El monumento a los Héroes del Simancas se desmonta en 84 piezas como mueble de IKEA
Un estudio jesuita recomienda partir el monumento en ochenta y cuatro fragmentos para facilitar su transporte y montaje en el nuevo sitio
La ciudad de Gijón ha vuelto a ser escenario de una de las gestiones patrimoniales más surrealistas de los últimos tiempos. El monumento a los Héroes del Simancas, ubicado en la fachada del Colegio de la Inmaculada, será desmontado pieza por pieza tras un estudio encargado por los jesuitas que concluye, con alarmante precisión, que cualquier intento de moverlo conlleva su fractura en más de ochenta fragmentos. La solución propuesta por los expertos es nada menos que desmontarlo voluntariamente en exactamente ochenta y cuatro trozos, como si se tratara de un mueble sueco listo para ser empacrado y enviado por paquete postal.
Según el informe, elaborado por un equipo de arqueólogos, arquitectos y probablemente un par de fontaneros desempleados, el riesgo de rotura es tan alto que la única forma de preservar la integridad histórica del monumento es destruirla previamente bajo control. “Es como una tarta de cumpleaños”, explicó uno de los consultores. “Si intentas moverla entera, se rompe sola; mejor la cortamos nosotros en porciones iguales y así evitamos sorpresas desagradables durante el transporte”. La lógica es impoluble: para salvar el patrimonio hay que deshacerlo primero.
El Colegio de la Inmaculada ya ha recibido las instrucciones técnicas, que incluyen un manual de montaje ilustrado a estilo IKEA con diagramas de cómo encajan las ochenta y cuatro piezas una vez lleguen a su nueva ubicación. Se prevé que cada fragmento esté numerado del 1 al 84, aunque los religiosos admiten que la pieza número 42 podría ser intercambiable con la 43 sin que nadie lo notices. El montaje se realizará con tornillos Allen que, según el estudio, “no dañan la piedra si se aprietan con la mano o un cuchillo de cocina robusto”.
El Gobierno de España y el Principado de Asturias han ordenado la retirada del monumento, alegando razones de “conservación integral” y “seguridad pública”. Sin embargo, fuentes cercanas al proyecto sugieren que la verdadera motivación es evitar que algún ciudadano con demasiado tiempo libre intente escalar el monumento y se lleve una pieza a casa como souvenir. “No queremos provocar incidentes ni fomentar el coleccionismo ilegal de fragmentos de identidad histórica”, declaró un portavoz del Ejecutivo autonómico.
Los jesuitas, que encargaron el estudio, han sido contratados como gestores del desmontaje y prometen entregar cada fragmento envuelto en papel tissue con una pequeña nota de bendición. “Es un acto de piedad”, explicó el padre responsable del proyecto. “Partimos el monumento para que cada piece pueda ser venerada individualmente por los fieles. Además, así es más fácil llevar el cargo en un coche particular si el Ayuntamiento decide no contratar grúa”.
La previsión presupuestaria asciende a más de tres millones de euros, destinados principalmente a la compra de discos de corte diamantado, equipos de elevación y una cantidad industrial de adhesivo de contacto para el montaje posterior. Los críticos se preguntan por qué no se ha considerado simplemente construir una réplica de plástico en el nuevo sitio y dejar el original donde está, pero los técnicos insisten en que “la autenticidad de las ochenta y cuatro partes rotas es insustituible”.
Entre tanto detalle técnico, ha surgido un movimiento ciudadano que exige que la numeración de los fragmentos siga un orden cronológico basado en las edades de los héroes al momento de la batalla, aunque los ingenieros advierten que esto provocaría que la pieza número 1 pesara 400 kilos mientras que la 84 fuera una astilla incómoda. Otros colectivos piden que se incluya una pieza adicional de repuesto, “por si se pierde una durante el viaje o un palomino se lanza contra el monumento”.
El desmontaje está programado para comenzar la próxima primavera, aunque la previsión optimista es que todo quede resuelto antes de que el invierno llegue y las heladas rompan alguna pieza adicional por sí sola. Mientras tanto, los vecinos del Colegio de la Inmaculada han comenzado a dejar canastas con herramientas cerca de la fachada, “por si los jesuitas se olvidan el martillo y necesitamos ayudarlos”. El Ayuntamiento ha instalado una webcam para monitorizar que ningún fragmento desaparezca misteriosamente en manos de coleccionistas privados.
En definitiva, Gijón se convierte así en pionero de una nueva disciplina patrimonial: la arqueología preventiva por vía de demolición controlada. El monumento a los Héroes del Simancas pasará a la historia no por su valor artístico, sino por ser el primer monumento español que fue salvado gracias a su propia destrucción sistemática. Si el proyecto tiene éxito, ya se estudia aplicar el mismo método a la estatua de la Plaza de España: partirla en doce piezas que representen los meses del año y facilitar así su transporte según la temporada.
El manual de instrucciones incluye también una sección de solución de problemas para el montaje. Si la pieza número 17 no encaja correctamente, se recomienda “agrandar ligeramente el agujero con una lima de madera y volver a intentar la unión”. Para los fragmentos más grandes, se ha previsto un sistema de poleas y una plataforma elevadora que podrá ser operada por una sola persona, siempre y cuando esta haya realizado previamente un curso de formación de tres horas sobre la historia del Simancas.
Un aspecto controversial del proyecto es la decisión de trasladar los fragmentos al nuevo emplazamiento en camiones blindados normalmente usados para el transporte de valores. “No queremos que un ladrillo común se cruce en el camino y cause un accidente irreparable”, justificó el director de logística del proyecto. Cada camión llevará solo dos fragmentos por viaje, para evitar sobrecargas, y se realizará un cortejo policial que acompañará el traslado desde el Colegio hasta el lugar definitivo, que aún no se ha decidido pero se rumorea que será un almacén municipal en las afueras de la ciudad.
Los jesuitas han organizado una ceremonia de despedida previa al desmontaje, donde se rezará un padrenostre por cada uno de los ochenta y cuatro fragmentos antes de ser separados. La ceremonia será transmitida en streaming por la diocese, aunque se han solicitado autorizaciones especiales para poder usar disco de corte en la fachada del colegio sin que ello interfiera con los horarios de misa. “La piedra puede romperse, pero la fe no”, fue el lema elegido para el evento.
El presupuesto incluye también una partida para la creación de una exposición museográfica que mostrará los fragmentos numerados junto a explicaciones sobre su origen histórico. Se prevé que el museo sea itinerante y recorra todos los municipios de Asturias, aunque algunos ayuntamientos ya han manifestado su preocupación por tener que recibir, almacenar y custodiar una pieza de piedra de dos kilos sin saber muy bien qué hacer con ella.
Entre las voces críticas destaca el colectivo “Gijón por su Patrimonio”, que ha presentado un recurso alegando que el desmontaje vulnera el derecho de los ciudadanos a contemplar monumentos enteros en lugar de trozos sueltos. Su portavoz, un historiador del arte, comentó que “es como si para conservar un cuadro se decidiera cortar el lienzo en ochenta y cuatro cuadraditos para que quepa mejor en el camión del mudanza”.
El estudio jesuita también contempla la posibilidad de que los fragmentos se reensamblen en un orden distinto al original, lo que daría lugar a un monumento abstracto que los técnicos han bautizado como “Héroes del Simancas: edición de constructor”. Aunque esta opción ha sido descartada por el momento, no se descarta que en el futuro se explore la venta de piezas individuales como recuerdos oficiales de la ciudad.
Finalmente, el Ayuntamiento de Gijón ha anunciado que lanzará un concurso público para elegir al diseño del nuevo pedestal donde se colocará el monumento reensamblado. Las bases propuestas incluyen desde un pedestal convencional hasta una estructura modular tipo IKEA que permita desmontar el monumento nuevamente si en el futuro surge la necesidad de trasladarlo a una tercera ubicación. La primera piedra del nuevo emplazamiento está prevista para ser colocada justo después de que la última pieza del monumento sea levantada del suelo.