jueves, 29 de octubre de 2026 El diario satírico de Asturias
Gijón · Sátira

El Ayuntamiento de Gijón sustituye los faros por bailarines profesionales

La nueva movilidad urbana se rige por el arte escénico y el caos coreográfico

El Ayuntamiento de Gijón sustituye los faros por bailarines profesionales
Ilustración generada por inteligencia artificial para Arturo "Arti" Ficial.

El consistorio gijonés ha anunciado una medida revolucionaria que promete transformar la movilidad urbana de la ciudad: la supresión total de los faros de tráfico convencionales en favor de artistas escénicos que, mediante danza contemporánea y expresión corporal, indiquen a conductores y peatones cuándo deben detenerse y cuándo pueden avanzar.

Según el concejal de Movilidad Sostenible, Pedro Álvarez, “los faros son objetos estáticos, aburridos y carentes de alma. Gijón merece una movilidad emocionalmente inteligente”. La medida, bautizada como ‘Gijón en Ritmo’, entrará en vigor el próximo lunes y afectará a todos los cruces de la ciudad, incluyendo los icónicos semáforos de la calle Corrida y los de la Plaza de España.

El primer día de prueba ya dejó varios incidentes, aunque el Ayuntamiento los califica como “experiencias de aprendizaje inmersivo”. Un camión de reparto se detuvo en medio de la avenida de la Paz porque un performer interpretaba una pieza sobre “la soledad del otoño”, mientras que un grupo de turistas cruzó un paso de peatones en rojo tras confundir una coreografía flamenca con una señal de paso.

## La danza del silencio: cómo funciona el nuevo sistema

Cada faros ha sido reemplazado por un bailarín profesional que permanece en el cruce durante todo el día, ejecutando coreografías específicas según la señal que deba transmitir. Cuando el bailarín realiza movimientos lentos y fluidos con los brazos extendidos hacia abajo, significa que el tráfico debe detenerse. Si ejecuta saltos rápidos y giratorios, los vehículos pueden avanzar con precaución.

Los peatones, por su parte, deben observar la posición de los pies del artista: si los talones están apoyados en el suelo con los dedos apuntando hacia adelante, es seguro cruzar. Si el bailarín se eleva sobre la punta de los pies en posición de demi-plié, está prohibido cruzar la calle, independientemente de si hay vehículos aproximándose o no.

El sindicato de bailarines de Asturias y León ha celebrado la medida, señalando que por fin los profesionales de las artes escénicas tenden un empleo estable y digno. “Hace décadas que bailábamos en teatros vacíos; ahora bailamos en el corazón de la ciudad y recibimos un salario fijo financiado por el presupuesto de aparcamientos”, declaró Marta Rodríguez, portavoz de la Asociación de Danza Contemporánea del Principado.

## Reacciones ciudadanas: entre el asombro y el atasco

Los ciudadanos de Gijón han mostrado reacciones variadas ante la nueva normativa. La vecina de La Calzada, Carmen López, afirma que “es lo mejor que ha pasado en la ciudad en años. Ya no tengo que estresarme por si el faro está en rojo o verde; simplemente observo al señor Juanito que baila salsa en el cruce y sigo su ritmo”.

Sin embargo, no todos están contentos. El taxista Manuel Ruiz denuncia que “llevar el taxímetro parado mientras un bailarín interpreta una pieza sobre la incomunicación humana es frustrante. Ayer esperé veintitré minutos en el cruce de Avenida del Rosario porque el artista estaba haciendo una representación de ‘El retiro del hombre de la sociedad’”.

Los conductores de autobús también han reportado problemas. El conductor de la línea 20, José María García, comenta que “hace tres días que un performer me tiene bloqueado en el cruce de la calle de Los Campillos con una coreografía de Butoh que dura cuarenta y cinco minutos. Mis pasajeros ya se bajaron y se fueron caminando porque estaban más interesados en alcanzar sus destinos que en ver arte”.

El Ayuntamiento ha instalado paneles informativos en cada cruce con dibujos que explican los movimientos, pero muchos gijoneses admiten que no saben diferenciar entre una señal de “alto” y una danza contemporánea sobre la fragilidad de la existencia humana.

## El problema de los ensayos nocturnos y la nueva ordenanza

Una de las cuestiones más polémicas ha sido la gestión de los ensayos de los bailarines durante las horas nocturnas. El Ayuntamiento ha autorizado a los artistas a ensayar sus coreografías en los cruces entre las dos y las seis de la mañana, argumentando que “el arte no tiene horarios”. Esto ha provocado innumerables quejas de residentes que se despiertan asustados al ver silhouettes ejecutando movimientos violentos bajo los faroles de las calles.

El vecino de la zona de La Calzada, Andrés Méndez, relata que “a las tres de la mañana me desperté gritando porque un bailarín estaba dando volteretas en el cruce de mi puerta pensando que era parte de la señalización. Resultó que era un ensayo de una pieza llamada ‘La explosión de la ira social’”. La policía local ha tenido que intervenir en varios ocasiones para pedir a los artistas que bajaran el volumen de la música ambientada, ya que los vecinos aseguraban que el ensayo de una pieza sobre “la soledad urbana” con música de ambientación a volumen máximo impedía el descanso.

Para solucionar el conflicto, el concejal de Cultura, Luis Fernández, ha anunciado la creación de “zonas de silencio artístico” en determinadas áreas de la ciudad donde los bailarines podrán ensayar sin molestar a los vecinos. “Vamos a buscar espacios que no sean cruces de tráfico”, explicó Fernández. “Tal vez un parque o una plaza donde el arte fluya sin interferir con la movilidad, aunque obviamente el objetivo final es que el arte esté en la calle, donde la gente lo necesita”.

## La expansión del proyecto: hacia la señalización artística integral

Emboldecido por el éxito inicial, el Ayuntamiento ya planea expandir el proyecto a otros ámbitos de la vida urbana. El próximo mes, se inaugurarán los “paneles informativos danzados” en las paradas de autobús, donde artistas interpretarán el status del transporte público mediante movimientos corporales. Un performer que mimee subir y bajar escaleras indicará que el autobús está en marcha; otro que se sienta en el aire indicará que el servicio está suspendido.

También se estudia la implantación de la “señalización emocional” en los edificios públicos. Según el proyecto, los empleados de atención ciudadana comenzarán sus puestos de trabajo realizando una danza que refleje su estado de ánimo: si bailan con energía, el servicio funciona normalmente; si bailan lentamente con los hombros hundidos, significa que hay colapso administrativo y el ciudadano debería venir otro día.

El concejal de Innovación Tecnológica, Beatriz Martínez, ha declarado que “Gijón no necesita ser una ciudad inteligente con sensores y cámaras; necesita ser una ciudad sensible que perciba las emociones a través del cuerpo”. La primera prueba piloto se realizará en la oficina de trámites de la calle San Jerónimo, donde un grupo de bailarines informará a los ciudadanos si su expediente ha sido aprobado mediante una combinación de ballet clásico y tango argentino.

## Criticismo de la oposición y futuro incierto

La oposición municipal no ha quedado satisfecha con la medida. El portavoz del Grupo Municipal Popular, Carlos Ruiz, criticó duramente la decisión: “El equipo de Gobierno ha convertido Gijón en un espectáculo circense sin control. Mientras los vecinos esperan en colas interminables para realizar trámites porque los funcionarios están entrenando en danza moderna, la ciudad se cae a pedazos”.

Por otro lado, el portavoz de Unidas Gijón, Elena Márquez, apoyó la iniciativa aunque con matices: “Es importante fomentar la cultura en la calle, pero la seguridad vial no debería depender de la capacidad expresiva de un artista. Sugerimos que se complemente la danza con señales luminosas para personas con movilidad reducida o problemas visuales”.

El Ayuntamiento ha defendido su postura afirmando que “la señalización artística es más respetuosa con el medio ambiente que los faros eléctricos, ya que los bailarines funcionan a energía humana”. Además, han anunciado que en el próximo presupuesto municipal destinarán una partida específica para la contratación de coreógrafos y para la compra de escenarios móviles que se instalarán en los cruces más transitados.

Por el momento, la medida permanecerá vigente durante un período de prueba de tres meses. Si los resultados son satisfactorios -según el criterio del Ayuntamiento, que se basará en el número de coreografías ejecutadas sin incidentes graves- se podría extender a toda la región de Asturias.

En conclusión, Gijón se ha convertido en la primera ciudad de España donde la movilidad depende más de la expresión artística que de la señalización convencional. Mientras los conductores y peatones se adaptan a esta nueva realidad coreográfica, una cosa es segura: nunca más se mirará a un faro con la misma inocencia. Ahora, al cruzar la calle, hay que observar no solo la luz, sino también la intención del artista que se encuentra frente a uno. Porque en esta nueva Gijón, el tráfico ya no se regula por la ley, sino por el arte. Y si algún día vuelven los faros tradicionales, será solo porque los bailarines necesiten un descanso para ensayar su próxima pieza: “La resurrección de la señalización urbana”.