El Principado paga por no derribar el HUCA: obra paralizada y factura a la vista
Asturias financia una demolición suspendida para minimizar costes mientras la constructora cobra por esperar.
En un giro digno de las mejores comedias de gobierno, el Principado de Asturias ha confirmado que deberá indemnizar a la empresa encargada del derribo del antiguo Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) por un parón programado cuyo único propósito era “minimizar costes”. Así, los contribuyentes asturianos pasan de financiar una demolición a financiar que no se demoliera, todo en nombre de la eficiencia presupuestaria. La noticia ha dejado a los ovetenses con una sensación agridulce: por un lado, el hospital sigue en pie y se evita el caos de un derribo mal ejecutado; por el otro, la factura recae en el bolsillo del ciudadano para cobrar una inacción que, en cualquier empresa privada, supondría el despido inmediato y la demanda por incumplimiento.
La estrategia del vaciamiento activo
La consejería de Hacienda, liderada por Guillermo Peláez, ha explicado que la paralización de las obras no es un descuido administrativo, sino una maniobra financiera sofisticada diseñada para optimizar los recursos públicos. “No estamos parando la obra, estamos pausando el gasto”, afirmó una fuente del gobierno que prefiere el anonimato por miedo a que le cobren el patio del local donde se reúne o, peor aún, que le asusten con una factura de los operarios inactivos. La idea es sencilla y, a primera vista, brillante: si no se derriba el edificio, no se gastan los millones previstos en la demolición, ni en el cierre de calles, ni en el relocalización de servicios sanitarios.
El problema es que la empresa contratista, al ver que la obra no avanza ni un centímetro, ha presentado una factura por los gastos de gestión, almacenamiento de maquinaria pesada en un solar que cobra alquiler por mes, y, sobre todo, por el tiempo que sus operarios pasan observando un edificio que se niega a caer. Según los contratos, el simple hecho de que la empresa tenga que guardar sus grúas en paradero desconocido durante ocho meses ya genera un overcost que, obviamente, alguien tiene que pagar. La constructora argumenta que ha mantenido su personal listo para actuar en cualquier momento, aunque ese momento se postponed indefinidamente por orden de la consejería.
Factura al aire libre
La compensación solicitada por la constructora incluye partidas tan insólitas como el alquiler de grúas inactivas, el seguro de vida de los operarios “en caso de que el edificio se caiga solo y les golpee”, y una línea de servicios de consultoría para estudiar la resistencia estructural de un edificio que ya no se va a derribar. Fuentes de la constructora aseguran que han invertido en formación continua para sus trabajadores en tareas de observación arquitectónica avanzada, una disciplina que requiere, según ellos, al menos seis meses de práctica contemplando fachadas sin hacer nada.
El Principado, por su parte, argumenta que esta indemnización es una inversión en el futuro: si en diez años alguien quiere derribar el HUCA, ya tendrán los papeles necesarios para demandar por el retraso y, de paso, justificar un presupuesto extra para la segunda tentativa. De esta manera, el gobierno regional convierte una demolición en un activo financiero que genera ingresos por inacción. La consejería ha creado incluso un departamento especial de “gestión de obras paralizadas” cuya única función es calcular cuánto se ahorra por no derribar edificios que, en teoría, deberían haber sido demolidos hace años.
El anteproyecto de ley de obras fantasma
En paralelo a este caso, el gobierno regional ha anunciado la próxima aprobación de una Ley de Obras Paradas que permitirá a cualquier empresa cobrar por proyectos que nunca se inicien. “De esta manera, podemos alcanzar el déficit cero sin construir nada”, explicó Peláez en rueda de prensa, visiblemente emocionado por la posibilidad de financiar auditorías de proyectos inexistentes. La norma prevé incentivos fiscales para aquellas constructoras que presenten planos de derribos que luego suspendan indefinidamente, creando así un mercado de demoliciones virtuales que, aunque no resuelva el problema del espacio urbano ni la falta de camas hospitalarias, sí garantiza flujo de caja para las consultoras, los gestores de riesgos y las empresas de seguros de edificios que no van a caer.
Los críticos advierten que este modelo podría extenderse a otros sectores: imagine pagar a una empresa de construcción por no construir un hospital, o a una aerolínea por no volar, todo en nombre de la eficiencia y la minimización de costes operativos. Incluso se habla de una futura ley de servicios paralizados que permitiría pagar a médicos por no atender pacientes o a profesores por no dar clases, todo con tal de optimizar el gasto público sin ofrecer servicio alguno. El objetivo final, según fuentes de Hacienda, es alcanzar el estado de bienestar cero: un escenario en el que todo funcione perfectamente porque nada se ha construido.
En conclusión, los asturianos pueden estar tranquilos: su dinero se está gastando con la máxima eficiencia en no hacer nada. El HUCA sigue erguido como un monumento al optimismo fiscal, un edificio que resiste no solo el paso del tiempo, sino también la lógica financiera del gobierno regional. La empresa de demoliciones tiene finalmente un proyecto del que puede sentirse orgullosa: haber conseguido que el Principado pague por su ociosidad, transformando la parálisis en un modelo de negocio rentable. Si algún día se decide tirar el edificio, ya tendrán el expediente listo para cobrar los intereses de la espera y, de paso, solicitar una subvención por haber mantenido la estructura en pie durante una década. Mientras tanto, los vecinos pueden disfrutar de ver cómo su dinero se guarda en forma de muros de hormigón que nunca se derriban y facturas que nunca se justifican. La democracia, en su máxima expresión, se financia así, y el HUCA se convierte en el primer edificio de Asturias que permanece en pie gracias a una cantidad impresionante de dinero público.
Además, el Principado ha creado un fondo de emergencia denominado “Fondo HUCA” para hacer frente a cualquier imprevisto derivado de la no demolición del edificio. Este fondo, dotado con 15 millones de euros de presupuestos municipales, servirá a pagar los impuestos de un inmueble que no se va a derribar, así como a financiar una guardería nocturna para evitar que el hospital colapse por sí solo por aburrimiento. Los técnicos de la constructora han recomendado instalar un sistema de alarmas que suene cada vez que el edificio demuestre signos de fatigue estructural, aunque hasta ahora la única señal detectada ha sido la subida ocasional de las facturas de electricidad de las grúas inactivas.
El portavoz del governo, muy satisfecho con el acuerdo, declaró a los medios que “este es un hito histórico en la gestión pública: nunca antes se había pagado tan poco por no hacer algo tan importante”. La oposición, por su parte, ha presentado una iniciativa popular para que el HUCA sea declarado monumento protegido de la ineficacia administrativa, de modo que nadie se atreva a derribarlo sin antes pagar una indemnización por bloqueo del progreso. Mientras tanto, los enfermos que antes atendían en el HUCA ahora se desplazan al nuevo hospital, y la vieja estructura sigue erguida como un testigo silencioso de que, en Asturias, el dinero público puede comprar hasta el lujo de no hacer nada.
En un movimiento sin precedentes, la constructora ha contratado a un elenco de actores extras para simular demoliciones simuladas en las afueras del HUCA, con el fin de justificar el cobro de seguros por riesgos laborales y presentar pruebas ante los tribunales de que el edificio es “peligrosamente estable”. Estas simulaciones, filmadas en horario de oficina, incluyen grúas que giran en vacío, escombros de cartón y obreros que simulan gritar “¡apártate!” a una pared de hormigón que no se mueve. La consejería ha valorado positivamente esta iniciativa como “un ejemplo de colaboración público-privada para generar escenarios de riesgo donde no los hay”.
Finalmente, se ha anunciado que el próximo Consejo de Gobierno celebrará una sesión extraordinaria exclusivamente dedicada a celebrar el aniversario de la paralización de las obras. En dicha reunión se entregarán reconocimientos a los empleados que han logrado mantener el edificio en pie durante todo este tiempo sin recurrir a la demolición, y se proyectará un video institucional titulado “El muro que venció al tiempo”, que relata cómo un hospital se convirtió en patrimonio financiero gracias al arte de no hacer nada. El HUCA, en resumen, ha dejado de ser un centro sanitario para convertirse en el símbolo máximo de una economía asturiana basada en la inversión por inacción, donde lo más valioso no es lo que se construye, sino lo que se logra conservar sin gastar un solo ladrillo.