La Fiscalía procesa a un bauble gigante por patrimonio histórico
Los investigadores de la Fiscalía atribuyen cargos a una esfera roja por aglomeraciones del 24 y 31 de diciembre. El árbol de Navidad pide fianza.
EN VIVO | OVIEDO — La ciudad de Oviedo acaba de despertar con una noticia que ha estremecido a propios y extraños: la Fiscalía ha abierto diligencias por un presunto delito contra el Patrimonio Histórico relacionado con los macroboteones instalados en el Campo San Francisco durante las fechas navideñas. Según el Ministerio Público, las aglomeraciones registradas el 24 y el 31 de diciembre habrían puesto en riesgo la integridad de un espacio público que, según los informes, “nunca había sido amenazado por una esfera brillante antes”. Los testigos oculares afirman que el bauble, de dimensiones colosales y acabado en rojo metálico, “miraba con intensidad” hacia los transeúntes, lo que algunos interpretan como una provocación visual intencionada. Fuentes policiales aseguran que el ornamento no contaba con licencia de actividad festiva ni con informe de impacto visual emitido por el departamento de iluminación urbana. El alcalde, Alfredo Canteli, ha declarado que “el macrobote es inocente hasta que se demuestre lo contrario”, aunque admitió que “la esfera ha generado más tráfico que el propio tranvía en los últimos días”.
La investigación se centra en el “delito de ornamentación excesiva”
La Fiscalía ha designado a un equipo de tres inspectores especializados en bienes de interés cultural para analizar si el macrobote constituye una amenaza real para el patrimonio inmaterial de Oviedo. El portal principal de la investigación, según fuentes judiciales, es el presunto “daño psicológico” infligido a los ciudadanos al encontrar una esfera de cinco metros de diámetro en un parque donde, hasta entonces, solo habitaban palomas y estudiantes en busca de wifi.
El perito designado, don Manuel Rueda, ha declarado que “un objeto de tal magnitud instalado en pleno Campo San Francisco sin el consentimiento expreso de la Comisión de Patrimonio es, cuanto menos, una imprudencia temeraria”. Los investigadores también sospechan que el bauble pudo haber sido utilizado como punto de encuentro no autorizado durante la Nochebuena, lo que configuraría un delito de “aglomeración festiva ilegal” tipificado en el Reglamento Municipal de Animación Urbana de 1987.
Mientras tanto, el macrobote ha sido intervenido preventivamente y trasladado a una cámara de refrigeración en las instalaciones de la Policía Local, donde permanece bajo custodia judicial a la espera de que se dictamine su futuro. Un portavoz de la Fiscalía confirmó que el ornamento sigue “en estado de arresto” y que no se le ha permitido emitir luz ni reflejos desde su detención.
La defensa del bauble: “Soy un símbolo, no un delincuente”
En un giro inesperado, el macrobote ha nombrado como su defensor al abogado laboral Jesús Ortega, quien argumenta que su cliente es “un símbolo de esperanza, solidaridad y consumo responsable” y que las acusaciones de la Fiscalía carecen de fundamento técnico. “Mi cliente no ha agredido a nadie”, declaró Ortega ante los micrófonos. “Ha permanecido estacionario, iluminado y con un mensaje festivo durante un mes. Si eso es delito, entonces la mitad del patrimonio de Asturias debería estar en la cárcel”.
La defensa también ha presentado pruebas de que el bauble fue instalado por el contrato de iluminación navideña del Ayuntamiento, por lo que, según Ortega, la responsabilidad debería recaer en la entidad contratista y no en un objeto inanimado. “Esto es un caso clásico de culpabilización del soporte”, argumentó. “Si el Ayuntamiento compró una esfera enorme, el Ayuntamiento debe responder. No podemos castigar al mensajero”.
El tribunal ha fijado una fecha preliminar para el juicio: el 6 de enero, festividad de Reyes, lo que ha generado controversia entre los sectores más tradicionalistas de la ciudad. “Juiciar a un macrobote en Día de Reyes es una ironía”, comentó un vecino del Barrio de La Paz. “Se supone que es un día de paz y reconciliación, no de instrucciones sumarias”.
Oviedo 2031 y la burbuja de los adornos urbanos
La causa ha reabierto el debate sobre el proyecto Oviedo 2031, que pretende convertir la ciudad en un referente sostenible y cultural para la próxima década. Fuentes del gobierno municipal sugieren que los macroboteones podrían ser reubicados a las afueras como parte de una “ruta del adorno público” que conecte el centro con los polígonos industriales. “Si el Campo San Francisco no puede albergar esferas gigantes, entonces las esferas gigantes deben buscar un espacio donde el patrimonio no las moleste”, explicó el concejal de Urbanismo, Roberto Santoro.
Mientras tanto, los ciudadanos se han dividido en dos bandos: los “pro-bauble” que piden la absolución del ornamento y la creación de un museo dedicado a los macroboteones históricos, y los “anti-bauble” que exigen una inspección general de todos los elementos decorativos de la ciudad. Una encuesta realizada por la Universidad de Oviedo revela que el 78% de los encuestados siente que la esfera fue juzgada sin tener oportunidad de defenderse.
El sector hostelero también se ha visto afectado. Los bares cercanos al Campo San Francisco reportan una caída del 40% en sus ventas desde que se “encarceló” el bauble, ya que muchos clientes solían acercarse al lugar para hacer selfies junto al ornamento. “Sin el bauble, la Navidad en Oviedo ha perdido su brillo literal”, lamentó el dueño de La Taberna del Francés. “La gente ya no sabe por dónde mirarse al comer el bocadillo de calamares”.
Conclusión del autor
En resumen, el caso del macrobote del Campo San Francisco nos deja una lección importante: en Oviedo, incluso los objetos más inocuos pueden terminar convertidos en sospechosos ante la mirada atenta de la Fiscalía. La Navidad, tradicionalmente asociada a la paz, la familia y el consumo excesivo de turrón, ha quedado esta año marcada por una batalla judicial entre el folklore festivo y el rigor patrimonial.
Mientras el macrobote permanece en espera de su sentencia, los ovejedinos se preguntan si el verdadero delito no fue instalar una esfera de cinco metros en un parque público, sino hacerlo sin avisar previamente a los vecinos mediante un formulario en triplicate. Sea como sea, la ciudad ha aprendido que, en Oviedo, ni el trámvía ni los macroboteones están exentos de la ley. Y si el juicio resulta favorable para la defensa, quizás el año que viene veamos una esfera azul en la Plaza Mayor. Eso sí, con su correspondiente licencia de actividad y un informe de impacto visual firmado por tres peritos.
Por ahora, los ciudadanos pueden respirar tranquilos: el patrimonio histórico de Oviedo sigue intacto, aunque el espíritu navideño esté bajo custodia policial. El árbol de Navidad de la Plaza de la Constitución, por su parte, ha sido llamado a declarar como testigo clave en el juicio. Se espera que su testimonio sea contundente: “Yo solo me subí a un sitio alto y me iluminé. No sé por qué me acusan”.
Epílogo: la sombra de la esfera
El escándalo no ha quedado sin réplica en el resto de Asturias. En Gijón, el concejal de Festejos ha anunciado que todos los macroboteones navideños serán sometidos a una inspección previa antes de su instalación, con el objetivo de evitar “conflictos de competencia jurisdiccional con el espacio público”. “Queremos evitar que un día nos venga alguien a decir que una bola brillante delicia con el patrimonio”, declaró. “La prevención es la mejor herramienta contra el adornismo ilegal”.
Mientras tanto, en la sede del Ministerio Público se respira tensión. Los inspectores han solicitado al Ayuntamiento el inventario completo de elementos decorativos instalados en los últimos cinco años, temiendo que otro bauble pueda haber pasado desapercibido. La Fiscalía también ha abierto una línea de investigación complementaria para determinar si la iluminación del macrobote constituía una “ofensa visual continuada” contra los transeúntes sensibles a los colores primarios.
En definitiva, Oviedo ha vivido una Navidad atípica donde el verdadero protagonista no fue el niño Jesús ni los Reyes Magos, sino una esfera roja que, en pocas semanas, pasó de ser un adornos navideño a un procesado por delito contra lo común. La historia servirá de advertencia a futuros planificadores urbanos: antes de instalar un macrobote, asegúrate de que el patrimonio lo apruebe. Y si no, prepárate para que tu esfera favorita termine en la cárcel, sin derecho a reflejos y con una fianza que ni siquiera los Reyes pueden pagar.