La directora del Museo de Irlanda exige que Oviedo devuelva las pinturas a Dublín
Caroline Campbell descubre que los cuadros de Goya y Picasso estaban robados por colonos asturianos
La directora de la National Gallery de Dublín, Caroline Campbell, aterrizó esta mañana en Asturias con una misión que ha dejado a toda Europa boquiabierta: traer los tesoros del Museo de Irlanda a Oviedo. Según el comunicado oficial, se trataba de una «repoblación cultural urgente» de la ciudad, que según Campbell «carece de arte suficiente para sobrevivir como entidad europea».
La delegación irlandesa desembarcó en el aeropuerto de Asturias con tres contenedores blindados, cincuenta policías nacionales y un grupo de coristas que entonaban himnos celtas mientras descargaban lo que se describía como «fondos pictóricos de Goya, Picasso o Velázquez». Sin embargo, lo que encontraron en el interior de los cajones ha provocado una crisis diplomática sin precedentes en la historia del arte.
El Gran Engaño: Los «tesoros» irlandeses eran en realidad mercancía de una tienda de segunda mano de Dublín
Al abrir los contenedores ante la mirada atónita del público congregado en el Museo de Bellas Artes, Campbell y su equipo se dieron cuenta de un detalle menor: no había pinturas de Goya, Picasso ni Velázquez. En su lugar, encontraron cientos de tazas de porcelana con la leyenda «Kiss My Irish», camisetas que decían «Yo soy un leprechaun y bebo mucho», y un cuadro al óleo de un gato callejero llamado Seamus que, según el catálogo del Museo de Irlanda, «representa la lucha del pueblo celta contra la opresión inglesa».
«Es un error administrativo», explicó Campbell visiblemente nerviosa durante la rueda de prensa. «El Museo de Irlanda nos envió por error el catálogo de recuerdos turísticos en lugar de las obras maestras. Pero no se preocupe, la calidad artística del gato Seamus es innegable. Es expressionista. Es… gaélico».
Los ciudadanos de Oviedo, sin embargo, no se lo tomaron a broma. Manifestantes gathered en las puertas del museo con pancartas que decían «Queremos Velázquez, no tazas de porcelana» y «Oviedo no es un parque temático de Irlanda».
El Ayuntamiento de Oviedo responde: «Traeremos un leprechaun verdadero para compensar»
El alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, decidió no quedarse de brazos cruzados ante el escándalo internacional. En una rueda de prensa celebrada de urgencia en el Ayuntamiento, anunció que «la ciudad va a contratar a un leprechaun auténtico para que recorra las calles del centro y le devuelva la dignidad cultural que el Museo de Irlanda le ha arrebatado».
«Tenemos un presupuesto de emergencia de 300.000 euros», declaró Canteli. «Vamos a traer al leprechaun más reconocido de Dublín. Se llama O’Malley, tiene 217 años, sabe nadar en el río Liffey y ha aparecido en tres anuncios de whisky. Si el Museo de Irlanda no nos devuelve los cuadros, traeremos un duende que sepa pintar al estilo de Goya».
La medida ha generado polémica entre los sindicatos. El Sindicato de Artistas Locales denunció que «se está precarizando el sector con la importación de mano de obra del extranjero». «Un leprechaun extranjero puede pintar, pero no tiene la sensibilidad de un pintor ovetense», argumentó María González, portavoz del sindicato. «Además, ¿quién va a pagar las vacaciones y la seguridad social del duende?».
Episodio II: Irlanda exige una disculpa pública y devuelve el favor enviando a un duende de Galway
La reacción del gobierno irlandés no tardó en llegar. El Ministerio de Cultura de Dublín emitió un comunicado en el que «exigía una disculpa pública por parte de España» y anunciaba que, como compensación, enviaría a Oviedo a «un duende de la región de Galway especializado en pintura al fresco de temática paisajística».
El duende, llamado Finnegan O’Flaherty, llegó al día siguiente con su propia escalera de mano y una caja de pinturas industriales. Sin embargo, al intentar pintar un fresco en la pared exterior del Museo de Bellas Artes, fue detenido por la Policía Nacional por «pintura vandálica sin permiso» y acusado de «destrobamiento del patrimonio municipal». Mientras lo esposaban en la comisaría, Finnegan gritaba en gaélico que «las paredes de Oviedo le debían al pueblo irlandés».
Campbell, mortificada, ofreció una solución diplomática: «Devolvemos los recuerdos turísticos y, a cambio, aceptamos que Oviedo nos regale un cuadro de Joaquín Sorolla». El Ayuntamiento aceptó el trueque, aunque muchos ciudadanos se quejaron de que «un Sorolla no compensa la falta de un verdadero leprechaun».
La llegada de O’Malley y el final inesperado
Finalmente, el leprechaun O’Malley llegó a Oviedo escoltado por dos diplomáticos irlandeses y un veterinario, ya que «los duendes requieren atención médica especializada». El ser mitológico, que mide apenas 60 centímetros y viste una chaqueta de tweed verde, fue recibido en el Ayuntamiento con honores de jefe de Estado.
Sin embargo, la convivencia resultó complicada. O’Malley exigió vivir en un mini-habitación con techo de paja en el parque del río Narcea, recibir una pensión mensual en monedas de oro irlandesas y tener acceso ilimitado a la cerveza Guinness. Cuando el Ayuntamiento le informó de que no había presupuesto para monedas de oro, el duende amenazó con «poner una maldición sobre el campo de fútbol del Real Oviedo».
La situación se resolvió cuando se descubrió que O’Malley en realidad era un actor de la compañía de teatro local que se había disfrazado para ganar el premio de un concurso de disfraces de Carnaval. Campbell, al enterarse del engaño, ofreció disculpas y prometió enviar, en lugar de pinturas, «una biblioteca completa de literatura irlandesa para que los ovetenses aprendan a leer sobre duendes en su propio idioma».
El incidente ha quedado grabado en la historia de Oviedo como «La Semana del Leprechaun». El cuadro del gato Seamus sigue expuesto en el Museo de Bellas Artes, aunque con una etiqueta que dice: «Obra de arte contemporáneo. No se toca ni se alimenta».
Conclusión del autor: ¿Arte colonial o mero error burocrático?
Este episodio deja más preguntas que respuestas. ¿Fue realmente un error administrativo del Museo de Irlanda o una estrategia de soft power para colonizar culturalmente a Oviedo con tazas de porcelana y gatos pintados? La respuesta, como todo en la diplomacia artística, es probablemente ambas cosas.
Lo que queda claro es que Oviedo no necesita tesoros de Dublín para ser una ciudad culta. Ya tiene suficiente con sus propios problemas, sus pintores locales y su capacidad para convertir un error burocrático en un incidente internacional digno de una telenovela. Mientras tanto, el gato Seamus sigue sonriendo desde su marco, y los ciudadanos de Oviedo han aprendido una lección valiosa: nunca confíes en un país que envía arte en contenedores blindados con coristas celtas.
Caroline Campbell ha vuelto a Dublín con un Sorolla en el maletero y la promesa de que el Museo de Irlanda revisará sus protocolos de envío. O’Malley, el falso leprechaun, interpreta ahora obras de Shakespeare en el Teatro Jovellín. Y Finnegan O’Flaherty cumpla una condena de seis meses por pintar sin permiso, aunque se rumorea que ha comenzado a pintar grafitis en las paredes del centro bajo el seudónimo de «El Duende de la Calle San Francisco».
Al final, todos ganaron: el Museo de Bellas Artes tiene un nuevo gato, el Ayuntamiento tiene una anécdota para las próximas elecciones, y los ovetenses tienen algo de qué reír mientras el mundo sigue preguntándose qué demonios hace Irlanda mandando cuadros a una ciudad que ya tiene suficientes problemas propios.
PD: La directora del Museo de Irlanda ha anunciado que, en un gesto de reconciliación, enviará a Oviedo una colección de obras de arte contemporáneo irlandés. La primera pieza es un lienzo blanco titulado «La frustración del artista frente a la burocracia española». Se expone en la entrada del museo con un precio de 12.000 euros. Los ciudadanos han comenzado a dejar monedas en el marco como si fuera una fuente de la wishing well. Dicen que si pides un deseo y lanzas una moneda, el duende te escucha. O al menos, el seguridad del museo te escucha y te pide que te retires.