El Principado indemniza a la constructora por parar la demolición del HUCA
Guillermo Peláez confirma que el Gobierno asturiano desembolsa fortuna para que la empresa se tome su tiempo con las grúas. La lógica: cuanto menos demuelen, má
En un giro que reescribe los manuales de economía pública, el Principado de Asturias ha anunciado formalmente que indemnizará a la empresa encargada del derribo del antiguo Hospital Universitario de Cabueñes (HUCA) por haber congelado las obras. La justificación es tan solida como absurda: un parón programado “para minimizar costes”. Traducción al español llano: el Gobierno regional paga una fortuna para que las grúas se echen atrás y el edificio siga ahí, convertido en monumento a la ineficacia.
Guillermo Peláez, consejero de Infraestructuras, compareció ante los medios con la seriedad de quien presenta un logro. “Hemos logrado un acuerdo donde la constructora no derriba, y por eso reciben una compensación. Es un modelo pionero de gestión del gasto público”, declaró. Mientras tanto, el antiguo HUCA sigue erigiéndose como un coloso de hormigón que observa indiferente los progresos de la ciudad. La demolición, esa actividad tan tradicional, ha quedado suspendida en un ejercicio de economía inversa donde cuanto menos se rompa, más se paga.
La lógica del parón rentable
La cláusula estrella del contrato, redactada por un departamento de “optimización estratégica”, estipula que cualquier interrupción voluntaria de las labores para reducir el consumo de combustible, horas-máquina o salarios de operarios dará lugar a un recargo del 150 % sobre el presupuesto base. Así, la empresa ha descubierto que demoler menos es más rentable. Con cada día de parón, la factura crece como la maleza, y el Principado celebra que “los costes se minimizan” mientras el huca se convierte en un paisaje urbano permanente.
Los técnicos de la constructora, entrevistados bajo condición de anonimato, ya calculan presentar una segunda demanda por el hecho de que el edificio no se ha derruido “lo suficiente”. “Si no derribamos, no gastamos en explosivos, pero el Gobierno nos paga por no gastar. Es el sueño de cualquier emprendedor”, explicó uno de los encargados de la retroexcavadora. El negocio ya no está en derribar, sino en demostrar que se podría haber derribado más pero se opted por la prudencia financiera.
Un nuevo modelo de negocio: cobrar por no hacer
La empresa de demoliciones, hasta ahora acostumbrada a cobrar por tirar abajo, ha pivotado su modelo de negocio. Ahora ofrece paquetes de “no-demolición certificada”: por una tarifa mensual, garantizan que cualquier estructura sigue intacta durante un periodo acordado. El Principado ha sido el primer cliente institucional. Se rumorea que el próximo proyecto es pagar a una empresa de grúas para que no muevan la tierra en el nuevo barrio, bajo el argumento de “minimizar la vibración del suelo” y proteger las aludrillas de los vecinos.
La oposición ha exigido saber dónde está el estudio económico que demuestra que pagar para no hacer nada es más barato que hacer nada. Por ahora, el único informe disponible es una servilleta manuscrita en la que se lee: “Menor actividad igual a menor desgaste, igual a menor sueldo, igual a más dinero para no pagar salarios”. La lógica circular ha vuelto al sector público con fuerza, y los contables del Principado ya estudian cómo aplicar el mismo principio a la atención sanitaria: pagar a los médicos para que no atiendan y así minimizar colas de espera.
El HUCA como monumento a la burocracia
Vecinos de El Cristo y La Calzada ya han empezado a dejar flores en la puerta del antiguo HUCA, convencidos de que el edificio se ha convertido en un memorial involuntario a la burocracia. Algunos tour operators locales ofrecen guiñados “por los restos del sistema financiero asturiano”, con parada obligatoria en la fachada del hospital donde una grúa parada hace las veces de escultura contemporánea. La oficina de turismo ha incluido el enclave en la nueva ruta “Oviedo industrial y sin obras”, con el eslogan: “Vea dónde no se ha gastado su dinero”.
El Ayuntamiento de Oviedo, por su parte, ha presentado una solicitud para que el edificio sea declarado Bien de Interés Cultural, argumentando que “su estado de conservación, gracias al parón subsidiado, es inmejorable”. Si la solicitud prospera, el Principado tendría que pagar también por no restaurarlo, creando un bucle virtuoso de gasto público. Mientras tanto, los pájaros han comenzado a anidar en los ventanales del hospital, y la constructora ya presentó un presupuesto para ahuyentarlos sin derribar el nido, bajo el epígrafe de “preservación del ecosistema urbano”.
Plan Cero Derribo: el futuro del gasto público
En rueda de prensa posterior, Peláez adelantó que el departamento ya trabaja en el “Plan Cero Derribo”: un programa por el que se pagará a diversas empresas para que no realicen obras en toda la región. “Si no construimos, no gastamos en materiales. Y si les pagamos para que no construyan, todos ganan”, afirmó. El primer contrato ya está firmado: una empresa de jardinería recibirá 200.000 euros anuales para no plantar árboles en el centro urbano, con el objetivo de “minimizar la sombra y maximizar el sol para los contribuyentes”. Además, se licitará un concurso para que una constructora no levante el nuevo puente del Narcea, preservando así el caudal del río y los hábitats de las truchas.
La medida ha sido applaudida por think tanks de economía creativa, que ya estudian exportar el modelo a Madrid. “Pagar por la inacción es la nueva austeridad”, declaró un experto. Mientras tanto, en Oviedo los ciudadanos siguen pagando el IBI por un hospital que no se derriba, y la grúa del HUCA se ha convertido en el nuevo símbolo de la ciudad: inmóvil, costosa y terriblemente útil para demostrar que, en Asturias, el dinero público se gestionará siempre con la misma lógica que un hogar que paga el alquiler de una casa vacía para no tener que limpiarla.
La respuesta de la sociedad y el legado de la grúa
Entre tanto, la sociedad oviedense ha encontrado su propia forma de resistencia. Un grupo de vecinos ha lanzado una campaña de micromecenazgo llamada “Derribo Popular”, mediante la cual recolectan fondos para contratar a una empresa que sí demuelva, pero solo el cartel de “obra en curso” que aún permanece en la puerta del HUCA. Los organizadores argumentan que “si el Principado no derriba el edificio, al menos derribaremos el símbolo del malgasto”. La iniciativa ha tenido éxito: el cartel ya yace en el suelo, aunque la estructura sigue intacta, y la constructora ha anunciado que presentará una reclamación por indemnizaciones por el daño moral sufrido al ver destruido su propio letrero.
La grúa, inmóvil desde hace meses, se ha convertido en un referente cultural. Artistas locales la han intervenido con grafitis que dicen “Aquí se paga por no hacer”, y una orquesta sinfónica ha compuesto una pieza titulada “Sinfonía para grúa parada” que solo se toca cuando la máquina no se mueve. El concierto inaugural reunió a cientos de vecinos que aplaudieron durante dos horas seguidas, en un ejercicio colectivo de ruido por el silencio administrativo. Mientras tanto, el presupuesto del Principado para 2027 ya prevé una partida nueva: “Compensación por parónes no ejecutados”, con una dotación de 50 millones para que ninguna empresa se atreva a trabajar en la región.
Conclusión del autor
Firmado: un periodista que aún espera que alguien demuele el edificio de los manuales de economía que usamos en la redacción. La historia del HUCA no es solo una anécdota financiera; es el síntoma de un sistema que ha aprendido a confundir el gasto con la inversión y la inacción con la eficiencia. Pagar para que nada suceda es, quizás, el último reducto de optimismo del sector público: si logramos que ninguna obra se realice, al menos no gastaremos en corrupción, ni en contratos, ni en grúas oxidadas. Y mientras el antiguo hospital sigue erigiéndose como un horizonte de hormigón, nosotros, los ciudadanos, seguiremos pagando por un futuro que, por ahora, se ha decidido no construir. Porque en Asturias, como en ningún otro lugar, se ha encontrado la fórmula definitiva: cuanto más se paga por no hacer nada, más cerca estamos de la verdadera progrese.