miércoles, 4 de noviembre de 2026 El diario satírico de Asturias
Gijón · Sátira

El parque de baterías de Gijón ahora funciona con energía de trámite

El proyecto avanza tan lento que ya suministra iluminación a medio Gijón solo con fotocopias y optimismo.

El parque de baterías de Gijón ahora funciona con energía de trámite
Ilustración generada por inteligencia artificial para Arturo "Arti" Ficial.

En un giro inesperado que ha dejado a propios y extrañas perplejos, el proyecto del parque de baterías en el Puerto de Gijón ha dado un paso atrás tan significativo que ya se podría considerar una danza ritual. El Principado, en un movimiento valiente y visionario, ha decidido que antes de instalar baterías, primero es necesario instalar la burocracia que las contenga.

Así, el parque que prometía revolucionar el almacenamiento energético del puerto se ha convertido en el proyecto más lento de la historia reciente de Asturias. No falta energía, sobra papeleo. Las máquinas de la Consejería de Industria y Competitividad ahora funcionan a pleno rendimiento, pero solo para generar informes sobre cuánto tiempo tardarán en generar otros informes. La eficiencia administrativa ha alcanzado niveles sin precedentes: se tarda más en firmar un documento que en construir un muelle.

Un paso atrás que avanza hacia el futuro

El retraso del proyecto no es un retroceso, sino un avance en la dirección correcta: la dirección de la burocracia. Los técnicos han explicado que, antes de instalar baterías, es necesario instalar la estructura administrativa que las soporte, y esa estructura es tan pesada que requiere su propio estudio de impacto ambiental. Así, el proyecto ha entrado en un ciclo virtuoso donde cada paso adelante requiere dos pasos atrás para justificarse, y así sucesivamente hasta alcanzar la perfección administrativa.

La Consejería de Medio Ambiente ha nombrado una subcomisión para estudiar la subcomisión que estudiará el impacto de las baterías en el medio ambiente. Se espera que, dentro de cinco años, se tenga un informe preliminar sobre si es necesario un informe definitivo. Mientras tanto, los pájaros del puerto han empezado a anidar en los montones de papeles del expediente, lo cual los biólogos han interpretado como una señal positiva de integración paisajística.

El primer avance fue un retroceso estratégico

En lo que los técnicos han comenzado a llamar ‘retroceso progresivo’, el proyecto ha sido enviado a una tramitación ambiental ordinaria por sus posibles ‘efectos significativos’ sobre el medio ambiente. El problema no es que el parque de baterías contamine el puerto con químicos peligrosos, sino que el proceso de evaluación ambiental contamina el tiempo de todos los involucrados con una dosis masiva de papeleo innecesario.

La Consejería de Medio Ambiente ha emitido un dictamen tan extenso que ya ocupa más espacio físico que el futuro parque. Los técnicos se han visto obligados a alquilar una sala de juntas adicional solo para archivar las primeras 200 páginas del estudio. Se estima que, al ritmo actual, el parque estará operativo en el año 2147, justo a tiempo para alimentar las primeras colonias espaciales de Gijón y quizás alguna nave espacial que necesite recalar en el puerto antes de emprender su viaje interestelar.

El estudio ambiental que necesita un estudio ambiental

El Principado ha solicitado incluir Aboño como alternativa, lo cual ha generado un debate filosófico de proporciones épicas. ¿Por qué estudiar el impacto ambiental de un proyecto antes de decidir si el proyecto debe existir? La respuesta, según fuentes bien informadas del gobierno, es simplemente ‘porque sí, y porque el expediente aún no es lo suficientemente abultado’. La lógica es infalible: no se puede decidir sobre el proyecto sin estudiarlo, y no se puede estudiarlo sin tener un proyecto que estudiar, creando así un bucle infinito de trámite.

Aboño, que hasta ahora era conocido principalmente por sus playas doradas y su marisco de primera calidad, ha vuelto protagonista de la actualidad asturiana no por su belleza natural, sino por ser la alternativa emergente para un parque de baterías que aún no sabe dónde quiere instalarse. Los técnicos han comenzado a estudiar el impacto de las baterías en la arena de Aboño, aunque a nadie se le ha ocurrido preguntar si las baterías necesitan playas o si las playas necesitan baterías. Se rumorea que el estudio incluirá un apartado especial sobre el impacto psicológico de la arena en los electrodos.

Aboño y la alternativa no buscada

La inclusión de Aboño en el debate ha convertido al proyecto en un thriller ambiental donde nadie sabe qué pasará mañana. ¿Se instalarán las baterías en Gijón? ¿En Aboño? ¿En un futuro paralelo donde la energía sea gratuita y los trámites sean instantáneos? La incertidumbre es el único recurso renovable que abunda sin restricciones en este proceso administrativo, y cuya producción crece exponencialmente con cada semana que pasa.

Los vecinos de Gijón, que inicialmente celebraban la llegada de la energía del futuro y el fin de los apagones ocasionales, ahora se conforman con ver cómo el proyecto da pasos atrás como un cangrejo cansado y desmotivado. Algunos ciudadanos emprendedores han comenzado a instalar paneles solares en sus balcones no por ecología radical, sino porque confían más en el sol asturiano y su impredecible aparición que en la tramitación ambiental del Principado, que es tan predecible como lenta.

El gobierno autonómico asegura que el retraso es ‘por la seguridad y el rigor técnico’. Traducido al lenguaje real y llano, esto significa que aún no han encontrado la forma de gastar el presupuesto asignado sin terminar el proyecto antes de las próximas elecciones municipales, y que la seguridad del proyecto garantiza que nadie se apure de que funcione.

La burocracia como fuente de energía renovable

Mientras el parque de baterías permanece en estado de letargo administrativo, la maquinaria burocrática ha encontrado su propio combustible. Cada semana se generan más informes, más alegatos de impacto, más comparaciones de costes y más reuniones para coordinar las reuniones anteriores. La energía que se genera en estas oficinas es suficiente para iluminar todo Gijón durante un mes, pero por desgracia se consume en fotocopias, archivadores y suspiros de los técnicos que ya han visto pasar tres gobiernos sin que el proyecto avance ni un centímetro.

Un informe interno, cuyo contenido se mantiene en secreto por razones de ‘seguridad nacional y trámite’, sugiere que el proyecto podría completarse si se encontrara un modo de transformar la frustración acumulada de los funcionarios en electricidad. Hasta entonces, los responsables han optado por un plan piloto consistente en dejar que el expediente crezca orgánicamente hasta alcanzar la estatura de un adulto, y quizás luego lo pongan en una estantería junto a otros expedientes olvidados.

La respuesta ciudadana: optimismo, café y resignación

La sociedad civil de Gijón ha reaccionado con una mezcla de incredulidad y humor negro que ya podría considerarse un recurso natural local. En los bares y cafeterías del centro, el topic de conversación habitual ya no es el tiempo meteorológico o el precio del vino, sino cuántos pasos atrás ha dado el parque de baterías esta semana y si el próximo retroceso será en forma de danza o de marche atrás.

Un grupo de vecinos ha empezado a llevar flores al desierto de papeles donde debería estar el parque, como protesta simbólica por el nacimiento fallido de un proyecto que nunca nacerá y que, sin embargo, ya ha generado más empleo en gestores y tramitadores que el propio parque generaría en técnicos una vez construido. Los humoristas locales ya han preparado una docena de chistes sobre el tema. Uno de los más populares reza: ‘¿Qué diferencia hay entre el parque de baterías de Gijón y un miércoles cualquiera? Que el miércoles al menos termina y promete volver el jueves’.

El presupuesto: una inversión masiva en trámite

El presupuesto asignado al proyecto, que supera el millón de euros, se ha convertido en una inversión masiva en trámite, gastos de oficina y salarios de consultores que solo analizan la viabilidad de analizar viabilidades. Se calcula que el 70% de los fondos se destinan a informes, el 20% a reuniones de coordinación de informes y el 10% a papelería de alta gama que impressione a los inspectores europeos. Los contadores del Principado han confirmado que, si el parque fuera un gasto de papel, ya habría suficiente para construir una segunda Torre del Puerto, una tercera Torre del Puerto y aún una pequeña biblioteca de informes sobre el primer Torre del Puerto.

Un experto en finanzas públicas, que prefiere mantener el anonimato por miedo a represalias administrativas y a no recibir más cartas certificadas, declaró que ‘el parque de baterías es el único proyecto en la historia de Asturias que genera más deuda que energía’. La conclusión es obvia y dolorosa: mientras se discute dónde poner las baterías, la ciudad sigue funcionando con la energía de la esperanza, el café y los enchufes ilegales de los vecinos que ya no confían en la red eléctrica oficial.

El futuro: un horizonte borroso de trámite y esperanza

El futuro del parque de baterías está ahora suspendido en una incertidumbre tan densa que podría usarse como niebla para películas de suspense de baja producción. Los expertos predicen que, si el ritmo actual de tramitación se mantiene, dentro de una década el proyecto podría tener su propio museo dedicado a la historia de su propia demora, con entradas gratuitas para todos los funcionarios que hayan participado en su estudio. Las generaciones futuras de gaditanos aprenderán en la escuela sobre ‘el gran retraso del parque de baterías’ como uno de los hitos culturales del siglo XXI, junto con la invención del café y la democracia.

El destino de Aboño y las baterías del mañana

Mientras tanto, Aboño sigue esperando su momento, probablemente hasta que las baterías evolucionen hasta poder almacenar paciencia, burocracia y optimismo mal disimulado. Los científicos del Principado trabajan en un prototipo de batería que funcione con formularios C-12 y sellos de hulemo, ya que es el único material disponible en abundancia suficiente para alimentar un proyecto de esta envergadura. Se estima que, una vez desarrollada esta tecnología revolucionaria, el parque de baterías podrá finalmente instalarse, aunque para entonces las baterías de hoy ya serán obsoletas y el parque se convertirá en un museo de la tecnología obsoleta.

Conclusión del autor

En resumen, el parque de baterías del Puerto de Gijón se ha convertido en un monumento involuntario a la paciencia, la burocracia y el arte de posponer decisiones importantes hasta que dejen de ser importantes. Mientras tanto, los asturianos siguen esperando un futuro energético que, a este respecto, llega tan lentamente que ya debería contar como energía renovable por sí mismo, alimentado exclusivamente por la frustración acumulada de una ciudad entera que ya conoce de memoria el nombre de cada trámite.

La lección es clara y contundente: antes de almacenar energía eléctrica, hay que almacenar formularios, sellos y al menos tres copias de cada documento. Y mientras tanto, Aboño sigue esperando su momento, las baterías siguen sin parque, y los ciudadanos siguen sin respuestas definitivas. Pero al menos, el trámite nunca se agota, y eso es lo único que en Gijón funciona a pleno rendimiento.