domingo, 18 de octubre de 2026 El diario satírico de Asturias
Gijón · Sátira

Gijón declara 'Zona de Alquimia' en Nuevo Roces tras un año sin farmacia

Ante la falta de ibuprofeno, los vecinos de Nuevo Roces se organizan para crear un sistema de curación por hechizos y pociones de hierbas silvestres.

Gijón declara 'Zona de Alquimia' en Nuevo Roces tras un año sin farmacia
Ilustración generada por inteligencia artificial para Arturo "Arti" Ficial.

En un giro de los acontecimientos que ha dejado a los científicos de la salud en un estado de perplejidad absoluta, el barrio de Nuevo Roces en Gijón ha decidido que, si la administración pública no les proporciona una farmacia en tiempo récord, la comunidad se verá obligada a retroceder en el tiempo hasta la Edad Media. Tras más de un año de espera por una simple botica donde adquirir aspirinas, el vecindario ha declarado oficialmente el estado de “Emergencia Farmacéutica-Mística”, lo que ha dado lugar a la creación de la primera red de curación por rituales y pociones de hierbas silvestres recolectadas en zonas industriales abandonadas.

La situación ha escalado desde que el último vecino con un ibuprofeno en el bolsillo se mudó a un pueblo con servicios básicos, dejando a la población en un estado de vulnerabilidad extrema ante los resfriados comunes y los dolores de espalda derivados de cargar las compras del súper a pie, dado que el acceso a farmacias más cercanas requiere una expedición de tres días y un mapa de tesoros perdido. Los vecinos, cansados de las promesas de la consejería de Salud, han decidido que la ciencia moderna no es la única vía; a veces, un poco de ruda y un conjuro bien articulado son más efectivos que cualquier compuesto químico.

El auge de la Farmacia Herbolaria del Siglo XII

La primera medida tomada por la asociación vecinal ha sido la instalación de un caldero de hierro forjado en la plaza principal, donde un grupo de voluntarios (principalmente jubilados con gran disposición para la magia rústica) se dedica a preparar “elixir de alivio rápido”. Según la nueva normativa del barrio, cualquier vecino que sufra una migraña deberá presentar su síntoma ante el “Gran Maestro de las Hierbas”, encargado de determinar si el dolor es de origen físico, espiritual o simplemente consecuencia de los precios del alquiler.

Los ingredientes son variados y, en ocasiones, bastante dudosos. Se han reportado casos de vecinos tratando sus aftas con una mezcla de mostaza, barro arcilloso y la esencia de “esperanza de barrio”. “Antes teníamos que ir a la farmacia del centro y perdernos en el transporte público, pero ahora, con solo tres gotas de infusión de ortiga y un fuerte aplauso, el dolor desaparece por pura sugestión”, comenta Doña Puri, vecina que ahora posee su propio “kit de botica” compuesto por tres botellas de vidrio y un racimo de plantas que se supone son lavanda, pero que parecen ser simplemente maleza del parcero.

La economía local también se está viendo afectada por esta nueva “gastronomía médica”. Se han abierto puestos de “curas rápidas” donde se venden frascos de agua bendecida con esencia de mentol. Los precios, aunque elevados por la escasez de ingredientes mágicos, son considerados asequibles comparados con el coste de un antibiótico real. El barrio se está convirtiendo en un polo de atracción para turistas que buscan una experiencia “medieval-farmacéutica” auténtica, permitiéndoles experimentar lo que se siente cuando la salud depende del temperamento del vecino que sabe más de botánica que nadie.

El Boticario de la Esquina y sus Pociones de Poder Mágico

No todo es magia negra en Nuevo Roces. Algunos vecinos han optado por un enfoque más “entretenido”. El “Boticario de la Esquina”, un antiguo vendedor de paraguas que ahora se ha reinventado como especialista en “curas por humor”, ofrece una serie de tratamientos basados en chistes de mal gusto y anécdotas de la antigua Gijón. Se dice que la risa es la mejor medicina, y aunque no cura una infección bacteriana, es extremadamente eficaz para olvidar que no tienes pastillas para la fiebre.

El protocolo de atención es riguroso: el paciente entra en la tienda, el boticario le cuenta tres chistes sobre el ayuntamiento y, si el paciente se ríe al menos una vez, se le otorga un “vale de bienestar” que consiste en un abrazo grupal de tres vecinos y una bolsa de caramelos de menta. Este método ha sido recibido con entusiasmo por la asociación vecinal, que lo considera una alternativa viable a la farmacopea tradicional. “Es una cuestión de prioridades. Si no podemos tener un parafernalia de medicamentos, al menos vamos a tener un sistema de salud basado en la comedia de situación”, explica el portavoz de la asociación, mientras se ajusta su capa de lana sintética.

Sin embargo, la situación se complica cuando los síntomas son más graves. En esos casos, la comunidad recurre al “Protocolo de la Vecina Solidaria”, que consiste en llamar a la vecina del segundo piso para que les preste el termómetro que tiene guardado desde la crisis del COVID, o en pedirle a alguien que, con mucho esfuerzo, vaya en bicicleta hasta la farmacia más cercana, un viaje que se describe en los folletos del barrio como una “expedición heroica de reconocimiento de fronteras”.

La llegada del Curandero de la Plaza como alternativa al seguro médico

Con la creciente demanda de soluciones mágicas, el barrio ha visto la llegada de un nuevo personaje: el “Curandero de la Plaza”. No se sabe exactamente de dónde viene, pero tiene una colección impresionante de cristales de cuarzo y una capacidad asombrosa para convencer a la gente de que sus dolores de rodilla son en realidad “bloqueos energéticos causados por la falta de luz mediterránea en el norte”. El curandero cobra en trueques, aceptando principalmente productos de la huerta, recados de mensajería y una cantidad indeterminada de agradecimientos sinceros.

Los “tratamientos” del curandero incluyen baños de sal marina (que en realidad es sal de mesa con mucha agua), meditación grupal frente a los contenedores de reciclaje y sesiones de “purificación de aura” mediante el uso de un ventilador de suelo y un par de palos de incienso que huelen sospechosamente a barbacoa. A pesar de la falta de base científica, la fila para sus servicios es interminable. Los vecinos, desesperados por el simple hecho de poder poner una tirita o tomar algo para el dolor de muelas, ven en el curandero una válvula de escape necesaria frente a la burocracia sanitaria.

La estrategia de marketing del curandero ha sido impecable. Ha instalado carteles en las entradas del barrio que anuncian “Sanación Holística para el Vecino Desesperado”, donde la palabra “farmacia” está prohibida por ley local para no ofender a la Consejería de Salud. En su lugar, utiliza términos como “Refugio de Bienestar Espiritual” y “Centro de Recuperación de Energías Vitales a través del Tratar”. La comunidad, dividida entre la resignación y la fe absoluta, parece haber aceptado que el camino hacia la salud en Nuevo Roces ya no pasa por la química, sino por la voluntad, los cristales y una buena dosis de imaginación colectiva.

En conclusión, la situación en Nuevo Roces es un testimonio sin precedentes de la resiliencia humana (o de la falta total de medicamentos). Mientras el resto de Gijón disfruta de la comodidad de las farmacias modernas, los vecinos de este barrio se están convirtiendo en los pioneros de una nueva era de salud mística. Si el ayuntamiento y la consejería no actúan pronto para abrir una farmacia real, el barrio podría declarar su independencia total, creando su propia moneda basada en las “Curas de Humor” y estableciendo un sistema sanitario donde la única receta válida sea una buena intención y un cuenco de caldo caliente.

Por ahora, los habitantes de Nuevo Roces siguen adelante con su determinación. Cada vez que alguien estornuda, hay un pequeño momento de tensión y un voluntario corriendo con la purificadora de auras. Es una historia de supervivencia, de humor ante la adversidad y de una lección importante para todos nosotros: cuando el sistema falla, la magia de la comunidad (y un buen caldero de hierro) es la única medicina que queda disponible. ¡Que la fuerza de las hierbas silvestres y los chistes de mal gusto estén con vosotros todos los días!

Finalmente, se espera que la próxima reunión vecinal incluya la designación oficial de una “Calle de las Pociones” y la posible creación de un certificado de “Boticario de Barrio”, permitiendo que cualquier vecino con conocimientos básicos de jardinería pueda zertificar oficialmente que la mezcla de ajo y vinagre es apta para el tratamiento de infecciones leves de garganta. ¡Que empiece la revolución farmacéutica de Nuevo Roces!