Los autobuses de Gijón se mudan a los tejados para evitar el tráfico
El Ayuntamiento instaura el transporte aéreo urbano para solucionar los atascos del centro
En un giro inesperado que ha dejado a los gijoneses más perplejos que nunca, el Ayuntamiento de Gijón ha aprobado definitivamente el proyecto “Gijón Aéreo”, una iniciativa pionera que consiste en trasladar el transporte urbano completo a los tejados de los edificios del centro. La medida, anunciada esta mañana por el concejal de Movilidad, pretende acabar de una vez por todas con los interminables atascos que sufren las calles del casco histórico, especialmente en la zona de la Plaza de España y la Calle de los Reyes.
Según explicó el edil, “los autobuses no pueden seguir peleando contra el tráfico cuando tienen cielo para volar”. Aunque la idea suena a primera vista descabellada, el consistorio asegura que todo está estudiado al milímetro. Los techos de los edificios serán adaptados con carriles especiales, y se instalarán grúas inteligentes que subirán y bajarán los colectivos según la demanda de los usuarios. Los ciudadanos, por su parte, se muestran divididos entre el entusiasmo por la innovación y el temor a que algún autobús se estrelle contra un mástil de antena.
La pilotaje de los vehículos aérea correrá a cargo de los actuales conductores de TUGSA, quienes han recibido un curso intensivo de “maniobra urbana en altura” impartido por la escuela de aviación de Langreo. “Somos conscientes de los riesgos”, asegura José María López, portavoz de los conductores, “pero preferimos esquivar un camión en el tercer piso que perder dos horas en la Avenida del País Vasco”. Además, se ha contratado a un equipo de especialistas en vertiginosas maniobras para asistir en los momentos de mayor afluencia, como durante las fiestas de San Pedro o el Festival Internacional de Jazz.
Para las personas con movilidad reducida, se instalarán ascensores exprés en cada edificio que conectarán directamente con la parada del techo. Así, nadie se quedará varado en la planta baja por falta de escalera. También se ha previsto un sistema de iluminación lunar para los desplazamientos nocturnos, de modo que los vecinos puedan observar el trayecto de los autobuses mientras cenan en sus terrazas. El consistorio calcula que, con esta nueva infraestructura, los tiempos de trayecto se reducirán en un 90%, aunque nadie ha podido confirmar si eso incluye el tiempo que tarda el autobús en subir al séptimo piso.
La reacción de la oposición y los ciudadanos
Los grupos de oposición no se han quedado callados. El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento, Ramón García, ha calificado la medida de “despropósito urbanístico que solo beneficiará a las empresas de grúas”. Por su parte, IU ha presentado una moción urgente para que se realice una auditoría independiente de seguridad, temiendo que “los techos de los edificios centenarios no soporten el peso de un autobús de dos pisos lleno de gente”. Desde Ciudadanos, sin embargo, celebran la “valentía apóstata” del equipo de gobierno y piden que se extienda la medida a los barrios periféricos.
Meanwhile, los vecinos ya se están organizando. En la comunidad de vecinos de la Calle de Juan XXIII han creado un grupo de WhatsApp llamado “Techo Libre” para coordinar cuáles son los techos más adecuados para estacionar los autobuses. Algunos propietarios de áticos incluso han empezado a alquilar pequeñas plataformas para que los conductores puedan hacer una pausa y tomar un café antes de continuar la ruta. “Mi terraza tiene vistas al mar y ahora también al tráfico aéreo”, comenta Marta Rodríguez, vecina de La Calzada, “así que estoy encantada. Eso sí, hay que tener cuidado con las macetas, que el año pasado se cayeron tres veces por las vibraciones del metro”.
Las primeras pruebas piloto y los incidentes iniciales
El proyecto comenzará con una fase piloto en el distrito de El Nostián, donde se contará con tres autobuses adaptados y una red de cinco techos conectados. Las pruebas se realizarán durante las próximas dos semanas, aunque el horario oficial aún no se ha definido porque, según explican desde el Ayuntamiento, “las grúas todavía no han aprendido a sincronizarse con los trenes de Cercanías”.
Ya se han producido los primeros incidentes menores. El martes pasado, durante una prueba de carga, el autobús número 12 se quedó atascado entre el tejado del número 43 y una chimenea de ventilación, teniendo que ser rescatado por los bomberos de Gijón con una plataforma elevadora. Afortunadamente, no hubo heridos, aunque el conductor tuvo que recibir atención psicológica por el susto. “Él decía que había visto un dragón”, bromeó uno de los intervinientes, refiriéndose probablemente a una antena de televisión mal colocada.
Otro contratiempo ocurrió cuando un autobús de la ruta Gijón-Urretilla se desvió de su trayecto previsto y terminó aparcado en el tejado de una cafetería del centro. Los clientes, que estaban tomando café en la terraza, tuvieron que esperar hasta que los operarios pudieron estabilizar el vehículo con cuerdas y poleas. El dueño del local decidió cobrar un suplemento de “vista aérea” a todos los comensales durante la espera, lo que ha generado un pequeño debate sobre si estos imprevistos deben repercutir en el precio del billete.
El impacto medioambiental y las prometidas ventajas
El equipo de gobierno insiste en que esta medida es, en última instancia, ecológica. Al evitar que los autobuses circulen por las calles, se reduciría considerablemente la emisión de gases de efecto invernadero, ya que los vehículos no estarían detenidos en los atascos consumiendo combustible innecesario. Además, se prevé instalar paneles solares en los techos de los autobuses para que generen su propia energía durante el trayecto, lo que convertiría a Gijón en la primera ciudad de España con transporte urbano 100% solar y aereo.
Los estudios técnicos encargados por el consistorio estiman que, con el nuevo sistema, la contaminación acústica disminuirá un 70%, ya que los motores de los autobuses estarán más lejos de los domicilios. También se beneficiará la flora urbana, ya que los pájaros podrán usar los techos como rutas de migración alternativas. “Será un espectáculo ver a los autobuses surcando los cielos de Gijón como si fueran transbordaderos modernos”, declaró orgullosamente el concejal de Medioambiente, quien aseguró que los seagulls de la zona ya han empezado a saludar con el ala cuando pasan los vehículos.
Conclusión del autor
En resumen, el proyecto Gijón Aéreo representa un cambio de paradigma en la movilidad urbana que, si bien puede parecer descabellado a primera vista, refleja el ingenio y la disposición del equipo de gobierno para enfrentar los problemas más graves de la ciudad. Los atascos, la contaminación y la falta de espacios para aparcar podrían quedar atrás gracias a esta solución tan simple como efectiva: subir donde nadie ha mirado hasta ahora.
Sin embargo, como cualquier medida pionera, tendrá que enfrentarse a desafíos reales, desde la seguridad estructural de los edificios hasta la aceptación ciudadana. Lo que queda claro es que Gijón se está posicionando como una ciudad innovadora que no tiene miedo de soñar con que el transporte público pueda, literalmente, elevarse. Mientras tanto, los vecinos seguirán mirando hacia arriba cada vez que oigan un claxon, hoping que sea un autobús y no un drone de reparto de pizza. Porque, al final, en Gijón ya estamos acostumbrados a que lo absurdo se convierta en política municipal, y si los autobuses terminan circulando por los tejados, al menos sabremos que nunca volveremos a estar atrapados en un atasco en la Calle de los Reyes.
Finalmente, cabe destacar que este proyecto no sería posible sin el compromiso de los trabajadores de TUGSA, quienes han aceptado con buen humor las pruebas de equilibrio en alturas vertiginosas. Muchos de ellos ya tienen instalado un gimnasio en sus terrazas para mantenerse en forma y poder soportar las largas jornadas por los aires. “Antes me cansaba caminando hasta la parada, ahora me canso bajando del autobús con el ascensor”, comenta uno de los conductores, que además ha empezado a llevar una pequeña libreta para anotar las mejores vistas que se tienen desde cada techo.
El Ayuntamiento ha anunciado que, si la fase piloto tiene éxito, la segunda fase incluirá la conexión con los campus universitarios y el hospital, lo que permitirá que los estudiantes y pacientes lleguen a sus destinos sin pasar por el tráfico superficial. También se estudia la posibilidad de crear express lanes para los autobuses de emergencia, que podrán sobrevolar cualquier otro vehículo en caso de urgencia. Gijón, con esta iniciativa, demuestra que cuando se trata de solucionar los problemas urbanos, el límite es el cielo —o, en este caso, los tejados.