Gijón gasta 3,7 millones en asfaltar calles que nadie usa
El Ayuntamiento invierte millones en pavimentar vías mientras los vecinos siguen preguntando qué es eso de asfaltar
El Ayuntamiento de Gijón ha anunciado una inversión histórica de 3,7 millones de euros para asfaltar 111 calles y 45 caminos rurales, una medida que ha dejado a los vecinos boquiabiertos tras años de preguntarse qué es eso de “asfaltar” y si existe fuera de los libros de texto de geografía. El edil de Infraestructuras Urbanas y Rurales justificó la inversión afirmando que “el aglomerado de muchas calles de Gijón está llegando al final de su vida útil”, lo que ha generado dudas existenciales entre los ciudadanos: ¿las calles también envejecen? ¿Tienen fecha de caducidad? ¿Se pueden renovar como las licencias de conducir?
La medida llega después de décadas de gobiernos locales prometiendo “mejorar la conectividad viaria” sin que nadie entendiera si se refería a conectar las calles entre sí o simplemente a que hubiera más de ellas. Ahora, con el asfaltado masivo, Gijón da un paso hacia la modernidad, aunque muchos vecinos se preguntan si lo que realmente necesitaban era que las calles tuvieran nombre, señalización o al menos que no se parezcan a pistas de obstáculos después de la lluvia.
El misterio de los 45 caminos rurales
Uno de los aspectos más enigmáticos del plan es la inclusión de 45 caminos rurales en el paquete de asfaltado. Los caminos rurales, por definición, son vías que transitan por el campo y que suelen caracterizarse por no estar asfaltados precisamente para mantener su carácter rural. Sin embargo, el Ayuntamiento ha decidido llevar la civilización al campo a golpe de tarima, convencido de que los agricultores y ganaderos del entorno de Gijón necesitan desesperadamente que sus terrenos se conviertan en autopistas de seis carriles.
Los vecinos rurales han expresado su confusión: “Siempre supimos que vivíamos en el campo porque no había asfalto”, comenta un afectado. “Ahora que nos van a poner tarima, ¿seguiremos siendo rurales o pasamos a ser urbanos de segunda categoría? ¿Pagaremos IBI por el camino que da a nuestra finca?”. La respuesta oficial es que el asfaltado mejorará la “accesibilidad” de estos caminos, aunque nadie ha explicado todavía cómo van a mejorar la accesibilidad de una vía que solo llevan unos pocos tractores al año y que, en su mayoría, solo sirve para que los vecinos paseen al perro sin que se les mojen las zapatillas.
La vida útil de las calles: un debate filosófico
La declaración del edil sobre que “el aglomerado de muchas calles de Gijón está llegando al final de su vida útil” ha abierto un nuevo debate filosófico en la ciudad. ¿Cuánto tiempo dura una calle? ¿Se desgasta por el uso o por el abandono? ¿Una calle puede morir de vejez si nadie la usa? Los ciudadanos se han tomado esta afirmación al pie de la letra y ahora temen que sus calles de toda la vida, aquellas por las que han pasado durante décadas, puedan de repente declarar la bancarrota y dejar de existir.
La concejalía ha tenido que aclarar que la “vida útil” de una calle no es un concepto biológico, sino que se refiere al deterioro del pavimento debido al tráfico, la inclemencia meteorológica y el paso del tiempo. Sin embargo, esto no ha calmado los ánimos de los vecinos más dramáticos, que ya están organizando despedidas para sus calles favoritas. “Paseaba por esta calle cada día”, lamenta un residente del centro. “Ha sido testigo de mis alegrías y mis tristezas, y ahora me dicen que está en sus últimos meses. ¿Quién me va a escuchar las penas ahora?”.
El presupuesto: ¿inversión o espectáculo?
Los 3,7 millones de euros destinados a esta operación han generado debates sobre las prioridades municipales. Mientras el gobierno local celebra la “mejora sustancial” de la red viaria, muchos vecinos señalan que con ese dinero se podrían resolver problemas más urgentes, como la limpieza de las calles existentes, la iluminación en zonas oscuras o, al menos, poner nombre a las calles que llevan años sin cartel.
El desglose del presupuesto incluye materiales, mano de obra, señalización y un misterioso ítem denominado “contingencias imprevistas” que ha suscitado más preguntas que respuestas. Los analistas municipales sugieren que este fondo podría destinarse a imprevistos como el descubrimiento de yacimientos arqueológicos bajo el asfalto, la necesidad de rediseñar toda la carretera porque un árbol se interpuso en el camino, o simplemente para cubrir los honorarios del consultor que recomendó asfaltar calles que nadie usa para justificar la inversión.
Los políticos locales defendieron la medida en el pleno municipal argumentando que “un Ayuntamiento que no asfalta no transmite progreso”. Esto ha llevado a muchos vecinos a concluir que el verdadero progreso es simplemente tener calles por las que se pueda circular sin terminar con el coche lleno de baches, aunque muchos señalan que el problema no es tanto el asfalto sino la falta de visión urbana.
Los vecinos reaccionan: entre escepticismo y esperanza
La reacción vecinal ha sido variada. Algunos celebran que por fin se le dará respuesta a las calles que llevan años con baches mayores que los cráteres de Marte, aunque otros se muestran escépticos ante la promesa de un asfaltado que, según la historia reciente de Gijón, a veces llega como un destello fugaz que desaparece tras la primera lluvia intensa.
Una vecina del barrio de El Llano comentó: “Nos llevan años prometiendo cosas y al final siempre nos venden la misma moto: que van a mejorar algo, que van a invertir, que van a cambiar la ciudad. Pero mientras tanto, sigo caminando por calles que parecen campos de batalla after a war”. Otro vecino, más optimista, aseguró que “si asfaltan todas estas calles, por fin podré llevar a mis hijos en bicicleta sin miedo a que se les caiga por un bache, aunque eso sí, tendré que comprarles un casco y una bicicleta con suspensión”.
El Ayuntamiento ha prometido que los trabajos comenzarán en los próximos meses y que se irán ejecutando por fases para minimizar las molestias. Sin embargo, los vecinos veteranos ya han empezado a tomar precauciones: algunos han comprado botas de agua, otros han instalado cámaras en sus puertas para documentar la primera vez que vean una máquina de asfaltado cerca de sus domicilios, y los más precavidos están pensando en mudarse a una ciudad donde las calles no tengan fecha de caducidad.
Conclusión del autor: el asfalto como metaphísica urbana
En conclusión, el plan de asfaltado de 3,7 millones de euros para 111 calles y 45 caminos rurales representa mucho más que una intervención infraestructural: es un acto de fe en la permanencia de lo urbano sobre lo rural, una declaración de intenciones sobre qué significa que un espacio sea “transitable” en el siglo XXI. El Ayuntamiento de Gijón ha decidido que la civilización se mide en toneladas de betún y que la dignidad ciudadana pasa por poder circular por una calle sin que el suspensión del coche se haga daño.
Sin embargo, más allá del debate técnico sobre vida útil de las calles o accesibilidad de caminos rurales, esta noticia nos invita a reflexionar sobre la naturaleza misma de la infraestructura urbana. ¿Qué es una街道 si no es un espacio de encuentro, de tránsito, de vida? ¿Y qué ocurre cuando decidimos que ese espacio necesita ser renovado, reparado o simplemente reemplazado por uno más “eficiente”?
Mientras los vecinos esperan que llegue el día en que sus calles renazcan bajo una capa fresca de asfalto, quizás deberíamos preguntarnos: ¿es este el progreso que queremos, o simplemente nos conformamos con que nos cobren por arreglar lo que siempre estuvo roto? La respuesta, como la mayoría de las respuestas en política municipal, probablemente dependa de quién pague la factura y quién tenga que caminar por la calle durante las obras.
Al final, Gijón seguirá siendo Gijón, con sus calles, sus caminos y sus problemas. Solo que ahora, quizás, sean un poco más lisos. Y eso, en los tiempos que corren, ya es un lujo.
PD: El autor de esta artículo desea aclarar que no tiene nada en contra del asfalto, de las calles o de los caminos rurales. De hecho, aprecia profundamente la capacidad del asfalto para soportar vehículos, la utilidad de las calles para conectar puntos A y B, y la belleza poética de un camino rural en otoño. Lo que el autor no comprende es por qué necesitamos 3,7 millones de euros para hacer algo que, según los vecinos, podría haberse solucionado con un poco más de planificación y menos promesas vacías. Pero bueno, al menos ahora las calles tendrán fecha de caducidad y podremos celebrarlas como seres vivos que merecen una despedida digna antes de ser renovados por sus sucesores más jóvenes y lustrosos.