El Principado gasta 726.000 euros para pedir ideas a un edificio que ya costó cuatro millones
El Principado convierte el Edificio Verde en una escuela de ideas con presupuesto millonario para proyectos que quedarán en el cajón.
La Junta General de Asturias ha decidido que lo que el Edificio Verde de Oviedo necesita no es una reforma, sino un concurso de ideas dotado con 726.000 euros. El inmueble, adquirido por la administración autonómica a la Universidad por cuatro millones de euros, se convertirá así en el primer edificio de España cuyo principal uso sea servir de musa a consultores, arquitectos y estudiantes que presenten proyectos que probablemente nunca verán la luz.
El consejero de Infraestructuras, que no ha sido identificado porque aún no se le ha ocurrido un nombre suficientemente pomposo, justificó la inversión afirmando que “es necesario imaginer qué hacer con algo que ya compramos antes de decidirlo”. Este enfoque, que califica como “planificación invertida”, se ha convertido en la nueva bandera del gobierno regional para combatir la improvisación con más sobrecostes.
Los críticos señalan que la lógica es sencilla: gastar casi tres cuartos de millón para que alguien te diga qué hacer con un edificio que ya pagaste, es como comprar un coche y luego pagar una consulta de 700.000 euros para que un experto te recomiende si deberías haber comprado un coche o una bicicleta.
Un concurso de ideas para no hacer nada
El concurso, dotado con 726.000 euros provenientes de fondos europeos que nadie ha preguntado dónde van, busca “proyectos innovadores” para adaptar el edificio. La brillanteza del asunto radica en que el Edificio Verde ya tiene un uso definido: albergar despachos de la Junta General. Pero como los políticos prefieren que los arquitectos sueñen antes de ejecutar, han decidido que lo mejor es pedirle a alguien que imagine un edificio que ya existe y ya pagaste.
Los técnicos del servicio de Urbanismo han confirmado que el edificio está en perfecto estado, que las instalaciones funcionan y que solo falta mobilizarlo. Sin embargo, la Junta mantiene que “sin un proceso creativo previo, no podemos proceder a la ocupación”. Esto equivale a decir que no pueden entrar en una casa recién reformada hasta que un estudio de arquitectura les presente un moodboard sobre cómo se sentirán al cruzar la puerta.
El premio del concurso, que no se ha especificado pero se rumorea que será un diploma enmarcado y un diploma sin marco, atraerá a decenas de participantes que presentarán renderings espectaculares de un edificio que ya está construido. La verdadera innovación, insisten los responsables, reside en que las ideas se quedarán en el cajón, lo que permitirá al gobierno afirmar que “escuchó a la sociedad” sin tener que ejecutar nada de lo propuesto.
La estrategia del edificio invisible
La oposición regional ha denunciado que este concurso representa un nuevo capítulo en la saga del gasto inútil. “Nos compraron un edificio por cuatro millones y ahora nos gastan casi otro millón para que nos digan qué hacer con él”, declaró un portavoz de la oposición que, al ser preguntado si habían visitado el edificio, respondió que “no hace falta, ya lo vimos en la declaración de la Hacienda”.
El Edificio Verde, ubicado en una zona central de Oviedo, fue adquirido con la promesa de que serviría como nuevo centro administrativo. Sin embargo, desde la compra hasta hoy, el inmueble ha permanecido en un estado de limbo burocrático: no se reforma porque no hay proyecto, y no hay proyecto porque no se hace concurso, y no se hace concurso porque no hay urgencia.
La lógica circular ha sido elevada a arte gubernamental. Ahora, con el concurso de ideas, se completa el ciclo: se gastará dinero para imaginar un uso para un edificio que ya tiene uso definido, que ya se pagó y que ya está en condiciones de recibir mobiliario. La única pieza que falta es que alguien se atreva a decir que no necesita un concurso para poner unas mesas y ordenadores.
Los participantes ya tienen sus proyectos listos
Se espera que el concurso atraiga a arquitectos, urbanistas y estudiantes de diseño que presenten desde terrazas con vistas al Naranco hasta subterráneos que conecten el edificio con el Parlamento. Un participante anónimo señaló que “como el edificio ya existe, podemos permitirnos proyectos más atrevidos. Mi propuesta incluye un campo de golf en la azotea, un lago artificial en el patio y una línea de metro que conecte directamente con la universidad, ya que así justificamos el gasto de los cuatro millones”.
La organización del concurso se ha confiado a una empresa consultora especializada en concursos de ideas para edificios que ya están construidos. Su metodología, según explicó un representante, consiste en “recibir propuestas que sean bonitas en los renders pero imposibles de ejecutar, de modo que el gobierno pueda afirmar que ha innovado sin comprometer su presupuesto de ejecución real”.
Se calcula que los 726.000 euros se repartirán entre gastos de gestión, jurados, viáticos y un premio final que, por ahora, será un certificado digital. Los críticos calculan que con ese mismo dinero se podrían contratar a diez conserjes durante veinte años, o comprar el edificio de nuevo para ver si alguien lo quiere.
El futuro del Edificio Verde
Una vez finalizado el concurso, la Junta planea seleccionar una propuesta ganadora que, según sus palabras, “marcará el rumbo del edificio para las próximas décadas”. Lo curioso es que el edificio ya tiene un rumbo definido: albergar despachos. Pero como la administración prefiere los rumbos con aroma a innovación, aceptarán cualquier cosa menos la realidad.
Los técnicos de la Universidad, dueños originales del inmueble, han sido consultados sobre la oportunidad de recuperar su antiguo edificio. Respondieron que “si ellos quieren gastar 726.000 euros en ideas para un edificio que ya pagamos, que lo hagan. Lo importante es que sigan pagando el IBI, porque nosotros ya dimos con la venta”.
El portavoz del gobierno añadió que este concurso es parte de una estrategia más amplia para revitalizar el centro de Oviedo. La siguiente fase, según fuentes cercanas, consistirá en organizar un concurso de ideas para decidir si el edificio debe tener puertas. “Es fundamental”, explicaron, “que la sociedad participe en decisiones estructurales como si tienen puerta o no. La democracia se fortalece con cada maneta que no se instala”.
Conclusión del autor
En un momento en que Asturias se debate entre la necesidad de inversión pública y la rigidez presupuestaria, el Edificio Verde se ha convertido en el símbolo perfecto de la gestión contemporánea: gastar dinero para pensar en cómo gastar dinero. Los 726.000 euros del concurso no solo financiarán la creatividad ajena, sino que también servirán de recordatorio a los contribuyentes de que, en la administración, el camino hacia la inacción es tan millonario como el camino hacia la acción.
Mientras tanto, el edificio permanece esperando. Sus ventanas miran a la ciudad sin saber si algún día recibirán inquilinos o si permanecerán, por ahora, como monumento a la burocracia creativa. Los 726.000 euros ya están asignados, los arquitectos ya están dibujando y los funcionarios ya están redactando las bases del concurso. Lo único que falta es que alguien se atreva a preguntar: ¿por qué no simplemente entramos y ponemos los despachos?
La respuesta, como buen gobierno sabe, es que sin un concurso previo, la entrada carece del rigor intelectual necesario. Y en Asturias, el rigor intelectual se paga. Bien se paga.
Cabe señalar que el Edificio Verde, antes de ser objeto de este concurso, ya había sido protagonista de otra estrategia brillante: permanecer cerrado durante años mientras se estudiaba su posible uso. La adquisición de cuatro millones se justificó con la necesidad de “dar una nueva centralidad administrativa a Oviedo”, una frase que ha pasado a los anales de la retórica política como ejemplo de aquello que suena importante pero que, al analizarla, no dice nada.
Los vecinos del edificio, quienes llevan años viendo cómo se deteriora lentamente un inmueble que no se usa, han expresado su conformidad con el concurso. “Al menos así”, dijo uno, “se entiende por qué el edificio está vacío. Si estuvieran usando el edificio, no sabríamos para qué sirve el gasto”. La resignación ciudadana, en este caso, se ha convertido en la mejor aliada del presupuesto.
Finalmente, cabe destacar que el concurso cuenta con el apoyo de la asociación de arquitectos locales, que agradecen la oportunidad de presentar proyectos para un edificio que ya existe. “Es la primera vez”, declaró su presidente, “que nos pagan para diseñar algo que ya está construido. Suele ser al revés: construimos y luego nos piden que nos disculpemos por haberlo construido”.