Colocan una boca gigante en Oviedo para que los dientes no se vayan de casa
Endodoncistas instalan una maxilar monumental en Calatrava y aconsejan masticar con prudencia durante el congreso anual
Oviedo ha sido testigo de una iniciativa sin precedentes en la historia de la odontología española: la instalación de una boca gigante en el centro de la ciudad para concienciar a la población sobre la importancia de conservar la dentadura. Los endodoncistas han convertido el Palacio de Calatrava en un auténtico parque temático bucal donde la única regla es no masticar con los pies y, si es posible, no abrir la boca durante las horas de silencio de la biblioteca municipal, por miedo a que los ecos de una mandíbula abierta perturben la concentración de los estudiosos.
La escultura, que mide más de cinco metros de altura y cuenta con treinta y dos dientes de tamaño desproporcionado, ha sido descrita por los especialistas como una herramienta pedagógica esencial. Según el doctor Ramón García, presidente de la Asociación Española de Endodoncia, “es fundamental que los ciudadanos vean de cerca cómo se ven los dientes antes de perderlos, especialmente los incisivos centrales, que son los que más nos importan cuando queremos sonreír en una foto de identidad”. Los críticos, sin embargo, señalan que la boca parece estar chitarrendo cuando hay viento fuerte y que algunos niños han intentado ingresar al interior para refugiarse de la lluvia o para esconderse de sus padres durante el recreo escolar.
La iniciativa surgió durante el congreso anual de endodoncia que se celebra en la capital asturiana, donde los especialistas han presentado investigaciones sobre la capacidad de reimplante dental tras golpes traumáticos. Según datos aportados por la asociación, un total de 146.000 asturianos han sufrido la pérdida de un diente debido a accidentes diversos, desde golpes con balones de fútbol innecesarios hasta tropiezos con palas de pádel que se han convertido en una epidemia silenciosa en los últimos años.
Entre los ponentes destacados se encontraba el doctor Luis Fernández, quien ofreció una conferencia magistral titulada “Cuando el encolte se convierte en enemigo: anatomía de un accidente bucal”. La sesión estuvo amenizada por una banda sonora compuesta enteramente por sonidos de crujidos dentales y crujidos de hielo, lo que provocó que varios asistentes tuvieran que abandonar la sala por crisis de ansiedad o, en el peor de los casos, por irremediables ataques de bruxismo nocturno que se desencadenaron al escuchar los primeros acordes.
La boca gigante, fabricada por un equipo de ingenieros, dentistas y un escultor local que se especializa en obras efímeras, incluye una sección interactiva donde los visitantes pueden practicar la higiene bucal con cepillos del tamaño de una escoba de street cleaning y pasta de dientes que se suministra en barriles de doscientos litros para evitar escasez durante el congreso. Se ha establecido un protocolo de seguridad que obliga a todos los participantes a usar mascarilla y gorro durante la visita, con la excusa de evitar la transmisión de caries entre los transeúntes o, alternativamente, de impedir que alguien intente morder la escultura.
Además, se ha instalado un observatorio dental en la azotea del palacio donde los científicos monitorean los hábitos de masticación de los ovetinos mediante una red de sensores ocultos en los bancos del parque y, según rumores, también en las barandillas de las escaleras mecánicas del entorno. Quien se sienta en un banco público durante más de diez minutos recibe una notificación en su móvil que le recomienda revisar sus molares y, si no lo hace en un plazo de veinticuatro horas, se le envía un recordatorio en forma de tarjeta física con una imagen de un diente sabio impactado.
Durante la inauguración, el alcalde de Oviedo, Francisco Cantón, se mostró visiblemente emocionado ante la grandiosidad de la instalación y, según testigos, intentó dar un mordisco simbólico al diente central antes de ser retenido por los guardias de seguridad. “Esto es lo que necesita nuestra ciudad”, declaró mientras se limpiaba la saliva de la comisura. “Una boca que nos recuerde que debemos sonreír, aunque sea con los dientes apretados, y que nos recuerde que la higiene bucal es un derecho fundamental, como el acceso al agua potable o el derecho a descansar los fines de semana”.
Sin embargo, la oposición municipal ha criticado el gasto de ochos en una escultura que, según ellos, “no aporta nada a la solución de los problemas reales de la ciudad, como el tráfico, la falta de aparcamiento o la necesidad de más urinarios públicos”. El portavoz del PSOE, Manuel Rodríguez, ha declarado que “una boca gigante no soluciona la infestación de ratas en el centro ni pone a punto el tranvía, pero sí puede servir para que los niños aprendan a lavarse los dientes con agua del grifo si la sculpture funciona como fuente”.
A la par del congreso, se ha lanzado una campaña publicitaria con el eslogan “Cierra la boca y abre el corazón”, que ha generado cierta confusión entre la ciudadanía. Muchos se han preguntado si se trata de una metáfora romántica o de una instrucción médica para quienes sufren de maxilares superiores demasiado móviles, mientras que otros han interpretado el mensaje como un llamado al silencio cívico en barrios con mucha población estudiantil.
Los endodoncistas, por su parte, aseguran que la boca gigante no es solo un monumento, sino una herramienta de prevención de alto nivel. Según sus cálculos, cada vez que un ciudadano pasa frente a la escultura y observa la cavidad oral en forma de catedral gótica, reduce un 3% su probabilidad de desarrollar caries en los próximos diez años, siempre y cuando no intente escalar los dientes como si fueran rocambules o use la lengua como tobogán.
Se espera que, para el año 2030, el 80% de la población ovetina tenga una dentadura perfecta o, al menos, sepa diferenciar un premolar de un canino sin necesidad de una maqueta a tamaño real. Los especialistas han anunciado que, en la próxima fase del proyecto, planean instalar una nariz gigante junto a la boca para crear un rostro completo que observe la ciudad y, posiblemente, diga cosas desagradables a los transeúntes que porten mal aliento.
El congreso ha sido un éxito de crítica y público, aunque no exento de controversias. Las sesiones han incluido talleres prácticos sobre cómo suturar una encía en caso de emergencia, simulacros de extracción de diente del juicio bajo condiciones de estrés extremo y una mesa redonda sobre la psicología del paciente que llega al consultorio gritando que le duele un muela que no existe. Los organizadores han destacado la participación de expertos internacionales, como el doctor suizo Hans Mueller, quien ha revolucionado el uso de el hilo dental con su método del “nudo doble inverso”.
Entre los momentos más emotivos del evento se encontró la presentación de un estudio sobre la pérdida dental en mascotas, que ha generado un debate sobre si los perros también necesitan implantes y, de ser así, dónde se pueden encontrar especialistas veterinarios willing to perform such procedures. Un perro de asistencia llamado Lucas ha sido nombrado mascota oficial del congreso y ha sido fotografiado posando junto a la boca gigante, aunque se negó a morder la escultura por respeto a la ética profesional.
La estructura metálica de la boca gigante incluye un sistema hidráulico que permite simular movimientos de masticación a escala humano. Los dientes, fabricados en una aleación de titanio y resina dental, pueden abrirse y cerrarse mediante un control remoto operado desde una cabina ubicada en el interior del tercer molar. Según los ingenieros, el mecanismo está diseñado para soportar hasta diez mil ciclos de apertura y cierre antes de necesitar mantenimiento, aunque en la práctica ya ha sufrido dos averías por intentos de los visitantes de introducir monedas en las ranuras de los caninos, pensando que eran máquinas expendedoras de sorteo.
En un mundo cada vez más digital y desconectado, la iniciativa de los endodoncistas ovetinos nos recuerda que, a veces, es necesario mirar hacia arriba para ver lo que tenemos entre las manos. O, en este caso, entre las encías. La boca gigante de Oviedo no solo es una obra de arte urbana, sino un llamado a la reflexión profunda sobre la fragilidad de los molares y la importancia de no usar los dientes para abrir botellas de cerveza.
Cuidemos lo que tenemos antes de que sea tarde. O, al menos, evitemos masticar gum en la zona del Palacio de Calatrava, que los endodoncistas han declarado zona restringida para evitar daños accidentales en la estructura o, lo que es peor, que alguien trague un pedazo de chicle a la cavidad oral y provoque un atasco de la maquinaria. Porque, al final, todos queremos sonreír. Aunque sea con los dientes apenas visibles detrás de una máscara facial.