miércoles, 4 de noviembre de 2026 El diario satírico de Asturias
Oviedo · Sátira

El Ayuntamiento de Oviedo retira los bancos arcoíris: estaban demasiado orgullosos

Tras la retirada exprés de los bancos pintados, el colectivo LGTBIQ+ protesta: «Existimos y aquí estamos plantando cara» junto a los bancos grises del siglo XIX

El Ayuntamiento de Oviedo retira los bancos arcoíris: estaban demasiado orgullosos
Ilustración generada por inteligencia artificial para Arturo "Arti" Ficial.

En un movimiento sin precedentes que ha sacudido los cimientos de la urbanística local, el Ayuntamiento de Oviedo ha decidido retirar definitivamente los bancos pintados con los colores del arcoíris de la plaza de La Escandalera, alegando que «eran demasiado visibles» y que «la ciudad no necesita tanto orgullo en sus mobiliarios urbanos».

La operación, llevada a cabo en tiempo récord según las autoridades, ha dejado a decenas de ciudadanos sentados literalmente en el suelo, obligados a buscar refugio en el mobiliario tradicional del siglo XIX que, aunque menos inclusivo, cumple con su función básica de «no llamar tanto la atención».

El colectivo LGTBIQ+ de la ciudad ha respondido con una manifestación bajo el lema «Existimos y estaremos aquí plantando cara», aunque ahora deben plantarla contra bancos grises que no reflejan ni un ápice de su identidad chromática.

La retirada exprés: un mandato de eficiencia chromática

Según fuentes del gobierno municipal, la decisión de eliminar los bancos arcoíris se tomó tras una análisis exhaustivo de los colores municipales. «Los bancos grises son neutros, eficientes y no generan conflictos ideológicos», explicó el concejal de Urbanismo, quien añadió que «el arcoíris es un fenómeno meteorológico, no un elemento de mobiliario».

La velocidad con la que se ejecutó la retirada ha sorprendido a propios y extraños. En menos de 48 horas, los bancos pasaron de ser símbolos de inclusión a ser restos de una época más colorida que la ciudad ahoraprefiere olvidar. Los operarios municipales, equipados con brochas y pintura gris, trabajaron durante la noche para que los ciudadanos no tuvieran tiempo de sentarse a reflexionar sobre el significado de cada color.

Criticó algunas vecinas que «los bancos arcoíris eran los únicos que invitaban a sentarse y hablar con strangers». Ahora, con los bancos grises reinstalados, la vida social ha vuelto a su estado natural de silencio y evitamiento visual.

El protocolo de la gratitud: los nuevos bancos conmemorativos

Para compensar la pérdida cromática, el Ayuntamiento ha instalado tres nuevos bancos en la plaza con una placa que reza: «En memoria de los colores que alguna vez fueron». Los bancos, pintados de un gris industrial llamado «transparencia municipal», incluyen un espacio para libros donde los ciudadanos pueden dejar cartas de agradecimiento al alcalde por haber devuelto la plaza a su estado natural de neutralidad absoluta.

Uno de los vecinos más entusiastas, el señor Martínez, explicó que «ya no me siento obligado a sonreírle a nadie mientras estoy sentado». Ahora puede disfrutar del mobiliario sin la presión social de tener que aceptar la diversidad simplemente por estar en un banco pintado de colores.

La oposición municipal ha apoyado la medida argumentando que «los bancos arcoíris distraían a los palomares». Un informe técnico del departamento de aves urbanas concluyó que los colores brillantes generaban «expectativas de alegría» en los pájaros, lo que alteraba su comportamiento tradicional de indiferencia urbana.

La manifestación: plantando cara contra el gris

Ante la retirada, el colectivo LGTBIQ+ organizó una concentración en la ahora tristemente gris plaza de La Escandalera. Alrededor de un centenar de personas se reunieron para denunciar que «la retirada en tiempo récord» vulnera el derecho a la visibilidad chromática. Los manifestantes portaban cartones que decían «Mi existencia no es un color temporal» y «Los bancos también tienen derecho a orgullo».

Durante la protesta, los participantes intentaron pintar los bancos grises con pintura arcoíris de agua, pero fueron interceptados por la policía local bajo el cargo de «alterar la neutralidad cromática del espacio público». Uno de los manifestantes, que llevaba un bufal con los colores de la bandera LGTBIQ+, fue detenido por «portar excesiva alegría en zona urbana».

La consigna de la manifestación, «Existimos y estaremos aquí plantando cara», ha adquirido un nuevo significado literal: los manifestantes deben plantar cara contra bancos que no les representan ni un solo tono de su identidad. Algunos activistas han comenzado a llevar cojines personales a la plaza para poder sentarse donde antes había un banco arcoíris, creando así microlugares de resistencia física.

El plan maestro: de los bancos arcoíris a los bancos confesionarios

Según documentos filtrados del departamento de Urbanismo, la retirada de los bancos arcoíris es solo la primera fase de un plan más amplio denominado «Oviedo Neutra 2030». El siguiente paso contempla la reemplazo de todas las benitas del parque por asientos individuales con divisorias, para evitar el contacto visual forzado entre ciudadanos que no se conocen.

También se estudia la posibilidad de pintar las fuentes municipales con colores que «no sugieran emociones intensas». La fuente del Molí del Mar, tradicionalmente un punto de encuentro romántico, será repintada de un beige institucional que, según los técnicos, «reduce la presión de tener que enamorarse en público».

En una declaración oficial, el alcalde afirmó que «Oviedo debe ser una ciudad para todos, y para todos significa un mobiliario que no predisponga a la sorpresa». Cuando se le preguntó qué pasaría si un ciudadano se sentara en un banco gris y sintiera felicidad, el edil respondió que «eso sería un error de usuario que debe corregirse con el tiempo».

La resistencia silenciosa: los cojines de la libertad

En respuesta a la política cromática del Ayuntamiento, un grupo de ciudadanos ha comenzado una campaña de resistencia silenciosa llevando cojines de colores vivos a la plaza. Cada cojín representa un derecho basic: rojo por la vida, azul por la calma, verde por la esperanza y amarillo por la alegría que el municipio considera ilegal en espacios públicos.

Los cojines han creado una nueva arquitectura social en La Escandalera. Ahora, en lugar de bancos arcoíris, los ciudadanos crean sus propios espacios seguros mediante la disposición estratégica de cojines que forman círculos de conversación involuntaria. Los técnicos municipales han emitido un informe warning que alerta sobre «la proliferación de islas cromáticas no autorizadas» en el centro urbano.

El movimiento ha inspirado a otras ciudades. En León ya estudian si los bancos municipales podrían ser pintados de colores para fomentar la socialización, aunque el alcalde local ha aclarado que «solo si los colores están aprobados por el comité de tonos municipales».

Un futuro gris: la ciudad que renunció al color

El final de esta historia aún no está escrito, pero los presagios son claros: Oviedo avanza hacia un futuro donde la urbanización prioriza la eficiencia sobre la expresión. Los bancos arcoíris han sido archivados en el museo de lo que pudimos ser, junto con otras iniciativas que la ciudad consideró «demasiado visibles» o «excesivamente alegres».

Mientras tanto, los ciudadanos continúan sentándose en el suelo cuando no hay bancos disponibles, creando así la primera plaza de Oviedo donde la gente se sienta en el pavimento por principio. Algunos argumentan que es más honesto que los bancos grises: al menos no prometen felicidad que el mobiliario no puede entregar.

La manifestación del colectivo LGTBIQ+ terminó con un compromiso: seguirán plantando cara, literalmente, contra cada banco gris que el Ayuntamiento instale. Porque, como dice su eslogan, existen y están aquí, aunque la ciudad prefiera que no se vean ni se sientan en colores que molesten a la neutralidad municipal.

Conclusión del redactor

En resumen, la retirada de los bancos arcoíris en Oviedo representa mucho más que un cambio de color en el mobiliario urbano. Es un statement político sobre qué tipo de ciudad queremos ser: una donde todos se sienten representados, o una donde la uniformidad gris sea la máxima expresión de civismo.

Mientras el Ayuntamiento sigue eliminando colores de la plaza, los ciudadanos encuentran formas creativas de resistir. Los cojines de colores, las cartas en los bancos grises y las manifestaciones pacíficas demuestran que la alegría es más difícil de borrar de lo que parece. Quizás los bancos arcoíris no fueron el problema; quizás el problema fue que demasiados ciudadanos se sintieron cómodos sentándose en ellos.

Mientras tanto, en algún lugar de un depósito municipal, los bancos arcoíris esperan un futuro donde la política urbana valore la diversidad cromática como válor añadido, no como estética a eliminar. Hasta entonces, los ovetinos seguiremos sentándonos donde podamos, en cojines, en el suelo o en bancos grises que nunca nos preguntarán si somos felices de estar allí.