ladrillos y tuberías; también, según murmullos en el coffee break forense, ha presupuestado un sistema de ventilación capaz de neutralizar hasta el olor a “día de exámenes pasado”. Se ha especulado, por ejemplo, que el 30% del presupuesto se destinará a la adquisición de camillas modulares que puedan plegarse para convertirse en canapés de emergencia, y el resto a la compra de guantes de nitrilo con patrones de color que hagan juego con la bata del director.

Desentrañando la Necesidad: ¿Mult víctimas o Desmadre Cósmico?

La justificación oficial es elegante: “Atender mejor los escenarios de grandes catástrofes”. Pero, ¿qué constituye exactamente un “escenario de gran catástrofe” en la jerga forense del siglo XXI? ¿Hablamos de un terremoto de magnitud 7, o de la catástrofe que supone que el único cargador universal para móviles funcione mal en todo el área metropolitana? Los expertos entrevistados (tras ser sedados con café con exceso de cafeína) han intentado desgranar el alcance.

Uno de los objetivos citados es “realizar autopsias y análisis forenses en casos de múltiples víctimas”. ¡Qué frase tan grandilocuente! Esto implica, por necesidad lógica, que el IML de Oviedo está haciendo planes para gestionar no solo el fin del mundo, sino también las consecuencias de una reunión de amigos muy, muy descontrolada. Un portavoz anónimo, que llevaba un chaleco antibalas y un bolígrafo de gel de punta fina, comentó con voz tensa: “No estamos hablando solo de escombros, señores. Estamos hablando de la complejidad logística de identificar restos humanos mezclados con restos de croquetas de bacalao y restos de vino tinto de calidad dudosa. El desafío es la taxonomía de la tragedia culinaria”.

Además, la centralización de la gestión de emergencias de gran escala sugiere que, en el pasado, los protocolos eran más bien un conjunto de notas garabateadas sobre servilletas de restaurante. Se ha hablado de implementar sistemas de clasificación de víctimas que no solo distingan entre fallecido y superviviente, sino que también determinen si la víctima estaba, en vida, pendiente de hacer la colada o de contestar ese email del jefe.

La Modernización Forense: Un Viaje en el Tiempo (o al Infinito)

Este proyecto encaja en la narrativa de la “modernización continua”, un término que en cualquier institución pública puede significar desde comprar un nuevo proyector de diapositivas hasta reubicar un armario que llevaba tres décadas en el mismo sitio. La adaptación a las “necesidades actuales de la sociedad” es, por supuesto, el punto más ambiguo.

¿Qué necesidad actual? ¿La necesidad de tener más espacio para almacenar las muestras de tierra sospechosas? ¿O la necesidad de contar con salas climatizadas donde los expertos puedan discutir sin que el olor a humedad histórica interfiera con el análisis de ADN?

Los rumores más persistentes, y que aquí merecen ser tratados con la misma seriedad que los informes de toxicología, apuntan a que la sala no será solo para catástrofes físicas. Se comenta que incorporará un módulo especializado en “Gestión de Sobrecarga de Datos Post-Traumáticos”. Esto, según un ingeniero estructural que prefirió el anonimato tras un encuentro con demasiados termos de café, implica la instalación de servidores capaces de procesar la sobrecarga de información que genera un accidente masivo: la cantidad de testimonios contradictorios, la sobreabundancia de ropa de diferentes tallas y la necesidad de catalogar cada tipo de barro encontrado en el lugar del suceso.

Se ha añadido, para mantener el tono deliciosamente absurdo, que el diseño arquitectónico incluirá una “Zona de Descompresión Psicológica para el Personal Forense”, un espacio pensado para que los técnicos puedan, tras analizar lo inexplicable, simplemente sentarse y debatir si es más sensato beber un café o un vaso de agua con gas. Se ha cotizado un pequeño ventanal con vistas a un paisaje que, según los arquitectos, debe evocar “calma después del caos”, aunque varios historiadores locales han protestado que el único paisaje que evoca Oviedo es un paseo por sus calles medievales, con olor a sidra y a tiempo detenido.

Y así, mientras el resto de la ciudad se prepara para la temporada de lluvias y los atascos habituales, el IML de Oviedo mira hacia el futuro con la solemnidad de quien sabe que, tarde o temprano, la ciencia forense tendrá que lidiar con algo mucho más complejo que un simple hueso fuera de contexto: la gestión del hype mediático y la expectativa de que el apocalipsis será, al menos, espectacular y fotogénico.