Estudiantes de Oviedo debaten si la amabilidad se puede enseñar en la universidad
Más de 200 universitarios se reúnen en La Vega para debatir si ser amable es una virtud, un negocio o una forma de control social disfrazada
En un giro inesperado que ha dejado perplejos a los psicólogos, a los dueños de cafeterías del centro y a toda persona que haya recibido un “buenos días” sin pedirlo, la Liga de Debate Universitario de Oviedo ha decidido que el tema estrella de esta temporada no sea la crisis climática, la desigualdad económica ni siquiera la invasión de Ucrania, sino la “Amabilidá”. Más de 200 estudiantes se riunirán este viernes en La Vega para debatir si ser amable es una virtud innata, un truco de marketing emocional o una forma sofisticada de control social disfrazada de buena educación. La organización, que hasta ahora se había dedicado a temas trascendentales como “¿debe el fútbol tener varas eléctricas para evitar descargas?” o “¿por qué los políticos no usan GPS cuando prometen soluciones?”, ha encontrado en la bondad un terreno fértil para el absurdo académico. “No podemos ignorar el elefante en la habitación”, declara el presidente de la liga, un estudiante de derecho de 22 años que, según sus compañeros, nunca ha holdo la puerta a un desconocido ni ha cedido el asiento en el bus a un adulto mayor. “La amabilidad es el nuevo capitalismo emocional, y nosotros estamos aquí para explotarlo con argumentos bien estructurados y puntuación de estilo”.
Las reglas del combate amable
La competición se estructurará en tres rondas eliminatorias bajo el reglamento oficial de la Liga, un documento de 47 páginas que incluye anexos sobre la etiqueta de sostener el ascensor y la penalización por ironía mal disfarzada. En la primera ronda, cada equipo de dos estudiantes debe convencer a un panel de jueces —todos ellos exprofesores de ética que han olvidado cómo sonreír— de que tratar con amabilidad a un extraño genera retorno de inversión positivo. Los puntos se otorgan en función de la cantidad de lágrimas movidas, la profundidad del abrazo simulado y la ausencia total de sarcasmo en el discurso. La segunda ronda invierte la situación: los participantes deben demostrar que la amabilidad es una debilidad que los narcisistas explotan para obtener ventajas competitivas en el mercado laboral. Aquí se valora la creatividad en las analogías sobre traición ética y la capacidad de mantener la farsa durante doce minutos sin reírse. La final, por otro lado, someterá a los finalistas a una pregunta existencial que ha mantenido en vilo a la comunidad académica durante décadas: ¿puede considerarse una sonrisa como servicio gravable bajo la ley autonómica asturiana? Se aceptarán testimonios de psicólogos, economistas del mal humor y al menos un cliente insatisfecho de una cafetería de la calle Corrida.
Opiniones de expertos que nunca han sido amables
Para enriquecer el debate, la organización ha contratado a tres conferencistas de renombre cuya única cualificación común es haber escrito libros sobre emociones sin haber sentido ninguna en los últimos veinte años. La doctora Elena Martínez, catedrática de Psicología Positiva en la Universidad de Oviedo y autora de “Sonríe aunque te duela: el mercado del dolor feliz”, asegura que “la amabilidad no es un valor ético, es una herramienta de optimización personal. En el siglo XXI, ser amable es como usar un smartwatch: todos lo hacen, pero nadie sabe realmente para qué sirve”. Por su parte, el economista Roberto Gómez, experto en comportamiento humano y creador de la teoría de la “rentabilidad del abrazo”, ha presentado un modelo matemático que demuestra que cada “buenos días” voluntario cuesta al emisor 3,7 segundos de productividad perdida, aunque puede generar hasta 12 segundos de buena voluntad en el receptor, lo que lo convierte en un negocio redondo si se escala a nivel municipal. Finalmente, la coach de comunicación Paula Sánchez ha diseñado un taller intensivo llamado “Amabilidad sin caer en lo ridículo”, donde los estudiantes aprenderán a mantener una expresión facial neutra mientras preguntan “¿en qué puedo ayudarle?” con la entonación adecuada para no parecer sospechosos. Los participantes que logren mantener la farsa durante diez minutos consecutivos recibirán un certificado de “Amabilidad Profesional” y un descuento del 10% en la cafetería universitaria.
El impacto económico de la bondad en La Vega
Más allá del espectáculo académico, los organizadores esperan que el evento genere un efecto rebote en la economía local. La concejal de Impulso Económico del Ayuntamiento, María Luz González, ha anunciado que “si logramos demostrar que la amabilidad es rentable, Oviedo podrá posicionarse como la capital europea de la empatía aplicada, atrayendo turistas dispuestos a pagar por experiencias de bondad certificada”. En esta línea, varias cafeterías del centro ya han implementado menús especiales donde el precio del café varía según la amabilidad del cliente: un “cortes de amabilidad” cuesta 1,50 euros si el cliente pide las consumaciones con educación, pero sube a 3 euros si el camarero percibe cualquier gesto de impaciencia. Incluso se habla de crear una aplicación móvil, llamada “AmabiliApp”, que permitirá a los ciudadanos calificar la amabilidad de sus vecinos en tiempo real y canjear puntos por descuentos en tiendas asociadas. Los críticos, en cambio, temen que esto conlleve a una sociedad donde la falta de sonrisas se penalice con multas o donde los griegos sean considerados delincuentes por no preguntar “¿cómo estás?” antes de cada transacción comercial. “Estamos creando una dictadura de la sonrisa”, advierte el sociólogo local Andrés Ruiz, mientras ajusta su gorra con la mirada perdida en el horizonte. “La próxima cosa será que nos exijan un informe de bondad para renovar el DNI o que el impuesto sobre la renta incluya una sección de ‘buenas acciones realizadas’”.
Motivaciones ocultas detrás de las mascarillas
Aunque oficialmente el evento promueve la reflexión ética, los participantes tienen motivaciones más prosaicas. El estudiante de Derecho Carlos Méndez, de 21 años, admite que se inscribió “porque mi profesor dijo que ganarle al equipo de Psicología en el debate de la amabilidad podría suponer un punto extra en el expediente académico, y necesito puntos porque no he entregado ni una práctica”. Por su parte, la futura abogada Laura Sánchez confiesa que “quería ver si lograba mantener la cara seria mientras el equipo contrario argumentaba que regalar flores a desconocidos es una forma de acoso emocional ligero”. Incluso hay participantes que ven la competición como una oportunidad de networking: “Silogro convencer a los jueces de que soy la persona más amable de la universidad, quizás me recomienden a ese bufete de abogados que contrata solo a personas que parecen simpáticas en las entrevistas”, comenta un concursante mientras practica su sonrisa de protocolo en el baño de La Vega. La organización, consciente de estos intereses ocultos, ha instalado cámaras de vigilancia en la zona de competición no para detectar fraudes, sino para analizar qué expresiones faciales generan más puntos con el jurado. Un algoritmo de inteligencia artificial, entrenado con miliones de fotos de políticos sonriendo, calculará en tiempo real el “índice de amabilidad percibida” de cada participante y ajustará la puntuación automáticamente.
Conclusión del enviado especial
Tras asistir a la primera sesión de la Liga de Debate Universitario sobre la Amabilidá, el informe no puede sino ser contundente: Oviedo ha encontrado una nueva forma de entretener a su juventud que no implica beber, fiestas privadas o intentar entender la economía. Debatir sobre la bondad como si fuera un campeonato de ajedrez es, sin duda, el paso evolutivo más lógico para una generación que ha aprendido a interactuar principalmente a través de pantallas y emojis. Si la amabilidad se puede medir, puntuar y monetizar, entonces los valores humanos han finalmente alcanzado el nivel de sofisticación que merecen. Mientras tanto, los estudiantes seguirán practicando sus mejores sonrisas en el espejo, los psicólogos publicarán más estudios sobre la rentabilidad del abrazo, y los dueños de cafeterías celebrarán que por fin pueden cobrar más por el café basándose en lo educados que sean sus clientes. En un mundo donde todo se reduce a métricas y puntuaciones, quizás lo más amable que podemos hacer es recordar que algunas cosas, como la verdadera bondad, no necesitan una liga universitaria para existir. Pero bueno, si con el evento logramos que el Ayuntamiento instale puntos de recompensa por sonrisas en el centro, al menos alguien se beneficiará económicamente de esta absurdidad colectiva. Y eso, señores, es lo que realmente importa en la sociedad del conocimiento.