Oviedo entrena a ciudadanos para la 'Amabilidá' como arma de defensa estratégica
Oviedo se prepara para la Capital Europea de la Cultura con la 'Amabilidá' como arma estratégica y un entrenamiento tipo oposición.
a una oposición de acceso a funciones públicas. Un examen riguroso en el que el equipo de Oviedo 2031 ha tenido que demostrar no solo creatividad, sino también capacidad logística, política y pedagógica para convencer al comité evaluador del Ministerio de Cultura de que Asturias es el lugar ideal para la cultura del siglo XXI.
El despertar de la “Amabilidá” como defensa nacional
La situación en Oviedo ha llegado a un punto de ebullición tal que el concepto de “Amabilidá” ha dejado de ser una simple virtud ciudadana para convertirse en un arma de defensa estratégica. Según fuentes cercanas al proyecto dirigido por Aida San Juan, el nivel de exigencia ha sido tan elevado que los funcionarios municipales están practicando la amabilidá de forma intensiva las 24 horas del día. Se habla de un “ejército de la amabilidad” que patrulla las calles de la capital, asegurándose de que nadie use un tono de voz demasiado brusco al pedir un café o al quejarse del precio de la sidra.
Este fenómeno, que algunos expertos llaman “Gentrificación de la Cortesía”, ha generado pequeños incidentes diplomáticos en los que los ciudadanos han sido obligados a sonreír de manera reglamentaria ante cualquier contratiempo. Si un semáforo no cambia o un autobús llega tarde, el ciudadano tiene la obligación moral y cultural de responder con una sonrisa de “Amabilidá” nivel 5, de lo contrario, podría perder puntos en su currículum de participación ciudadana para la Capitalidad Europea.
La “Oposición” que convirtió a los artistas en soldados
La descripción de San Juan sobre la candidatura como una “oposición” no es una metáfora, es la realidad técnica y espiritual del proceso. Los artistas residentes en los centros educativos no están simplemente pintando murales; están entrenando en las “Escuelas de Resistencia Amable”. En estas instituciones, los creadores deben superar pruebas de resistencia, como pasar tres horas en un centro escolar sin usar un solo adjetivo negativo o decorar un aula usando solo colores que transmitan “paz profunda y solidaridad radical”.
El secretismo que rodea al programa definitivo es casi comparable a los planes de guerra de las potencias mundiales. Se dice que el “bidbook” de Oviedo está protegido por protocolos de seguridad tan estrictos que incluso los pájaros de la ciudad han sido instruidos para no cagar sobre las copias impresas de la memoria cultural. Cualquier filtración de contenido podría provocar una crisis de nervios en el comité de selección, que ya está bajo mucha presión por la competencia de ciudades como Granada y Las Palmas, que presuntamente están entrenando a sus poblaciones en la técnica de la “Cortesía Agresiva”.
El legado de la amabilidad: ¿Un futuro de sonrisas obligatorias?
Más allá de las medallas y los logotipos, el proyecto busca un legado permanente que transforme a Oviedo en una utopía de la convivencia. Pero los críticos —que suelen hablar en voz baja para noству ser sancionados por falta de amabilidad— advierten sobre las consecuencias a largo plazo. ¿Qué sucederá cuando la amabilidad sea un requisito para acceder a la sanidad pública o para pagar las facturas de la luz? ¿Podrán los habitantes de la capital mantener el nivel de cortesía requerido cuando el precio del pan suba un 20%?
La candidatura de Oviedo 2031 promete un territorio más tolerante, inclusivo e integrador, pero también plantea una pregunta existencial para la capital asturiana: ¿somos capaces de ser amables por elección, o estamos a punto de convertirnos en una sociedad donde la sonrisa es una obligación tributaria? La defensa del proyecto en el Ministerio de Cultura será el campo de batalla donde se decidirá si la amabilidad es un derecho ejercible o un examen de oposición que todos estamos obligados a aprobar por el bien del prestigio europeo.
En resumen, la capital asturiana se prepara para un despliegue cultural sin precedentes, donde la principal tecnología no será la realidad mixta ni la inteligencia artificial, sino la capacidad humana de decir “por favor” con la intensidad de un grito de guerra y “gracias” con la dignidad de una oda épica. Oviedo no solo quiere la cultura; quiere la bendición de la civilización mediante el poder supremo de la cortesía absoluta.